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Actualizado a las 15:25(GMT+8), 11/07/2003
Opinión  

El SARS es más que una simple enfermedad

El SARS podría golpear de nuevo, no en forma de una epidemia, sino como un peligro de naturaleza inesperada.

El SARS no debería desvanecerse en nuestra memoria únicamente como una enfermedad, o un estado de pánico, o como una alteración de nuestras prósperas vidas. Para muchos, será recordado como una maldición por descuidar el orden y la disciplina, por la mala administración de recursos y riqueza y por nuestra falta de respeto a la naturaleza y a nuestras creencias.

Con la pobreza y las dificultades presentes hace tan sólo una década y la prosperidad y la riqueza a tiro, es comprensible que muchos ahora trabajen duro para reunir la mayor fortuna posible. Parece como si la nación estuviera en una carrera.

Muchos corren en busca de la riqueza y el respeto, en busca del poder y el orgullo, pero la riqueza no suscita respeto cuando es gastada irracionalmente ni el poder engendra orgullo si no beneficia a otros.

La gente compra casas. ?Pero disfrutan de un aire más fresco, de unos alrededores más verdes, de unos servicios más cómodos y fiables, de un acceso más fácil a las redes sociales, de comunidades más afables y de un nivel de vida mejor en vez de una mera expansión espacial?

La gente compra coches. ?Pero se libran ellos de los atascos, de las discusiones a la hora de aparcar, de los enfados provocados por las largas inspecciones y registros, de las preocupaciones por los robos y el seguro, y en general, disfrutan de una mejor vida o simplemente se mueven sobre cuatro ruedas?

Las casas y los coches, los nuevos símbolos de la buena vida, son simplemente mejoras materiales de los deseos de nuestros padres y abuelos. Es extraño y triste a la vez pero siempre han sido este tipo de cosas, los duros objetos materiales y tangibles que han sido usados para definir cada fase de la modernización.

Hoy en día, necesitamos cosas "espirituales" que sirvan como guías del desarrollo global.

Una de ellas debe ser, como mínimo, un sistema planificado científicamente, mantenido conscientemente y mejorado con constancia, aplicado ya sea al alojamiento, tráfico o a otros negocios relevantes.

Los administradores, sea cual sea el negocio o nivel en el que trabajan, deberían tener esto en cuenta. Porque son ellos, y no los ciudadanos de a pie, quienes serán responsables de la bancarrota o fracaso de sus respectivas áreas. Como en el caso del SARS.

El SARS ahora ha sido condenado correctamente como un veneno nacido de un sistema de gestión y prevención inefectivo, de un sistema de sanidad defectuoso, de un flujo de información atascado y de unos hábitos higiénicos y dietéticos personales inadecuados.

Por la misma razón, el SARS fue contenido y derrotado con rapidez, gracias a un equipo de mando eficaz y centralizado, a una entrada intensiva de recursos y energía, una publicidad auténtica e instantánea, un gran sentido de responsabilidad y de dedicación sin reservas.

La historia nos cuenta que no es que no haya un sistema sino que el sistema no está activado completamente; no es que no podamos hacerlo sino que no lo hicimos.

A nosotros, los chinos, nunca nos ha faltado la "espiritualidad". Existe un gran número de credos y doctrinas sobre cómo debe vivirse la vida. Los primeros y más autóctonos se encuentran en "Los Analectos" confucioanos. Y también existe un grupo de pautas y políticas sobre cómo la nación debería crecer y prosperar. Las últimas se enuncian en los documentos del XVI Congreso del Partido y en la Asamblea Popular Nacional de este año.

Los credos o doctrinas, las pautas o políticas, sólo pueden tener efecto cuando están localizados y confirmados con consecuencia, porque China es un país enorme, y las diferencias entre las diferentes áreas también son enormes.

Por ejemplo, el desarrollo sostenible está aceptado universalmente, pero según el área tendrá unas prioridades y unas prohibiciones diferentes. Para que funcione, se requiere una visión amplia y con miras al futuro, ingenio tanto convencional como inspirador, y una determinación tanto de los niveles más altos como de los más bajos.

Y las cosas "espirituales" pueden ser artículos importados. El mundo desarrollado sufrió mucho más durante la industrialización. Llevó siglos sincronizar al hombre y la máquina, integrar al hombre a la humanidad y armonizar la humanidad con la madre naturaleza. Costó dinero y vidas encontrar un remedio para una sociedad arrogante, lo que debe servirnos bien de referencia.

11/07/2003






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