Actualizado a las 2010:01:04.09:24

Lluvias dejan nuevas víctimas en Rio de Janeiro


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La fiesta para recibir el Año Nuevo en la conocida playa de Copacabana fue tan hermosa como se esperaba, pero la madrugada que la siguió fue trágica para centenares de familias de Rio de Janeiro afectadas por las intensas lluvias.

Con los 41 muertos, hasta ahora, de Angra y la Isla Grande, el estado de Rio de Janeiro tiene que lamentar la pérdida de 63 de sus conciudadanos, contando a las víctimas de Rio de Janeiro y la Baixada Fluminense.

Como ocurre todos los años, los turistas se sorprendieron con el hecho de que, en una ciudad conocida internacionalmente por su violencia, se reunieran dos millones de personas en un lugar y no ocurrieran incidentes graves ni peleas ni heridos.

Los festejos en Rio se iniciaron mucho antes del horario oficial, con la gente que a menudo pasó la noche anterior en la playa, para asegurarse un lugar, y se prolongaron hasta el final de la madrugada o, para muchos, hasta que el sol empezó a calentar.

La misma lluvia que había castigado a la ciudad en los días anteriores se interrumpió, permitiendo que incluso la luna se asomase a mirar la multitud eufórica que cantaba, bailaba e improvisaba baterías de percusión con todo tipo de objetos.

A medianoche la explosión de las 16 toneladas de fuegos artificiales, preparados por el mismo técnico que lo hace en Disneyworld, sirvió de espléndido telón de fondo para los millones de abrazos y besos que recibieron a 2010.

Extraños confraternizaron, gente que nunca se había visto se abrazó, los muchachos aprovecharon para besar calurosamente a las "gatitas" que estaban cerca y un clima de cariño colectivo se extendió bajo los dibujos en colores que el ingenio humano diseñaba en el cielo.

Claro, siempre ocurre alguna falla. Este año se había cuidado de que las torres de sonido estuviesen perfectamente sincronizadas, para que la música fuese oída al mismo tiempo en toda la extensión de la playa.

No ocurrió así. En los extremos, sobre todo cerca del fuerte de Copacabana, el sonido ora desaparecía, ora volvía con un atraso de algunos segundos con relación al de las torres cercanas.

Pero en su conjunto la fiesta popular y los espectáculos musicales que la animaron hasta la alta madrugada estuvieron a la altura de lo esperado, incluyendo un número ligeramente inferior al de 2009 de ebrios en exceso que debieron recibir cuidados médicos.

Sin embargo, a medida que los participantes en la fiesta iban llegando a sus casas, encontraban en la televisión las imágenes terribles de dos deslizamientos de tierra ocurridos durante la madrugada en Angra dos Reis y en la Isla Grande.

La visión de la mezcla de árboles, troncos rotos, tierra removida, escombros de casas y lodo por todas partes trajo a todos la memoria de las lluvias que habían afectado a Rio de Janeiro en los dos días anteriores al "réveillon".

Las ciudades de la Baixada Fluminense, una extensa llanura que rodea la región metropolitana de Rio, sufrieron inundaciones, derrumbamientos y deslizamientos de tierra que, en total, habían matado a 22 personas.

En la Isla Grande, un verdadero paraíso tropical donde la naturaleza es trabajosamente conservada, una fea cicatriz de tierra rojiza rasgaba el verde de la selva en un doloroso contraste, rodeando el área afectada.

Una posada con más de 60 huéspedes y por lo menos seis casas vecinas resultaron destruidas, total o parcialmente. Casi milagrosamente, la mayoría de los visitantes de otras ciudades y países consiguieron salvarse.

Pero hasta la tarde de este sábado ya se contaban 26 muertos, según la información del secretario provincial de Defensa Civil, Sergio Cortes, y los 200 integrantes de la fuerza de rescate (bomberos y voluntarios) seguían buscando víctimas.

En el centro de la ciudad de Angra dos Reis, el otro deslizamiento ocurrió en el Morro da Carioca, una de las tantas "favelas" enclavadas en medio de las serranías de la ciudad, fundada un día de Reyes, al final del siglo XVI.

Más de 30 casas modestas fueron afectadas y siete de ellas totalmente destruidas al ser cubiertas por el alud de barro, rocas y vegetación que se abatió sobre ellas.

Más de 300 voluntarios ayudan a los hombres del Cuerpo de Bomberos que siguen trabajando en el lugar, del cual ya se retiraron los cadáveres de 15 víctimas y al menos tres decenas de heridos.

La continuación del trabajo de búsqueda se impone, porque aún hay un número indeterminado de desaparecidos que tanto pueden estar bajo los escombros, como en alguno de los hospitales o, incluso, refugiados en la casa de amigos o parientes. (Xinhua)
04/01/2010

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