Actualizado a las 2008:08:05.11:10

BEIJING 2008 Y EL MUNDO

Los Juegos Olímpicos son sin lugar a dudas el mayor acontecimiento deportivo del planeta, sin comparación posible con ninguna otra competición del calendario internacional, aunque tenga también carácter global. Los Juegos incluyen la mayor parte de las disciplinas deportivas que transcienden el ámbito puramente local o regional, y en casi todas ellas una medalla olímpica constituye el máximo galardón al que es posible aspirar. Hay unas pocas excepciones –como el fútbol, el tenis o el ciclismo– que conceden trofeos aún más prestigiosos en sus propias competiciones, pero para todas las demás la medalla de oro es la culminación de cualquier carrera deportiva.

Sin embargo, las Olimpiadas no son sólo un conjunto de pruebas físicas en una serie de edificios vanguardistas creados para la ocasión; son mucho más que eso. Se trata ante todo de una celebración de la unidad en la diversidad, la ocasión en la que personas de todo el mundo se reúnen para festejar juntos y mantener vivo el espíritu olímpico, que es el ideal de convivencia pacífica entre todos los pueblos de la Tierra. Esto es algo que el comité organizador de Beijing 2008 ha comprendido desde el primer instante, de ahí que el lema de estas Olimpiadas sea “Un mundo, un sueño”, y que las autoridades locales se estén esforzando por hacer de esta ciudad un espacio de convivencia para todos. Es verdad que para muchos expatriados que trabajan o estudian en Beijing los Juegos han tenido también su reverso, especialmente en lo que se refiere a las trabas burocráticas a la hora de obtener o renovar sus visados, pero estos episodios circunstanciales no pueden empañar el significado profundo de recibimiento y acogida que unas Olimpiadas implican. Incluso las propias mascotas, con los colores de los cinco aros olímpicos, proclaman en sus nombres esa promesa de hospitalidad por parte de China y de sus ciudadanos: “Beijing te da la bienvenida”.

Ser extranjero en Beijing durante estas dos semanas de agosto significa formar parte de ese mismo mundo, y compartir ese mismo sueño; ser extranjero en Beijing significa disfrutar de la amabilidad de un pueblo que está deseando ofrecer al mundo la mejor imagen de sí mismo, en el más grandioso de los escaparates posibles; ser extranjero en Beijing significa ser un poco menos extranjero y un poco más pequinés, y como tal participar de esta gran celebración de toda la Humanidad.

Por Fernando Miguel

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