Actualizado a las 2007:09:30.14:39

ESPECIAL: Cuando las estatuas aprendieron a moverse

Sumidas en una enigmática quietud, con la mirada perdida en la distancia y a la espera de unas monedas, las llamadas "estatuas vivientes" son un fenómeno de moda en muchas ciudades del mundo.

Recreando sobre su piel materiales imposibles como el oro, la plata, la roca e incluso la madera, muchas veces nos preguntamos cómo aguantan sin pestañear largas horas ante el ir y venir de un frenético mar de transeúntes.

No hay técnicas concretas, ni escuelas, pero sí todo una combinación de recursos del mimo, la expresión corporal e incluso el yoga.

En Argentina se han convertido en un espectáculo tan popular, que cientos de personas se agolparon hoy para ver a las 35 estatuas que participaron en el 8º Concurso Nacional de Estatuas Vivientes de Buenos Aires.

"No hay una escuela argentina de estatuismo", dijo Osvaldo Orgetti, coordinador de este evento organizado por la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES), "muchos de ellos son mimos, clown, estudian teatro o son bailarines".

Este concurso se lleva celebrando en Argentina desde el año 1999 y cuenta con versiones tanto en la capital del país como en muchas provincias del interior, donde cada vez acuden más adeptos de esta nueva versión de "teatro del silencio".

Se cree que la existencia de las "estatuas vivientes" se remonta a una práctica de la Grecia Clásica, consistente en disfrazarse de estatua para espiar al enemigo sin ser visto. Pero también se tiene constancia de que en el Antiguo Egipto ya se practicaba esta forma de teatro.

Sin embargo, más allá de este origen remoto, en Argentina es una moda importada de España, uno de los países donde más se ha popularizado el "estatuismo".

"La trajo un chico llamado Ernesto La Vega", explica Marcela, una de las estatuas del concurso, "él vivió en Barcelona durante mucho tiempo y allí conoció a una chica argentina que hacía de estatua en la avenida de las Ramblas. Así, en el 92 volvió a Argentina y con otros empezamos a practicar. Después la gente empezó a añadirle movimiento o color".

Hay dos tipos de estatuas: las "clásicas", estáticas en una sola pose o dos, y las de "performance", que combinan la quietud con baile, música o algún movimiento cuando alguno de los espectadores les regala una moneda.

Para mantenerse inmóviles, muchos practican técnicas de relajación, meditación o yoga, como Maria Claudia, a quien en el concurso encontramos disfrazada de Eva Perón.

"El estatuismo uno lo puede aprender de distintas formas, yo lo hice gracias al yoga, controlando la respiración, pero muchos estudian expresión corporal, estudiando teatro o practicando mimo, cada uno tiene su forma", afirma Maria Claudia, con más de 10 años de experiencia en el "rubro".

Por el momento, en Argentina este nuevo género teatral está poblando las calles de Buenos Aires de hadas, duendes, elfos, brujas, dráculas, momias e incluso algún que otro Carlos Gardel o Evita Perón. Pero dada la cantidad de emigrantes argentinos, su presencia también se está extendiendo en ciudades como París, Londres o Nueva York.

Y lo cierto, es que su éxito se debe también a la profunda sensación de misterio que genera en espectador la presencia de un ser vivo deshumanizado, ajeno al acelerado movimiento de la calle, aparentemente ausente de la realidad. Una mezcla entre lo etéreo y lo inmortal. (Xinhua)

30/09/2007

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