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En los países socialistas, han sido numerosos los dirigentes con imagen de “hombre de hierro”. Por ejemplo José Stalin, su nombre en ruso significa “acero”. Otro ejemplo es Broz Tito, a quien Mao Zedong describió diciendo que “Tito es hierro”. En los países socialistas del mundo actual, hay otro hombre que puede compararse con Stalin y Tito y es nada menos que Fidel Castro, que ha dirigido a Cuba durante cerca de medio siglo.
Vestido de verde olivo es el vestido militar de Castro que casi nunca cambia en las distintas ocasiones en tanto que el rostro barbudo es su fisonomía peculiar. No obstante, lo que atrae realmente la atención de la gente es su actitud dura frente a los Estados Unidos y su inquebrantable fe en el socialismo.
Las concentraciones y manifestaciones de masas de grandes magnitudes y los superlargos discursos fervorosos de Castro han sido fenómenos especiales en la vida política de Cuba. Por ejemplo en julio de 2000, se realizó en La Habana, capital de Cuba, una gigantesca manifestación de dos millones de personas encabezadas por Castro. En mayo de 2001, Castro, pese a sus 74 años de edad, encabezó una vez más a centenares de miles de cubanos para salir a la calle, en señal de oposición a la política hegemónica imperialista de Estados Unidos. Castro declaró en su discurso que Cuba defenderá el socialismo hasta la muerte. Durante varias décadas, Castro se ha apoyado en su indoblegable lucha contra la política imperialista norteamericana y en su firme persistencia en el camino socialista para poder unir estrechamente al pueblo cubano, convertir a Cuba en el único país socialista en el hemisferio occidental y transformar a sí mismo en símbolo de la revolución comunista en América Latina.
Los sentimientos anti-norteamericanos de F. Castro no fueron innatos, sino productos de un determinado tiempo y espacio.
Tras la guerra estadounidense-española en 1898, Cuba obtuvo la independencia de nombre y fundó la república, pero en realidad fue una colonia de Estados Unidos, el cual no sólo controló la política y economía de Cuba, sino que se adjudicó el derecho de establecer una base naval en Guantánamo e intervenir en la diplomacia de Cuba. En marzo de 1952, el derrocado dictador Batista, con el apoyo de Estados Unidos, realizó un golpe de Estado y reestableció la dictadura. Batista no sólo perseguía a las fuerzas progresistas y democráticas en el país, sino que, en el exterior, vendió la soberanía nacional permitiendo a Estados Unidos dirigir las tropas cubanas. El pueblo cubano se hallaba bajo la doble opresión de la dictadura de Batista y del capital monopolista norteamericano.
Fue bajo estas circunstancia cuando F. Castro inició su vida política. A comienzos de 1959, las cada vez más poderosas guerrillas al mando de Casto entraron por asalto en La Habana, Batista se exilió y la Revolución Cubana se coronó con la victoria. Se trata de una revolución nacional y democrática dirigida por la pequeña burguesía (en aquel entonces Castro todavía no fue marxista) contra el imperialismo y la dictadura; en un principio Estados Unidos no intervino y, por su parte, Castro no rompió inmediatamente los vínculos económicos de Cuba con Estados Unidos. Además de esto, Castro realizó en abril de 1959 una visita “privada” a Estados Unidos en compañía de los ministros de Finanzas y de Economía del nuevo régimen cubano. Para poder obtener la ayuda económica norteamericana, Castro declaró durante su visita a EEUU que Cuba respetará los diversos derechos de Estados Unidos en su país y que defenderá las inversiones norteamericanas en Cuba.
Pero poco después, la legalización del Partido Comunista de Cuba y la persecución a los partidarios de Batista dieron origen al descontento norteamericano. La serie de medidas de reforma tomadas a partir del verano de 1959 afectaron los intereses del capital monopolista norteamericano. Estados Unidos comenzó a ponerse enojado, las relaciones cubano-estadounidenses empeoraron, Estados Unidos dejó de dar ayuda económica a Cuba y, además, ejerció presión económica e inició un embargo comercial contra Cuba. Fue precisamente el empeoramiento de las relaciones con EEUU el que impulsó a Castro a dirigirse hacia el socialismo. En febrero de 1960, Castro invitó a visitar La Habana a la delegación encabezada por Anastas Mikoyán, primer vicepresidente del Consejo de Ministros de la Unión Soviética que se encontraba de visita en Estados Unidos. Durante su visita, Mikoyán declaró que la Unión Soviética ofrecería un préstamo de 100 millones de dólares a Cuba y en cinco años le compraría 5 millones de toneladas de azúcar. Para impedir la inclinación de Cuba hacia la Unión Soviética, Estados Unidos declaró cesar toda su ayuda económica a Cuba y se proponía intensificar su intervención armada. Frente a la amenaza norteamericana, Cuba no se mostró débil en nada. La Unión Soviética también declaró que si EEUU intervenía, ella apoyaría a Cuba. Con los compromisos y apoyo de la Unión Soviética, el valor de Castro ante los Estados Unidos se volvió más grande. El 3 de julio, Castro declaró que en adelante Cuba sería miembro del campo socialista.
Al emprender el camino socialista y contar con el apoyo de los países socialistas, Cuba mostró más elevados sus sentimientos anti-norteamericanos. Por otra parte, Estados Unidos tomaba una actitud cada vez más dura contra Cuba, primero anunció oficialmente en enero de 1961 la ruptura de relaciones diplomáticas con Cuba y, más tarde, elaboró un plan de apoyo a los exiliados cubanos a subvertir al régimen de Castro. En la madrugada del 17 de abril de 1961, ciertos exiliados armados desembarcaron en Playa Girón (Bahía de Cochinos) en la parte sur del centro del país, pero fueron enérgicamente rechazados por las tropas cubanas. Este incidente hizo más firme la decisión de Castro de seguir el camino socialista junto con la Unión Soviética. En mayo del mismo año, Castro declaró oficialmente que Cuba es un país socialista, que él cree en el marxismo y que es un firme socialista. Desde entonces, Estados Unidos no ha cesado nunca su hostilidad y embargo económico contra Cuba. No obstante, Castro tampoco ha vacilado nunca en su posición anti-norteamericana, ni mucho menos en su fe socialista. Tras los drásticos cambios en la Unión Soviética y el este de Europa, Cuba, a partir de 1993, comenzó poco a poco la reforma y apertura en lo económico; en determinadas ocasiones Castro llevaba terno de color azul oscuro, y no repitió más su promesa solemne de no practicar en modo alguno la economía de mercado. Sin embargo, sigue firmemente creyendo en “socialismo o muerte” y la construcción de un socialismo con características cubanas sigue siendo su aspiración definitiva.(Pueblo en Línea) 31/03/2008
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