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1999-2009: UN MUNDO MAS PEQUEÑO
En otoño de 2007, un grupo de estudiantes vestidos de uniforme se encontraban recibiendo educación militar en la Escuela Media número 1 de Tianjin, en el noreste de China. Entre esos estudiantes, una niña de ojos azules desfilaba a paso de ganso con sus compañeros.
La niña, en aquellos momentos de 17 años, era una chica francesa llamada Caroline Jounautl, que llegó a Tianjin con un programa de intercambio de estudiantes. Recordando su estancia de 10 meses en Tianjin, Caroline afirma que le impresionó mucho que la gente fuera tan abierta de mente, optimista y generosa. "Fue la época más feliz de mi vida. Estaba rodeada de auténtico amor y cariño por parte de todo el mundo, lo que es una experiencia maravillosa", comenta.
Su madre, Pascale Jounault, se puso muy triste cuando fue a despedirla al aeropuerto Charles de Gaulle. Para intentar disipar sus preocupaciones, Caroline abrazó a su madre y le dijo que podría comer marisco y queso francés en Tianjin, así como comprar en un Carrefour.
"Nací en la ciudad de Poitiers, en el centro de Francia, una ciudad pequeña donde es imposible perderse", explica. "Recuerdo que estaba en el instituto cuando me enteré de que había un país llamado China, el más poblado del mundo. ¡Y pensé que sería espectacular poder hablar con tanta gente!"
Para ella, China era demasiado grande y demasiado misteriosa para poder comprenderla. Sin embargo, comenzaron a darse cambios a su alrededor, provocando leves diferencias en esta pequeña ciudad de Francia.
En los siguientes años, comenzaron a abrir restaurantes chinos en Poitiers, y cada vez podían comprar más productos chinos. La información sobre China en internet y en la prensa había aumentado sus conocimientos sobre esta antigua civilización oriental en su propia ciudad.
Aún se alegró mucho más cuando su instituto, el instituto Camille Guerin, comenzó a ofrecer clases de chino. Allí, Caroline estudió chino durante tres años.
A finales de la década de 1990, el mundo podía oír alto y claro los pasos de la globalización acercándose. Internet, que fue en su día un sector casi secreto de la ciencia, se había convertido en la nueva plaza mayor para la comunicación mundial, el comercio y la investigación tecnológica.
Cuando fue a buscar a su hija que volvía de China, la madre de Caroline la encontró muy cambiada. "¡Antes estaba muy delgada pero engordó en Tianjin!", exclamó. Pero lo más sorprendente fueron los cambios en la personalidad de Caroline.
"Antes era tímida, poco habladora y no se comunicaba", explica la madre. "Pero sorprendentemente, después de volver, tiene mucha más confianza en sí misma, y está muy tranquila cuando ocurre algo."
Caroline no se detuvo aquí. Fue a la Universidad de La Rochelle para licenciarse en lengua china. La universidad, desde que fundase su Departamento de Chino, atrae cada vez a más estudiantes deseosos de aprender chino, al igual que Caroline.
Con el fin de promover la lengua y la cultura chinas, la universidad coorganizó junto con el Consejo Internacional de Lengua China la fundación del Instituto Confucio en octubre de 2008. Hasta finales de marzo de 2009, se han fundado 256 Institutos Confucio en 81 países del mundo, y unos 4 millones de extranjeros están aprendiendo en ellos la lengua y el patrimonio cultural de China.
El viaje hacia el cambio sigue adelante. El verano pasado, Caroline participó en un concurso de chino llamado "Puente Chino" en la provincia de Hunan, en el sur de China, y allí conoció a su novio, Mathias Larsen, de Dinamarca. Después, los dos viajaron a Xinjiang con sus amigos. "Me encantan las uvas de Turpan", asegura. "¡Son las uvas más dulces que he comido en mi vida!"
"A veces me pregunto por qué el mundo se está haciendo tan pequeño tan rápidamente. Dos personas que nunca se han visto antes se enamoran en China. Así debería ser como viva su generación", concluye la madre de Caroline.(Xinhua) 05/11/2009
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