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Como periodista residente en Nepal, Sudeshna Sarkar estaba emocionada cuando el servicio ferroviario de más altitud del mundo –desde Beijing a Lhasa– se inauguró hace dos años. “Me gustaría haber podido formar parte del primer viaje histórico, pero no pude ir”, dijo cuando fue entrevistada el lunes.
Sin embargo, tres años más tarde estaba “entusiasmada” cuando recibió una invitación del gobierno chino para visitar Lhasa, la capital de la región autónoma china del Tíbet. “Era como un sueño hecho realidad”, declaró la periodista. “El Tíbet es un destino de ensueño para los indios. Cada año, miles de peregrinos indios se enfrentan al mal de altura y al frío lacerante para llevar a cabo el parikarma de la sagrada montaña de Kailash en el Tíbet.
El monte Kailash es llamado Gang Ripoche por los tibetanos, y considerado por los budistas, hindúes y jainistas como uno de los destinos más sagrados. La montaña es venerada por los indios, que acuden en cientos cada año para adorarlo.
Viajando con un grupo de siete periodistas de Nepal y la India, Sarkar afirmó sentirse maravillada por la belleza escénica del Tíbet, y también por la infraestructura una vez llegados a Lasha. “Las calles eran anchas y limpias”, dijo. “Las torres de pisos son extraordinarias”.
Los lugares famosos de Lhasa –el Palacio de Potala, Norbulingka, el templo de Jokhang y el Museo del Tíbet– eran tesoros ocultos. “El Potala tiene un sitio especial en los corazones indios”, afirmó Sarkar, añadiendo que la estatua de Guru Padmasambhava –el maestro indio que introdujo el budismo tántrico en el Tíbet– es un recordatorio atemporal de los profundos lazos religiosos entre la India y el Tíbet.
Ahora que el país está a punto de celebrar el LX aniversario de la creación de la República Popular de China en octubre, Sarkar sugirió colocar más señales en inglés para que los turistas que acudan en tropel en esos días puedan aprovecharse. “El idioma todavía sigue siendo una barrera”, dijo. “La mayoría de los carteles están en tibetano y chino, y los turistas extranjeros no entienden nada. Además, el hecho de que no mucha gente hable inglés allí dificulta la comunicación”.
Sarkar citó como ejemplo cuando fue al salón de belleza de su hotel y pidió que le cortaran el pelo. Desgraciadamente, tuvo que irse sin el corte ya que nadie entendía lo que quería.
“También ayudaría a los turistas indios que los restaurantes tuvieran menús en inglés o personal que entendiera el idioma”, añadió Sarkar. “Muchos indios –e incluso algunos occidentales– son vegetarianos. Puesto que la cocina tibetana tiene muchos platos con carne, un menú en inglés ayudaría a los vegetarianos a no equivocarse de plato” (Pueblo en Línea)
09/09/2009
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