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Los precios de los alimentos superaron en lo que va del año los valores generales en al menos 2 puntos porcentuales en Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Panamá, Perú y Venezuela, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
En su último "Observatorio del Hambre para América Latina y el Caribe", la FAO señaló que aunque la región está mejor preparada para enfrentar "shocks" económicos, el fenómeno de alza de precios de los alimentos tiene repercusiones diferentes entre los países y, en particular, entre los diferentes grupos socioeconómicos de la población.
Afirmó que la población en condiciones de pobreza será la más afectada ante la continua alza en los precios de los alimentos, ya que destina una mayor proporción del gasto a su alimentación.
El estudio indicó que el promedio de gasto en alimentos de la población más pobre, para el caso de los siete países, bordea el 46 por ciento del gasto total, mientras que la población más rica destina, en promedio, un 23 por ciento al gasto en alimentación.
En casi todos los casos, la proporción que destina la población más pobre a la compra de alimentos es el doble que la que destina la población más rica.
En los cinco primeros meses de 2008, los más pobres en dichas naciones han experimentado un encarecimiento en su costo de vida general de 2,8 por ciento, en tanto que la población más rica sólo ha experimentado un alza de sus costos de vida de 1,5 por ciento.
La desaceleración de la economía de Estados Unidos, la devaluación del dólar y el alza de los precios de los "commodities" (mercancías), principalmente alimentos y petróleo, constituyen las principales características del incierto panorama internacional de 2008.
Sus efectos comienzan a observarse en el aumento de la inflación y el menor crecimiento económico de los países de la región.
Entre los factores que explican esta situación, están el acelerado ritmo de crecimiento de los países en desarrollo, la producción de biocombustibles, los factores climáticos que afectan la producción y el aumento de los costos de insumos agrícolas por elevados precios del petróleo.
Se agregan la reducción de las reservas de alimentos, la especulación de mercados financieros y de "commodities" y, finalmente, las políticas reactivas para restringir las exportaciones de alimentos.
No obstante, existe poca claridad sobre en qué medida cada uno de estos factores influye en cada país, si se trata de un fenómeno transitorio o permanente, y de cuáles serán los impactos específicos del alza de precios y de las respuestas de política a nivel nacional y entre los grupos de población.
La FAO sugiere que la comunidad internacional construya acuerdos para dar soluciones y aprovechar oportunidades del actual contexto internacional.
Sobre todo, si se considera que los elevados precios de los alimentos tienen su origen no únicamente en el desbalance entre la oferta y la demanda, sino además en el funcionamiento de los sistemas agroalimentario y financiero mundiales.
Según el organismo, hay una amplia diversidad de medidas y acciones que los países están desplegando para contener potenciales riesgos de inseguridad alimentaria, aunque no necesariamente son iniciativas "nuevas".
Destaca el hecho de que las medidas orientadas a la disponibilidad de alimentos o al aumento de la oferta son las más frecuentes entre los países de la región, sea a través de acciones en el ámbito del comercio internacional o de apoyo a la producción interna.
En el otro extremo, las medidas referidas a la estabilidad son escasas por ahora, probablemente porque son más complejas a la hora de diseñar e implementar, en general, con horizontes de más largo plazo y, por lo tanto, menos propicias para atender situaciones de mayor urgencia.
Se aprecia el renovado protagonismo del sector público que está emergiendo en varios países, interviniendo en áreas de políticas donde hasta hace poco no lo hacía.
Se trata de un conjunto de programas públicos que involucran directamente a agencias gubernamentales en procesos de abastecimiento alimentario a la población, en algunos casos, incluso, participando o coordinando los procesos productivos.
Por ejemplo, se pueden mencionar los programas de compras públicas de productos agrícolas a pequeños productores para su posterior distribución en las redes de alimentación social, como son los casos de Brasil y Panamá.
También están los dispositivos de abastecimiento de alimentos a la población en Bolivia, Brasil, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Panamá, Perú, Uruguay y Venezuela.
Finalmente, aunque menos extendido pero en la misma línea, se puede mencionar la gestión pública de reservas estratégicas (inventarios) de algunos alimentos básicos, que están implementando países como Brasil, Ecuador, Honduras y México. (Xinhua) 21/07/2008
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