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En su artículo titulado “La vistoria china”, Fidel Castro dice que “el Gobierno de Cuba emitió una declaración categórica de apoyo a China respecto a la campaña contra ella vinculada al Tíbet”.
“China respeta el derecho de los ciudadanos a creer o no creer. Hay, en ese país, grupos de creyentes musulmanes, cristianos católicos y no católicos y de otras creencias, y decenas de minorías étnicas, cuyos derechos están garantizados en su Constitución”, explica Castro en uno de los artículos en serie “Reflexiones del Compañero Fidel Castro”.
La legislación de la República Popular China se esmeró en la proclamación y aplicación del respeto al derecho y a la cultura de 55 minorías étnicas, agrega.
“La campaña orquestada contra China es como un toque de clarín llamando a degüello para deslucir el merecido éxito del país y su pueblo como anfitriones de los próximos Juegos Olímpicos”, afirma.
Hay personas que padecen de chino-fobia, un hábito bastante generalizado en muchos occidentales, acostumbrados, por educación y cultura diferentes, a mirar con desprecio lo que viene de China, explica Castro en su artículo.
Castro también citó libros escritos por presitiogosos investigadores estadounidenses para poner al descubierto las operaciones secretas de la CIA más importantes durante la guerra fría destinadas a apoyar a Dalai Lama en su conspiración independendista.
Castro dice: “en obras elaboradas por prestigiosos investigadores de Estados Unidos, se divulgó lo ocurrido en el territorio chino del Tíbet”.
“En el libro ‘La guerra secreta de la CIA en el Tíbet’, de Kenneth Conboy ―University Press, de Kansas-, se describe la sucia entraña de la conspiración. William Leary lo define como ‘un estudio excelente e impresionante sobre una de las operaciones secretas de la CIA más importantes durante la guerra fría’”, dice el artículo.
“En el curso de dos siglos, ni un solo país en el mundo había reconocido el Tíbet como nación independiente. Lo consideraban parte integrante de China. En 1950 India lo conceptuaba de esa forma, después del triunfo de la revolución comunista. Inglaterra adoptó la misma conducta. Estados Unidos hasta la Segunda Guerra Mundial lo consideraba parte de China, e incluso presionaba a Inglaterra en ese sentido. Tras la guerra, en cambio, lo vieron como un baluarte religioso contra el comunismo”, dice el artículo de Castro.
“Cuando la República Popular China aplicó la reforma agraria en los territorios tibetanos, su élite social no aceptó que sus propiedades e intereses fuesen afectados. Esto condujo a un levantamiento armado en 1959. La rebelión armada en el Tíbet ―a diferencia de la de Guatemala, Cuba y otros países, donde actuaron con apremio― fue preparada durante años por los servicios secretos de Estados Unidos, según consta en las investigaciones mencionadas anteriormente”, continua el artículo.
“Otro libro ―que es apologético en este caso de la CIA -, Los guerreros de Buda, cuyo autor es Mikel Dunshun, cuenta cómo la institución llevó a cientos de tibetanos a Estados Unidos, condujo la rebelión, la equipó, envió paracaídas con armamentos, los formó en la utilización de los mismos, a la vez que se movían a caballo, como lo hacían los guerrilleros árabes”. El prólogo de la obra fue redactado por el Dalai Lama, quien expresa: “Aunque tenga el profundo sentimiento de que la lucha de los tibetanos sólo podrá triunfar por un enfoque a largo plazo utilizando medios pacíficos, siempre he admirado a estos combatientes de la libertad por su valor y su determinación inquebrantables.”
“Respeto el derecho a creer del Dalai-Lama, pero no estoy obligado a creer en el Dalai-Lama”, y “Tengo muchas razones para creer en la victoria china”, dice Fidel Castro para concluir. (Pueblo en Línea) 08/04/2008
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