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El grado de violencia y falta de capacitación de la policía en el estado brasileño de Rio de Janeiro ha prevalecido en las últimas semanas, sin visos de que las autoridades ataquen las causas del problema.
El 6 de julio pasado dos policías confundieron durante una persecusión a delincuentes un vehículo con civiles abordo y lo acribillaron, a pesar de que la conductora gritó con todas sus fuerzas que en el interior de la unidad estaban sus hijos.
Un pequeño de tres años de edad murió al recibir dos impactos de balas en la cabeza, lo cual provocó una ola de indignación y repudio ante el reconocimiento de la incompetencia policíal por parte del gobernador del estado, Sergio Cabral.
Al día siguiente el jefe de operaciones de la Policía Militar demostró no tener la menor noción del problema: para disponer de más policías en la calle, ordenó la suspensión de todos los cursos de entrenamiento.
Poco antes, el 28 de junio, otro policía militar que cumplía funciones de guardaespaldas de la familia de una jueza dio muestras de inmadurez y falta de preparación ante emergencias a la salida de un "boite" (establecimiento para escuchar música y tomar bebidas).
Al tratar de separar a un grupos de adolescentes enfrascados en una pelea, entre los cuales se encontraba un joven bajo su protección, el guardaespaldas sacó su arma e hizo varios disparos, uno de los cuales mató a un joven de 18 años. Nadie más estaba armado en el lugar.
La noche del 14 de julio pasado un hombre víctima de un "secuestro relámpago" (modalidad de asalto en que el ladrón lleva a la víctima con él para que retire dinero con su tarjeta bancaria) fue muerto por los policías que perseguían al asaltante tras acribillar el auto en el que viajaban.
Lamentablemente, no se trata de un problema localizado, exclusivo de la policía de Rio de Janeiro.
El fin de semana pasado un automóvil rompió un bloqueo de un control policial en el estado de Paraná, centro de Brasil, y la descripción del vehículo fue transmitida por radio a las demás unidades móviles.
Dos policías vieron un automóvil que correspondió a la descripción cerca de la ciudad de Porto Amazonas y dispararon contra él sin previo aviso. El conductor resultó herido y su acompañante, una chica de 21 años, murió con un balazo en la cabeza.
El último viernes, en la ciudad de Recife (capital del estado de Pernambuco), una pareja que salió con cinco niños menores de 11 años de una fiesta infantil fue asaltada en un semáforo por tres delincuentes, donde dos policías militares que estaban cerca abrieron fuego contra ellos.
Dos de los asaltantes huyeron, mientras que el otro, de 14 años de edad, entró al automóvil de sus víctimas para protegerse. Los policías se acercaron y volvieron a disparar, acción que dejó una niña de nueve años muerta y dos niños más de seis y 11 años heridos.
La falta de entrenamiento adecuado también causó la muerte de policías.
El último jueves, dos de uniformados que vigilaban un barrio residencial de Rio de Janeiro desde un vehículo fueron ametrallados por delincuentes que pasaban y que se llevaron sus armas.
El atentado ocurrió al amanecer y, por la posición de los cuerpos y los bancos reclinados, la pericia concluyó que los dos veteranos policías, de 34 y 40 años, estaban durmiendo cuando fueron sorprendidos.
Además de esos casos extremos, la cantidad de víctimas inocentes de "balas perdidas", cada vez que la policía enfrenta a bandidos armados, no cesa en Rio de Janeiro ante la desesperación de sus habitantes.
De acuerdo con el gobernador de Rio, su secretario de Seguridad Pública, José Mariano Beltrame, y la alta jerarquía de las policías Civil y Militar, la política de seguridad es correcta y no cambiará, pese a que la Policía Militar carioca sea la que más muertes causa en el país.
Hasta ahora nadie habla de entrenamiento, de cambios en el sistema de reclutamiento u otras medidas para mejorar el nivel de los policías, quienes ganan apenas entre 560 y 1.050 dólares al mes. (Xinhua) 21/07/2008
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