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Guillermo Pérez coronó su trayectoria con una medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, a pesar de que los obstáculos fueron una constante.
A los cuatro años de edad, Pérez comenzó a lanzar sus primeras patadas al aire en su natal Teretán, Michoacán (oeste), inspirado en la estrella china artemarcialista Bruce Lee.
Memo ni siquiera imaginó que esa afición y admiración lo llevarían a unos Juegos Olímpicos.
Recuerda que sus papás lo llevaban cada domingo a ver las películas de Bruce Lee, actor que lo fascinó al verlo lanzar sus mejores golpes y patadas para ayudar a los desposeídos.
Desde ese entonces Bruce Lee se convirtió en su héroe, aunque recuerda que sólo le gustaba por las patadas y golpes que lanzaba, lo cual lo divertía muchísimo.
Antes de entrar a la escuela primaria, su madre, la señora María de Lourdes Sandoval, y él, encontraron una escuela de taekwondo camino a su casa, y gracias a un berrinche a las faldas de ella, Memo comenzó a practicar las artes marciales, tal y como lo hizo su gran ídolo Lee.
Para el michoacano, la enseñanza de las artes marciales fue más allá de pegar y golpear a diestra y siniestra, ya que conoció el significado del arte marcial y la manera en que en la cultura oriental lo considerada un método milenario de defensa y salud física.
El fútbol se convirtió en su mayor enemigo que por poco lo aleja del tatami.
Su mamá fue quien lo orientó y ayudó a decidir entre el fútbol o su verdadera vida, el taekwondo.
Así inició Memo en 1996, cuando buscó formar parte de los representantivos nacionales como juvenil, en una época dominada por Rubén Palafox, Rafael Zúñiga y Hugo Avila, sin obtener éxito alguno.
Fue hasta el año 2000 que logró un espacio en el equipo, pero como México no tenía plaza en la categoría de 57 kilogramos para competir en Sidney, Australia, tuvo que ayudar en la preparación de Víctor Estrada, Mónica del Real y Agueda Pérez como sparring.
Su sueño por estar en los Juegos Olímpicos tendría que esperar ocho largos años.
El no lo sabía aún, pero la mejor de sus pruebas estaba por comenzar, ya que en ese entonces Memo sufrió una lesión en una de sus piernas que estuvo a punto de sacarlo del deporte.
Durante ese tiempo estudió la carrera de administración de empresas en el Tecnológico de Uruapan, e hizo a un lado el deporte de alto rendimiento.
Pero el destino fue el que se encargó de reincorporarlo al camino del deporte.
Su regreso fue en un torneo local, donde sin mucha preparación obtuvo el primer lugar, haciéndolo acreedor a un sitio dentro de un torneo panamericano en 2004, clave para que volviera a entregarse al deporte y buscar una vez más la oportunidad de unos Olímpicos.
Pero la vida le tenía más dificultades, ya que, a pesar de que en 2006 ganó un título en los Juegos Centroamericanos en Cartagena de Indias y que en 2007 se proclamó subcampeón del mundo, el destino no estaba totalmente de su lado.
En los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro cayó en la final ante Oscar Salazar, medallista de plata en Atenas 2004, y parecía que se alejaba una vez más su oportunidad de participar en unos Juegos Olímpicos.
Pero fue durante los preolímpicos de septiembre pasado en Cali, Colombia, donde se le brindó la oportunidad de buscar un boleto a Beijing 2008. Logró el pase y su sueño olímpico se volvía realidad.
Con la mirada hacia Beijing y la visa en la mano, era el ahora o nunca para Memo dentro de su carreca como taekwondoín.
El joven que fue sparring en Sydney y que perdió la oportunidad de ir a Atenas, por fin veía el momento para brillar.
Ese día llegó el miércoles, cuando Guillermo logró coronar su trayectoria y demostrar que esa medalla de oro traía su nombre grabado en ella.(Xinhua) 22/08/2008
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