El periódico estadounidense Christian Science Monitor publicó hace poco un artículo sobre la posición social de las mujeres chinas, señalando que éstas tienen ahora más capacidad de hacer fortuna, más oportunidades de tomar decisiones por sí solas y notoriamente más elevado su status. El artículo comienza por una ceremonia nupcial celebrada en un hotel, en la cual tanto los padres del novio como los de la novia hicieron uso de la palabra en la tribuna. El artículo se da cuenta de un detalle, que es el status notablemente más elevada de la familia de la novia, cosa inimaginable veinte años atrás. “Las familias chinas han experimentado rápidos y radicales cambios”. Martin White, de la Universidad Harvard, dice que “en la mayoría de los países del mundo semejantes cambios requieren por lo menos varias generaciones de tiempo, pero en China sólo unos cuantos años”.
La elevación de la posición social de las mujeres chinas notada por un extranjero es resultado de una observación con mente fría y de un juicio acertado. Para conseguir estos cambios en China se emplearon no unos cuantos años. Desde más de 50 años China ha venido subrayando la igualdad entre hombres y mujeres. Las mujeres chinas se han emancipado gradualmente de las “tres obediencias y cuatro virtudes”, de la mala costumbre de vendar los pies y de los sufrimientos de novias niñas, y se han realizado grandes esfuerzos por la igualdad entre hombres y mujeres en el acceso a estudios superiores, en la contratación de obreros y en la promoción a la categoría de cuadro, y en el pago igual por trabajo igual, lo cual ha asegurado en medida considerable los derechos e intereses de las mujeres. Sin embargo, vista la situación en su conjunto, todavía falta una completa igualdad entre hombres y mujeres en algunas localidades y en algunos aspectos.
La economía de mercado ha abierto una nueva perspectiva para el pueblo chino y ha proporcionado una amplia escena de acción a las mujeres chinas. Frente a la economía de mercado se vive de las aptitudes y se cobra según los aportes, sin distinción de hombres o mujeres. Lo que cuenta son las aptitudes y los conocimientos que se tienen, las contribuciones que se aportan y la rentabilidad que se obtiene. En estos terrenos las mujeres no son inferiores a los hombres. Hoy día vivimos la época de conocimientos y nos regimos por el sistema de economía de mercado. Van creciendo los casos de mujeres de “cuello blanco” y hombres de “cuello azul” en el sector comercial, de mujeres de nivel superior y hombres de nivel inferior en los medios políticos, y de amas de asuntos exteriores y amos de casa. Se ha elevado en forma correspondiente la conciencia de las mujeres en la participación en los asuntos estatales y la deliberación sobre ellos, en la libertad de matrimonio y en la disposición de las propiedades. Está acabando la época de que “una mujer casada debe seguir a su marido pase lo que pase”, las mujeres chinas están disfrutando de lo beneficioso que es la igualdad entre hombres y mujeres y sienten el orgullo de ser “la mitad del cielo”.
Si la implantación de la economía de mercado en China es lo que fomenta la elevación de la posición social de las mujeres, ¿por qué en los países desarrollados occidentales que practican la economía de mercado más temprano y tienen una economía más desarrollada que China, se lucha constantemente por los “derechos de las mujeres”? En esos países subsisten los fenómenos de discriminar a las mujeres y maltratarlas y ocurren de vez en cuando desigualdades entre hombres y mujeres en materia de empleo y remuneraciones. Así se ve que la economía de mercado no da preferencia a las mujeres, sino que facilita a los hombres y mujeres normas de competencia relativamente equitativas así como oportunidades y escenas de acción comunes. La economía de mercado de China es diferente que la de Occidente. Lo que practica China es una economía de mercado socialista. El sistema socialista y la moralidad socialista constituyen la superioridad política china. Ofrecen una fuerte garantía política a los derechos e intereses de las mujeres. Particularmente ahora que en China se considera a la persona como lo primordial se da mayor importancia a las mujeres. En este sentido resulta inevitable la permanente elevación del status de las mujeres chinas que viven bajo el socialismo. Esta elevación es, por supuesto, relativa. El artículo de un extranjero nos elogia y no nos censura, pero nosotros sabemos lo que nos falta. El status de las mujeres está estrechamente vinculado con el status del Estado y el poderío integral de nuestra nación, así como con el nivel de la civilización en lo material, político y espiritual de nuestro país. En la realidad de los hechos, China, que practica la economía de mercado y construye el socialismo con sus propias peculiaridades, aún tiene un largo camino que recorrer para sentar una buena base destinada a elevar la posición social de las mujeres.
13/01/2005