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Estoy en China: Raul Requena

Actualizado a las 31/07/2012 - 10:43
Vine, vi, y vivo. Estoy en China, y quiero compartir con todos lo que he visto y he experimentado en este país remoto——Si también te encuentras en China, por favor envíanos tus historias.
Palabras clave:Estoy en China
Foto tomada en el Templo Yonghegong

¿Cómo era tu opinión de China antes de conocerla?

Siempre había tenido una imagen bastante idílica de China: un paraíso de pagodas, murallas milenarias, teterías en cada esquina, castillos de fuegos artificiales, dragones y leones desfilando por las calles. También me imaginaba un país en plena efervescencia industrial y económica, un país acelerado. Al poco tiempo de estar aquí descubrí que las películas que me llegaban sobre antiguas dinastías imperiales poco tienen que ver con la China actual, pero sí acerté en el ritmo frenético de sus ciudades.

¿En qué año viniste a China y por qué?

En septiembre de 2007, la Fundación ICO (institución adscrita al Ministerio de Economía español) me otorgó una beca para estudiar en la Universidad de Estudios Extranjeros de Beijing. Los cursos eran principalmente de lengua, aunque también tuve la oportunidad de aprender caligrafía, e incluso alguna danza de las minorías étnicas chinas. Afortunadamente, me prorrogaron la beca.

¿En qué ciudad resides?

En la capital del Imperio del Gran Dragón: Beijing.

¿Cuál es tu primera impresión de China?

Con sinceridad, debo reconocer que la primera impresión no fue del todo positiva: una ciudad llena de coches, una nube entre marrón y gris cubriendo permanentemente el azul del cielo y una legión de taxistas pirata acosándome en el aeropuerto. Faltaban unos meses para la celebración de los JJOO y Beijing estaba en obras desde la Ciudad Prohibida hasta casi el quinto anillo.

¿A qué te has dedicado en China durante estos años?

Fundamentalmente, al estudio del idioma. Mi intención es convertirme en un buen intérprete y traductor de los servicios públicos en España. La inmigración china representa un alto porcentaje del total de ciudadanos extranjeros residiendo en las grandes ciudades españolas; sin embargo, tienen serias dificultades a la hora de acceder y comunicarse con las instituciones públicas, ya sea para asistir a consultas programadas del embarazo o para entender qué normas se han de cumplir para abrir un pequeño comercio. Tal vez no es el momento adecuado para apostar por un trabajo social en organismos públicos, pero no desisto.


Foto tomada en Guilin, Provincia Guangxi


¿En algún momento te sientes solo, triste o indignado desde que vives en China?

En efecto, los ataques nostálgicos se hacen más continuos a medida que pasa el tiempo. No me siento especialmente solo en China, pero admito que en lo que se refiere a temas burocráticos me he sentido poco apoyado por las autoridades. También he vivido situaciones que me indignan y me he sentido frustrado a la hora de quejarme. Recuerdo que las obras en mi Universidad no me dejaron dormir durante un curso entero y cada día me volvía más irascible y antipático con los que me rodeaban. No tenía nadie a quien acudir ni que defendiera mi descanso. Otra fuente de desgaste es el continuo regateo al que nos vemos sometidos los extranjeros, pues parece que nuestros rasgos físicos nos convierten en ricos automáticamente.

¿Alguna historia interesante o graciosa para compartir sobre la diferencia cultural o lingüística?

Una de las primeras palabras que aprendí en china fue “la” (picante), o mejor dicho, “bu la” (no picante). Y la segunda, “xiangcai” (cilantro). Ambos característicos de la gastronomía china, aunque no demasiado del gusto de mi paladar. No quiero ni recordar lo que pedí de comer los primeros días en China… y es que muchos restaurantes aún no tenían fotos en sus menús. A veces acertaba y otras dejaba el plato intacto sobre la mesa.

Un hecho que me sorprendió muchísimo al principio es que muchos chinos piden fotografiarse contigo en los monumentos, normalmente turistas del interior con menos población extranjera. Supongo que es como sentirse un modelo o actor famoso.

¿Qué te gusta más de China o qué ventaja crees que tiene vivir en China?

Vivir en China me ha ayudado mucho a ampliar mis horizontes mentales, mis ideas y concepciones más inmutables, a acabar con prejuicios infundados y, especialmente, a no considerar ‘normal’ lo que yo traía puesto de casa. He aprendido que ‘lo normal’ es muy relativo.

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