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Argentina se sobrepuso hoy a la asfixia del calor y al potencial físico de su rival, Nigeria, al que superó con un solitario golazo de Di María para revalidar su medalla de oro y establecer un récord de 12 victorias olímpicas consecutivas.
Hace cuatro años, en Atenas 2004, la albiceleste pasó por encima de todos sus rivales. Logró 17 goles -ocho de Carlos Tévez- y acabó el torneo invicta e imbatida.
En Beijing 2008 las cosas no han sido tan fáciles, y en el camino al oro ha hecho falta jugar prórrogas, batirse con Brasil, y acabar con los "fantasmas" nigerianos de Atlanta 1996.
Doce años después de aquella dura derrota ante una histórica generación de atletas africanos, Argentina se presentaba hoy en el coliseo de "El Nido" como favorita en la final, aunque consciente de la dificultad que entraña una escuadra como la de Nigeria.
Aunque no sólo es físico, y el fútbol africano avanza cada año en táctica y técnica, las pausas de la final dieron una clara idea de por qué los 32 grados de temperatura bajo un sol de justicia beneficiaban de primeras a Nigeria y no a Argentina.
Bastaba que un jugador cayera al césped para que los sudamericanos se avalanzaran sedientos al banquillo en busca de bidones de agua, mientras sus rivales apenas sí se refrescaban la cabeza.
Con este panorama, la "albiceleste" se puso el mono de trabajo desde el minuto uno, con Riquelme y Gago asumiendo los galones del partido, y Messi y el "Kun" Agüero garabateando arriba en busca de una ruptura letal de la zaga nigeriana.
Sin embargo, el control del esférico, por momentos total gracias a los apoyos de Mascherano en la medular, no resultaba en ocasiones claras. Ni Riquelme acertó en una falta peligrosa en el 9' ni Di María cazó con garantías un centro desde la derecha, que acabó muriendo en las manos de Vanzekin.
Como entraba en el guión, el paso de los minutos comenzó a hacer mella en las filas argentinas y a sacar de su campo a los nigerianos, cada vez más superiores físicamente.
Las "Aguilas Verdes" comenzaron a rondar la meta de Romero y a la media hora del partido, el árbitro húngaro Viktor Kassai decidió parar el encuentro unos minutos para dar un respiro a ambas escuadras.
Acto seguido, Nigeria llegó por primera vez con peligro al área argentina. Un veloz contragolpe lanzado por Odenwingie acabó con un pase de la muerte que nadie llegó a rematar y en la continuación, Promise desperdició un balón franco ante Romero.
La visión del peligro real de gol obligó a una reacción a los hombres de Batista, que en un disparo seco de Di María desde la izquierda a punto estuvieron de marcharse al descanso con ventaja.
Argentina continuó esa reacción en el segundo tiempo. Cerró espacios en defensa y por fin, encontró premio a su mayor ambición en un contragolpe definido a la perfección por Di María, invitado sorpresa a un festín ofensivo que suelen comandar el "Kun" y Messi.
Con media hora por delante, y Argentina esperando una segunda contra letal, Nigeria se lanzó en busca del empate, y lo tuvo en varias ocasiones. Primero Obinna, que disparó manso dentro del área, y luego Amikebe, que no conectó un remate por milímetros, rozaron la igualada.
No más fructíferas resultaban las contras de los sudamericanos, armadas por Messi y a veces demasiado enrevesadas para llegar a buen puerto pese al desmantelamiento de la zaga de Nigeria, con la vista decididamente puesta en empatar, sin importar la trasera.
Nunca llegó sin embargo el tanto de la igualada, que hubiera sido justo, pero que Anichebe desperdició hasta en dos remates a bocajarro.
Una prórroga, mermadas ya las fuerzas de los jugadores, hubiera puesto contra las cuerdas a Argentina, pero la experiencia de Riquelme y los cambios de Batista mataron el encuentro, y la albiceleste pudo celebrar y refrescarse en el centro del campo, todaía bajo un sol abrasador, pero con la medalla de oro en su poder.(Xinhua) 23/08/2008
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