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Por Pablo R.
Mientras España sigue envuelta en su sueño europeo con final feliz, incluidos los chicos de Luis Arágones, y la hiperbólica prensa madrileña se emborracha de elogios y amenaza con ganar el Mundial de Sudáfrica 2010, el mundo del fútbol trata de encontrar las claves de una victoria en la Eurocopa que marca un hito, no ya tanto por el éxito en sí, sino por la brillante forma de alcanzarlo, un extremo que ha cautivado al unísono a los seguidores del deporte rey allende las fronteras del viejo continente.
Queda atrás la furia española. Como la prensa extranjera ha acertado a decir, los españoles han pasado de ser toros a convertirse en toreros, han dejado de embestir para marear hasta la extenuación al rival. España es ahora "La Roja", pionera de un fútbol moderno, el famoso "tici-taca", que hunde sus raíces -Xavi mediante- en el Barcelona de Frank Rikjaard. Moderno su fútbol, moderno su colorado apelativo, fruto de la astuta mercadotecnia del canal de televisión privado que en el último Mundial de Alemania 2006 se hizo con los derechos audiovisuales del combinado español, despertando de paso a una afición aletargada en la derrota.
Han pasado cuatro de años del "Lo de siempre" con el que el diario "Marca" resumiera la penúltima eliminación anticipada de España en una gran cita. Para muchos de los hombres que el domingo levantaron la Eurocopa, la trayectoria de la selección no pasaba de cuartos, era lo de siempre. Y de la final de 1984 ante Francia, mejor no hablar, pues maldito quedó Arconada. Cierta la mala estrella de España, con contadas eliminaciones en la tanda de penaltis y con arbitrajes desastrosos en su contra. Cierto su catastrofismo, cierto el complejo. Tras la decepción de Portugal, linchado por medios y afición, Iñaki Sáez deja el banquillo al viejo Luis Arágones, ex jugador del Atlético Madrid, clásico del fútbol español, un polémico nómada de los banquillos españoles sin problema para encararse con Romario o Etoo. Para muchos, un trasnochado en su ocaso deportivo.
Si bien Arágones es "furia", pronto quedó claro que su proyecto tenía poco de tal. Sin afán de revolución trágica, montó un equipo en torno a los nuevos valores españoles, sin importar la edad. Durante el Mundial, deja sentado en el banco a Raúl, símbolo de un país con un alto porcentaje de "raulistas" por metro cuadrado, y confía la delantera al entonces atlético Fernando Torres, criticado hasta la saciedad, y a un goleador "local" sin apenas experiencia internacional, David Villa. El centro del campo se lo entrega a Xavi, cerebro de un Barcelona sin rival aquel año, y a Marcos Senna, un brasileño nacionalizado español, en otra decisión que provoca palos del respetable. Discreta clasificación, de repesca, y en la fase final, lo de siempre, a casa ante Francia en octavos de final. Un equipo sin empaque, que mete goles, que toca, promete, pero no sabe competir. Con todo, el "Marca" titula "No lloréis", hay equipo reza, y volverán. Titular acertado a la postre. Pese a anteriores promesas, un teatrillo de dimisión, y tal, Luis se mantiene en el cargo. Meses después, España toca fondo en Belfast.
Quizás sea en ese momento, con todo y todos en contra, cuando Aragonés halla la fórmula y crea el grupo, el equipo, en conjunto o la banda, en definitiva, cuando nace el campeón de la Eurocopa de 2008. Sus decisiones, difíciles, le darán la razón. El seleccionador descarta a Raúl, no por su baja forma, sino por lo que representa. Dejar atrás a Raúl representa dejar atrás el pesado legado de España. Dar, ahora sí, rienda suelta a una nueva generación, que no entiende de maldiciones ni complejos, los mismos que acompañan a Raúl, y a su gente. Genial con el Real Madrid, impotente con la zamarra roja. Con un Barcelona en decadencia, Luis mantiene los galones de Xavi, Iniesta y Puyol. Y los del cuestionado Torres, en un Atlético no menos malo. Esa confianza le será devuelta. De menos a más, España remonta una fase de clasificación para la Euro 2008. El equipo da la cara en Dinamarca, en un encuentro a vida o muerte. Desarbola a los daneses y Sergio Ramos logra un gol de época que recuerda al que Fernando Torres logró hace horas en el Prater para darle la victoria a España.
