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Ascensión y caída de las estrellas de Brasil

Los romanos ya sabían desde hace muchos siglos que "la gloria es pasajera (Gloria transit mundi). La expresión latina es perfecta para describir el drama de la selección brasileña, que abandonó hoy el escenario del Mundial.

Derrotada por Francia en el partido por los cuartos de final el sábado, la salida de la verdeamarilla fue triste, casi en secreto, con varios ídolos dejando el Hotel Arabela Sheraton de Fráncfort, por la puerta de los hondos, buscando no llamar atención.

En muchos casos, se vieron obligados a enfrentar hinchas decepcionados con el final del sueño de lograr el "hexa", que parecía garantizado por estar a cargo de la mayor y más bien pagada constelación de estrellas jamás reunida en un único equipo, para una Copa Mundial de fútbol.

El veterano lateral Roberto Carlos precisó de la ayuda de un esquema de seguridad para dejar el hotel por una puerta lateral, mientras era abucheado por un grupo de hinchas que gritaban "¡vergüenza!"

A su vez, Ronaldinho, galardonado por la FIFA dos veces como "el mejor jugador del mundo" y considerado como la grande esperanza de Brasil, se limitó a decir a la prensa: "Perdonen la falta de tiempo, y gracias por el cariño de todos ustedes".

Ronaldinho abandonó el hotel en compañía de otro integrante del "cuadrado mágico," Adriano, del Inter de Milán.

El escenario era completamente distinto el 22 de mayo pasado, cuando la selección brasileña inició su concentración en la pequeña ciudad de Weggis, en Suiza.

También, como ahora, muchos jugadores de la "legión extranjera (nombre que se da en Brasil a los integrantes de la selección que no juegan en el país) llegaron por su propia cuenta.

El delantero del Real Madrid, Ronaldo, por ejemplo, alquiló un jato para llevarlo desde España a Suiza. El ambiente era de fiesta. Cada llegada era recibida con aplausos, gritos histéricos de fanáticos y autoridades entregando las "llaves de la ciudad".

Nadie, absolutamente nadie, creía que todo terminaría de una manera tan deslucida, el sábado 2 de julio. Multitudes enfrentaron el frío y se quedaron de pie por horas en la esperanza de poder al menos verlos, 30 mil ingresos para asistir a una de sus presentaciones vendidos en menos de una hora.

Mujeres y niños burlaron la seguridad para poder abrazarlos. Las escenas ocurrieron en Suiza y se repitieron en Konigstein, ya en Alemania y en prácticamente cualquier otro local donde los "pentacampeones" quedaron hospedados durante su pase por el Mundial.

Siempre rodeados por reporteros de diarios, radios, portales electrónicos y canales de televisión procedentes de todos los países, incluso la televisión árabe "Al Jazeera".

La cantidad de solicitudes de credenciales para ver y hablar con los brasileños o para asistir a sus partidos en los estadios fue récord. Parecía una banda de rock, de esas famosas mundialmente, como los Rolling Stones.

Brasil era la "selección pop star". Parecía, también, que una epidemia se había desatado por el mundo, tiñendo de verde y amarillo, los dos colores principales de la bandera brasileña- a muros, comidas y personas.

El diario O Globo, de Rio de Janeiro, publicó en junio algunos ejemplos de la extensión de la "enfermedad": Una foto mostraba una hincha israelí con la bandera de Brasil pintada en el rostro, en otra foto, una pancarta del equipo "canarinha" decoraba un café en la Palestina.

En Calcuta, India, un artista pintó un muro con imágenes de Ronaldo y Ronaldinho "Gott is brasilien". Dios es brasileño decía la frase que adornaba un escaparate comercial en Konigstein, la pequena ciudad alemana de 18 mil habitantes que fue el "hogar" de los pentacampeones en la primera etapa del Mundial.

En el lujoso hotel, reservado exclusivamente para "los reyes" del fútbol, un tapete en la puerta con la inscripción en portugués "jogo bonito" les dio la bienvenida.

El Mundial empezó y, como dijo el técnico brasileño Carlos Alberto Parreira en las vísperas del torneo, "llegó la hora de la verdad". Fueron cuatro partidos y cuatro triunfos pero, con excepción de la victoria lograda contra Japón por 4-1, en el que participaron cinco suplentes en lugar de los titulares, la "verdeamarilla" no brilló.

Analistas deportivos y aficionados de todo el mundo criticaban la falta del "jogo bonito" siempre asociado al estilo brasileño de jugar el fútbol. La respuesta del entrenador y de sus pupilos fue la de que el importante era ganar el Mundial.

"La historia no habla de juego bonito, habla de campeones mundiales,"reiteró Parreira en la rueda de prensa tras el partido contra Ghana, en el que Brasil aseguró su pase a los cuartos, donde iba a enfrentar a Francia.

Visiblemente irritado, el seleccionador brasileño agregó: Por qué nosotros tenemos que jugar bonito y los demás no? "No es la hora del 'jogo bonito', es la hora de los campeones".

Cuatro días después, Francia, comandada por Zidane y con un "jogo bonito", sacó a Brasil del campeonato, como ya había ocurrido en otros dos Mundiales y sepultó o al menos postergó por más cuatro años el sueño del "hexa", haciendo bajar de los cielos a la actual constelación de estrellas brasileñas.(xinhua)
03/07/2006

 

Sumario
Los romanos ya sabían desde hace muchos siglos que "la gloria es pasajera (Gloria transit mundi). La expresión latina es perfecta para describir el drama de la selección brasileña, que abandonó hoy el escenario del Mundial.


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