Actualizado a las 2007:11:12.08:32

Las dos visiones estratégicas de la Cumbre Iberoamericana

Dos visiones diferentes sobre la cohesión social, pero con el mismo fin de conseguir sociedades más inclusivas, marcaron los debates de la XVII Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de Iberoamérica, que concluyó aquí esta tarde.

Una visión la representa la presidenta chilena, Michelle Bachelet, quien propuso la cohesión social como tema de la magna cita, a la que asistieron el rey Juan Carlos de España y una veintena de presidentes de América Latina, además de los mandatarios de España, Portugal y Andorra.

La otra, la encabezó el líder venezolano, Hugo Chávez, y es compartida por los gobernantes de Nicaragua, Bolivia y Ecuador, Daniel Ortega, Evo Morales y Rafael Correa, respectivamente, y el vicepresidente cubano, Carlos Lage.

Chávez volvió a ser el centro de atención de esta reunión, en la que cuestionó el modelo que prevalece en la región, insistió en un proyecto bolivariano, que ofrece, según dijo, unos 5.000 millones de ayuda a los países más pobres, y criticó en términos vehementes la política estadounidense.

Mientras Bachelet y Rodríguez Zapatero ven con optimismo el futuro de la cohesión social en el continente latinoamericano, preocupación central de las políticas públicas en la región, el grupo de líderes antineoliberales piensan que antes de "cohesionar a la sociedad latinoamericana, hay que transformarla".

Algunos dirigentes opinan que primero se debe "crecer" para después aplicar "políticas inclusivas", hay quienes creen que primero hay que "incluir" y luego "crecer", otros consideran que se pueden hacer las dos cosas al mismo tiempo, como Chile, y finalmente se encuentra Cuba, que plantea que hay que establecer ante todo un sistema de justicia social.


VALIOSO GENERADOR DE INICIATIVAS SOCIALES

La variedad de posiciones de los gobernantes latinoamericanos en torno a la cohesión social hace que esta cumbre pueda ser interpretada como un valioso generador de iniciativas de seguridad social en la región, que otorga una mayor legitimidad al desarrollo social frente a perspectivas economicistas de la globalización.

Siglos bajo el signo persistente de desigualdades marcan diferencias entre los criterios fundacionales que han primado en el desarrollo social de América Latina frente a las democracias de los países avanzados, como España y Portugal.

Pudiera afirmarse que la reunión fue encuentro fructífero porque, finalmente todos los gobernantes suscribieron la Declaración de Santiago, comprometiéndose a trabajar por "el objetivo común de progresar hacia niveles crecientes de inclusión, justicia, protección y asistencia social y a fortalecer los sentimientos de solidaridad, de pertenencia e identidad sociales".

La cohesión social, concepto nacido en Europa y reproducido en América Latina, tiene enfoques diferentes desde la perspectiva de ambas regiones, sin perjuicio de su contenido humano, apuntando a generar condiciones para las personas, sus comunidades y la sociedad global en general.

Si bien el tema implica una reformulación de las políticas sociales compatible con el crecimiento económico, no parece sin embargo haber causado gran entusiasmo entre los gobernantes iberoamericanos, con excepción de los líderes de Chile y España.

El contenido que se da a este tema no parece estar todavía en las prioridades de los gobiernos latinoamericanos, y la evolución de la cohesión social se asemeja al de "integración latinoamericana" porque ambos carecen de políticas concretas y objetivos definidos.

De todas formas, la cumbre representa un paso importante, al avanzar en proyectos concretos, por ejemplo, en la seguridad social intrarregional para trabajadores inmigrantes y en una iniciativa regional para la infancia, propuesta por Bachelet, quien se anotó un triunfo al poner las políticas sociales en la dimensión iberoamericana.


AMERICA LATINA Y LA COHESION SOCIAL

Desde el punto de vista económico, América Latina está viviendo uno de sus mejores momentos en los últimos veinte años.

Durante cinco años seguidos, la región ha registrado un crecimiento sin precedentes, al tiempo que se consolidan sus fundamentos macroeconómicos con las exportaciones de materias primas a China e India y se mejoran las arcas fiscales.

Pero es evidente que esa bonanza no se refleja en el ámbito social. Las políticas sociales no han tenido el mismo avance, la brecha de desigualdad crece más cada día y más de 200 millones de personas viven en la extrema pobreza.

La cohesión social busca reordenar o regularizar el papel del Estado y de los demás agentes de la sociedad: gobierno, empresariado, trabajadores y otros actores importantes para la vida de cada país. Esto requiere sinergias entre políticas, recursos económicos e instituciones fuertes.

Para alcanzar la cohesión social es indispensable la contribución de las empresas, con sus inversiones y aportes fiscales, la participación de los trabajadores y políticas gubernamentales que den prioridad a los ciudadanos.

Se trata de alcanzar un "pacto social", en el que participen todas las fuerzas en el camino de la inclusión. América Latina está aún lejos de llegar a ese objetivo, como se demostró en los debates de esta cumbre.

Latinoamérica se ha beneficiado de la globalización, pero no logra caminar a la velocidad que lo hacen los países de Asia y Europa del Este.

Como se ha repetido en esta cumbre, la falta de cohesión social ha generado un sentimiento de desencanto con la democracia y la política en la mayoría de los países latinoamericanos.


ESPAÑA, LIDER NATURAL DE LA COMUNIDAD IBEROAMERICANA

Desde 1991, cuando comenzaron las cumbres, España ha sido el país estrella para mantener viva la Comunidad Iberoamericana, hacia donde va el 40 por ciento de su ayuda al desarrollo, que el próximo año alcanzará los 5.000 millones de euros.

El aporte de la cooperación española para hacer llegar agua potable a los más necesitados es señal de un bienvenido pragmatismo, así como el mecanismo que se creará en Panamá para asistir a los países latinoamericanos en casos de desastres naturales.

Las autoridades españolas han establecido la cooperación iberoamericana como una política de Estado, autoimponiéndose las metas de reducir la pobreza y promover el desarrollo sostenible como "un deber irrenunciable", sin desconocer que esta actitud ha favorecido la pujante presencia empresarial española en todos los países latinoamericanos.

El gobierno ha firmado, o se ha comprometido a firmar, acuerdos de canje de deuda por desarrollo valorados en unos 600 millones de dólares, y participa en la Alianza contra el Hambre y la Pobreza, junto con Chile y Brasil, así como en la Alianza Global del Desarrollo de la ONU.

Hay que observar el desarrollo de las políticas sociales en América Latina, cuando se acerca el Bicentenario y se avanza en las metas acordadas en los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Esta cumbre adquiere el singular valor de dejar planteadas ideas guías e iniciativas para las agendas sociales de la región; con la expectativa de que los gobernantes puedan, en plazos razonables, asegurar la efectividad de las políticas públicas destinadas a superar las divisorias que marcan la falta de equidad en la región. (Xinhua)

12/11/2007

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