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El gobierno chileno anunció el día 25 que en marzo iniciará una ofensiva en materia legislativa para avanzar en el perfeccionamiento democrático de la nación.
El ministro y vocero gubernamental Francisco Vidal dijo el mismo día que se dará "urgencia" en el parlamento a la modificación al sistema electoral binominal, aprobación del voto de los chilenos en el exterior, inscripción automática con sufragio voluntario, elección directa de los consejeros regionales y reforma al sistema de partidos políticos.
Estos temas no son nuevos en la agenda de la coalición gobernante en el poder desde 1990, cuando retornó la democracia con el fin del régimen militar de Augusto Pinochet, y siempre ha encontrado obstáculos para convertirlos en ley por la oposición de los partidos de la derecha.
Ahora, la presidenta Michelle Bachelet intentará negociar con Renovación Nacional (RN) y la Unión Demócrata Independiente (UDI), que han tenido una actitud de confrontación hacia el Ejecutivo, pero han colaborado en proyectos importantes como la reforma previsional, la nueva ley de Educación y la lucha antidelincuencia.
Siendo un año electoral, con las elecciones municipales en octubre y las parlamentarias y presidenciales para 2009, será difícil que el gobierno tenga éxito en todos estos proyectos, que los presentará en el Congreso bajo su política de "lograr grandes acuerdos" con la oposición.
Al parecer, la autoridades intentan fortalecer el sistema de partidos para que sean más competitivos, sólidos y, sobre todo, terminar con la exclusión de otras fuerzas políticas, como las pequeñas organizaciones de izquierda, que no tienen representación parlamentaria.
Dentro de los partidos oficialistas (Democratacristiano-Socialista-Por la Democracia y Radical) hay consenso respecto a que el Partido Comunista, el Partido Humanista, la Izquierda Cristiana y otras organizaciones sociales puedan tener legisladores.
Pero el sistema electoral binominal favorece solamente a los dos bloques políticos: la gobernante Concertación de Partidos por la Democracia, de centroizquierda, y la derechista Alianza por Chile.
Además, con este sistema, la derecha ha sobredimensionado su representación en la Cámara de Diputados y en el Senado, por lo que no le interesa ningún cambio.
El voto de los chilenos en el exterior, cuya cifra sobrepasa los 850.000, ha sido rechazado por la derecha, porque considera que no le sería favorable debido a la composición política de los emigrantes, con un gran número de familias que debió salir del país huyendo de la represión de la dictadura después de 1973.
La administración anterior impulsó un proyecto de ley para establecer que la inscripción en el registro electoral fuera obligatoria y automática y el voto voluntario, todo lo contrario a lo que existe hoy: inscripción voluntaria y sufragio obligatorio, pero no tuvo éxito.
En Chile como en otros países latinoamericanos se registra una creciente indiferencia de los jóvenes hacia la política y su participación en los comicios, sean municipales, parlamentarios o presidenciales.
Igualmente, propondrá que los consejeros de los gobiernos regionales sean electos por la población, como una forma de ampliar la transparencia y la democracia representativa en esos niveles.
Por último, se pondrá énfasis en la tramitación legislativa de la reforma del sistema de partidos políticos, la que incluye financiamiento estatal, elecciones primarias internas y la pérdida del escaño a los parlamentarios que sean expulsados o renuncien a su partido por el que fueron elegidos.
Pero la posibilidad esbozada por La Moneda de incluir en la reforma una sanción a los parlamentarios que renuncien a su colectividad, ha generado críticas de numerosos parlamentarios, tanto del oficialismo como de la oposición.
Otros han planteado que el Servicio Electoral se convierta en una verdadera "superintendencia" de los partidos y las elecciones, a fin de garantizar la transparencia en los padrones de los militantes y el uso del dinero fiscal en las campañas electorales.
El presidente de la Cámara Baja, Patricio Walter, cree que es un buen momento para las reformas políticas, porque Sebastián Piñera, candidato presidencial de RN, "dijo que estaba dispuesto a terminar con la exclusión", lo que permitiría discutir el sistema binominal, la realización de primarias en los partidos políticos, que los chilenos puedan votar en el extranjero y la inscripción automática y el voto voluntario.
La UDI y RN han expresado su desacuerdo con estas reformas políticas, lo que hace prever un duro debate en el parlamento, pero el gobierno ha decidido llevarlas adelante, por lo que hay que esperar lo que acontecerá a partir de marzo.(CRI) 28/02/2008
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