Ese gol del sevillano fue la muestra de fábrica de lo que el fútbol de "La Roja" era capaz de crear. Quedaba por ver si el combinado español era capaz o no de ponerlo en práctica en una fase final, y en especial, en los partidos a todo o nada. Y lo ha hecho, mérito de los jugadores, pero sobre todo de Luis, que ha sabido crear un engranaje perfecto con las piezas de las que disponía, lejos de jugar a experimentos traicioneros con el poco músculo de Cesc Fábregas, Xavi y Fábregas. El "Sabio" lo ha puesto todo al servicio de su talento.
Luis Arágones ha acertado de pleno durante el campeonato. No sólo en los cambios. Desde el momento de la convocatoria. Con la sombra de Raúl, llevar a Daniel Güiza, por muy goleador que sea, exige valentía. Con dos goles, uno de ellos vital, el jerezano respondió a Luis. Cazorla ha dado la talla y más, también respondió, y metió su penalti. Mantener a Senna, una revelación para los no iniciados y duda hasta el final, fue otro ejercicio de personalidad. Luis, el "Empecinado", acertó con sus 23 elegidos, aún sabiendo que España tendría once titular, y dos o tres jugadores número 12. Los suplentes, competitivos en su partido ante Grecia, han dado la talla en el vestuario.
Y Luis también echó el pulso final al madridismo raulista, algo así como el lobby más poderoso del fútbol español, incapaz de comprender la no inclusión de Raúl. Un pulso que Aragonés ha ganado, a la vez que inculcado una mentalidad ganadora a sus hombres, aunque no les hiciera mucha falta.
Ningún erudito del fútbol europeo, más pendiente de "racismos" ficticios que del balón, puede imaginar la presión a la que el técnico se ha visto sometido durante meses por no llevar a Raúl. Un clamor en contra, en ocasiones destructivo, que Cesc Fábregas, en sus propias palabras, no hubiera podido soportar. Las palabras del menudo centrocampista del Arsenal resumen el sentir de todos los jugadores españoles, una piña en torno al seleccionador. Fuera divas, paso a los chavales.
Aunque la doble victoria ante Rusia y la final ante Alemania fueran obviamente cruciales, España le ganó la Eurocopa a Italia en cuartos de final. Aunque Casillas fuera el héroe de aquel éxito, o exorcismo según se mire, aquel partido nunca debió llegar a la tanda de penaltis. España ganó a los puntos, pero debería haberlo hecho en el marcador, como mereció, ante la "azzurra". Algunos desmerecen ese pase, pero para ser campeón hay que tener suerte, y España recibió entonces la que le fue negada, muchas veces por los hombres de negro, en los momentos clave. Aquella noche, España se ganó el derecho a ser campeona.
Ningún erudito del fútbol europeo puede imaginar el peso, acumulado durante 44 años por afición y generaciones de futbolistas, que España se quitó de encima cuando Cesc Fábregas transformó el penalti decisivo. Ese alivio nacional recorrió el cuerpo de Luis Arágones, no así el de sus jugadores, que sobra reiterar no entienden de complejos. Mientras Buffon caía engañado a su derecha, las almas futbolísticas de Cardeñosa, Arconada, Eloy o Salinas, entre otros, quedaban liberadas, y los fantasmas de Tassotti, Sándor Puhl, Al Ghandour, y hasta el espectro la mano del niño Franco Gemma, fueron espantados.
Decir que España va a ganar el Mundial de Sudáfrica 2010 es una temeridad sólo explicable en el estado de euforia en el que flota el fútbol de "La Roja" en estos momentos. Sin embargo, por primera vez en la historia de este deporte, los "grandes" pueden encontrar a la selección española como favorita. Pueden temerla. El alemán Christoph Metzelder, jugador de un combinado basado en la extraordinaria fortaleza mental, opinó antes de la final que a España le podrían la presión y el complejo. Si alemanes y españoles se vuelven a cruzar en Sudáfrica, y algún milagro permite a este Metzelder seguir siendo el central titular de la "Maanschaft", el teutón debería mantener la boca cerrada, para que no entren goles.
Se vaya o no Aragonés, mantenga su juego o no, España, además de la Eurocopa, se ha ganado un respeto, aunque sólo sea por el regalo que le ha hecho a este deporte. "Cuando un equipo practica este tipo de fútbol, es un triunfo para el deporte". No lo dice el "Marca", lo dice Sir Alex Ferguson. (Xinhua) 02/07/2008
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