Actualizado a las 2008:07:28.08:41

Salvar el Pantanal mientras hay tiempo

La región del Pantanal matogroense, uno de los verdaderos paraísos naturales con que cuenta Brasil, es el teatro de una lucha silenciosa entre el desarrollo económico y la conservación.

Esa extensa llanura inundable, cuya mayor parte está en Brasil pero que se extiende también a Bolivia y Paraguay, es el mayor ecosistema de ese tipo en las Américas, al cubrir 230.000 kilómetros cuadrados de superficie.

Su aprovechamiento económico de forma sustentable fue uno de los ejes de la octava Conferencia Internacional sobre Areas Húmedas, organizada por la Asociación Internacional de Ecología (Intecol) y la Universidad Federal de Mato Grosso del 20 al 25 de julio.

Con la participación de cerca de 700 especialistas de 28 países, la conferencia se realiza por primera vez en un país sudamericano desde que se inició en 1976, reuniéndose desde entonces cada cuatro años.

La reunión, realizada en la ciudad de Cuiabá, capital de Mato Grosso, sirvió para dar a conocer el recién creado Centro Nacional de Investigaciones del Pantanal, a cargo del Ministerio de Ciencia y Tecnología de Brasil.

Paralelamente a sus debates y conferencias, delegados de Argentina, Brasil, Colombia y Uruguay decidieron la creación de la Sociedad Sudamericana de Areas Húmedas, que se destina a estudiar ese tipo de ecosistemas.

Verdadero laberinto de ríos, lagunas e islas de vegetación, el Pantanal es al mismo tiempo un área de transición entre la selva tropical y los campos abiertos, y punto de encuentro de las dos mayores cuencas hidrográficas de América del Sur: la del Amazonas y la del Plata.

Desde hace tres siglos se desarrolla en la región intensa actividad ganadera, que consiguió adaptarse a las condiciones locales y crecer sin amenazar las peculiares características biológicas de la región.

Como resultado de esa simbiosis, sobreviven allí 650 especies de aves, sus ríos cuentan con 263 especies de peces y sus selvas protegen a 80 especies de mamíferos, desde los jaguares hasta los monos y los tapires.

Ese paraíso natural, sin embargo, está en peligro. En los últimos años ha crecido con fuerza la actividad turística, que si bien estimula por un lado la conservación, por otro contribuye a la contaminación de los ríos con basura y residuos de combustible.

Pero de acuerdo a los especialistas reunidos en Cuiabá, en este momento la peor amenaza a su sobrevivencia es la práctica de la ganadería intensiva, que se extiende cada vez más y transforma el territorio de modo negativo.

De acuerdo con Walfrido Tomás, especialista en biodiversidad de la Empresa Brasileña de Pesquisa Agropecuaria (Embrapa, estatal), los ganaderos más "avanzados", en general nuevos en la región, ya destruyeron el 17 por ciento del Pantanal.

"Se trata de empresarios que no tienen vínculos culturales con el paisaje "pantanero", y que después de invertir bastante dinero en tierras, quieren un retorno rápido del capital, por medio de la deforestación", afirmó Tomás.

El especialista señaló que, mientras la ganadería tradicional se desarrolló integrada al ecosistema y al ciclo anual de las aguas, la intensiva derriba árboles y deseca pantanos para plantar praderas artificiales.

"El Pantanal tiene paisajes muy diversificados, praderas, lagunas, islas, manchas de selva, cordones arenosos, todo mezclado", dijo la bióloga Cátia Nunes, de la Universidad Federal de Mato Grosso.

Frente a esa diversidad, los nuevos ganaderos que aspiran a la uniformidad de las praderas la encaran como un obstáculo y tratan de modificarla, deforestando, desviando cursos de agua, señaló Nunes.

El gobernador Blairo Maggi, de Mato Grosso, observó por su parte que no se puede pensar en un paraíso natural sin actividad económica alguna. "Tiene que haberla; lo que importa es reconocer los errores y resolver los problemas", sostuvo.

Maggi, quien participó por un día en las discusiones de la Intecol, destacó que la región "pantanera" no es propia para la agricultura, lo que elimina varios problemas, pero tiene características muy apropiadas para la ganadería responsable.

"Ningún otro estado brasileño tiene una legislación de protección ambiental como la de Mato Grosso que, en el caso del Pantanal, sólo permite la ganadería y el turismo como actividades económicas", afirmó.

Pero los especialistas incluyeron precisamente esas dos actividades como amenazas, dentro de las numerosas recomendaciones concretas que reunieron en la Carta de Cuiabá, documento que sintetiza sus inquietudes.(Xinhua)
28/07/2008

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