Los partidos políticos de segunda línea en Brasil se alinean para enfrentar la segunda vuelta de la elección presidencial, el 29 de octubre, con una serie de medidas que parecen sin coherencia.
En ese sentido, el hecho más significativo fue protagonizado esta semana por el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) de Rio de Janeiro, al decidir apoyar selectivamente a los dos candidatos a la presidencia.
El candidato del partido al gobierno provincial de Rio de Janeiro, senador Sergio Cabral, que también tendrá que disputar la segunda vuelta, optó por asociarse al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, candidato a la reelección.
De paso, esa opción le permitió recibir el apoyo de su ex competidor, el también senador Marcelo Crivella, del Partido Republicano Brasileño (PRB, aliado de Lula), pese a las diferencias que ambos habían subrayado antes de la primera vuelta.
Por otro lado, el presidente regional del PMDB y ex gobernador de Rio de Janeiro, Anthony Garotinho, resolvió prestar apoyo electoral al adversario de Lula, el socialdemócrata Geraldo Alckmin, pero sin romper con su candidato en Rio de Janeiro.
De ese modo, cada candidato presidencial tendrá el apoyo de una parte del PMDB de Rio de Janeiro que, gane quien gane, tendrá a uno de sus líderes entre los vencedores.
El caso del PMDB no es único. El presidente del Partido Laborista Brasileño (PTB, en portugués), el ex diputado destituido Roberto Jefferson, declaró su apoyo al candidato Alckmin, pero aclaró que hablaba en nombre del 70 por ciento del partido.
Es que el resto del PTB, especialmente en las regiones Norte y Noreste de Brasil, donde la candidatura de Lula a la reelección es más fuerte, apoya al actual presidente, lo que no es considerado contradictorio con la declaración de Jefferson.
Existen otras incoherencias en el cuadro preelectoral. El Partido Popular Socialista (PPS, ex comunista), no tiene problemas en aliarse a los socialdemócratas de Alckmin, pero tampoco los tiene para hacerlo con el único partido asumidamente de derecha en Brasil, el Partido del Frente Liberal (PFL).
En Rio de Janeiro, la candidata del PPS, Denise Frossard, que disputará el gobierno provincial con el senador Sergio Cabral, tiene como principal aliado al alcalde de la ciudad, César Maia, del PFL.
Pero incluso dentro de la alianza del PFL con el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB, de Geraldo Alckmin), que ya lleva 12 años de existencia, hay rivalidades que conspiran contra la coherencia partidaria.
En el estado de Bahía el PSDB apoyó decisivamente al candidato del Partido de los Trabajadores (PT, de Lula), Jacques Wagner, contra el candidato del PFL, Paulo Souto, pese a la antigua alianza nacional entre sus partidos.
Es que su líder en el estado, el diputado Jutahy Magalhaes, es un antiguo adversario del principal caudillo del PFL, el actual senador y varias veces gobernador Antonio Carlos Magalhaes (que no es pariente suyo).
Del mismo modo, la gobernadora de Maranhao, Roseana Sarney, del PFL, manifestó abiertamente su apoyo al presidente Lula, gran adversario del principal aliado de su partido, el PSDB de Geraldo Alckmin.
Es que Sarney tiene que disputar la segunda vuelta, para permanecer en el gobierno, en una región donde la votación de Lula es absolutamente mayoritaria, y además su padre, el ex presidente José Sarney (senador del PMDB), es uno de los principales aliados de Lula.
Brasil tiene actualmente 27 partidos políticos, de por sí una exageración, pero si se tienen en cuenta sus divisiones regionales, es como si tuviera 50 o más partidos.(xinhua)
08/10/2006