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Brasil puso el día 22 en remojo las barbas de su sistema bancario, al adoptar una nueva medida preventiva que permitiría estatizar bancos con problemas de liquidez y que ha sido bien recibida en medio de la incertidumbre internacional.
El gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva publicó un decreto que faculta los estatales Banco do Brasil y Caixa Económica Federal a comprar acciones o la totalidad de bancos y otras empresas financieras que tuvieran problemas de liquidez.
El anuncio despertó suspicacias en la prensa y en el público, pues hay quien teme que el gobierno sepa más de lo que dice.
Respecto a la resolución que garantiza aportes públicos a la banca, el ministro de Hacienda, Guido Mántega, dijo que esa inyección será hecha a precios y costos de mercado y una vez oxigenadas las instituciones podrán ser revendidas de nuevo.
"No hay bancos quebrando. El sistema financiero es sólido, es más sólido que otros porque es más prudente", dijo Mántega al destacar el bajo nivel de endeudamiento y de créditos sobre el patrimonio de las instituciones brasileñas.
También destacó que en el sistema financiero no hay papeles "podridos" como los título de hipoteca de alto riesgo que están en la génesis de la crisis mundial.
Las impresiones del ministerio son avaladas por especialistas del sector financiero, aunque como admite Mántega "hay evidentes problemas de liquidez, puntuales" en algunos bancos pequeños y medianos provocados por el estancamiento de fondos dentro del sistema.
La firma brasileña de calificación de riesgo Austin Rating señaló en un informe poco después de los anuncios que "el actual panorama de capacidad de solvencia de las instituciones brasileñas es de solidez".
"Los eventos ocurrido en el exterior, con el registro de diversas instituciones financieras en dificultades o hasta siendo liquidadas no se refleja en el sistema financiero nacional", recalcó la consultora.
Señaló que el sistema de concesión de crédito de Brasil es uno de los más sofisticados del mundo tras la experiencia de los años 80 y 90, cuando el país atravesó una hiperinflación y constantes devaluaciones y quiebras de instituciones.
La medida provisional dictada hoy "tiene el carácter de fortalecer y proteger las instituciones financieras de mediano y pequeño porte", destacó Austin Ratings.
El propio ministro Mántega y el presidente del Banco Central, Henrique Meirelles, destacaron que esta medida es un avance después de otras normas recientes, como la reducción del encaje legal (proporción de fondos que deben ser inmovilizados por la banca como garantía) y la autorización para transferir recursos entre las instituciones privadas.
El vice presidente de Finanzas del Banco do Brasil, Aldo Luiz Mendes, aclaró que la institución no tiene previsto comprar bancos más allá de tres que está negociando hace algún tiempo.
En realidad la nueva medida lo que permite a los bancos estatales es estar en igualdad de condiciones que los privados para participar de eventuales fusiones y adquisiciones de entidades, en un proceso como el sucedido en Estados Unidos y Europa, dijo Mendes.
"La medida tan solo se anticipa a un movimiento que puede venir a suceder", explicó el ejecutivo, citado por la oficial Agencia Brasil de Noticias.
Mientras tanto, la Federación Brasileña de Bancos (Febraban) recalcó que el sistema financiero brasileño es más saludable y diferente al de Estados Unidos y Europa, donde existían bancos de inversión con operaciones agresivas de crédito e índices de riesgo altos, en la relación entre su patrimonio y la cartera de créditos.
En Brasil la proporción de crédito circulando respeto al tamaño de la economía sigue siendo baja, aunque ha crecido de forma sostenida en los últimos meses.
El Banco Central informó hoy que el volumen de créditos en circulación alcanzó a un billón 149.000 millones de reales al cierre de septiembre (unos 638.000 millones de dólares al tipo de cambio de hoy), con un aumento del 3,5% respecto a agosto y de 34% en 12 meses.
El saldo total equivale al 39% del Producto Interno Bruto, contra 33% en septiembre de 2007 y está todavía muy por debajo del de otros países, especialmente los desarrollados, donde el crédito llega superar el 100% del PIB.
Con todo ese volumen la tasa de impago, con atrasos superiores a 90 días cayó en dos décimas, hasta 4,0% del total de la cartera de préstamos de la banca. (Xinhua) 23/10/2008
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