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La agenda de debates de la reunión de ministros de Finanzas y presidentes de bancos centrales del G-20 de este fin de semana en Sao Paulo, Brasil, apunta a encontrar vías de salida para la crisis financiera mundial.
El encuentro tendrá continuidad en la Cumbre del G-20 -de países industrializados y las principales naciones emergentes- a celebrarse el 15 de noviembre en Washington a iniciativa del presidente estadounidense, George W. Bush.
Las reuniones podrían sentar las bases para un "nuevo Bretton Woods", es decir, la creación de una nueva arquitectura financiera basada en un pacto internacional, a la manera del que fue establecido en la pos-guerra con el establecimiento en 1945 del dólar como moneda de reserva, y que ha perdido vigencia definitivamente.
Ante las perspectivas de graves efectos de la crisis financiera sobre la economía real, la tendencia de los gobiernos es de impulsar medidas para aumentar el crédito y estimular el consumo, en lo que los especialistas califican de políticas de corte "keynesiano".
El calificativo alude al economista británico John Maynard Keynes, que en la época de la Gran Depresión impulsaba la intervención estatal como vía de salida para la crisis.
Entre las medidas están los cortes coordinados de las tasas de interés definidos por las autoridades monetarias de Estados Unidos, Europa y Japón, para garantizar la liquidez y restablecer la confianza en los mercados financieros.
Otras políticas conjuntas para inyectar recursos en la economía mundial podrán ser definidas en las reuniones del G-20, incluyendo mayores estímulos fiscales, ayudas a los bancos y una mayor coordinación macroeconómica.
Con relación al funcionamiento del sistema financiero, los países europeos defienden la reformulación de todo el mercado mundial de capitales y de la forma en que bancos y agencias de clasificación de crédito son administrados.
La propuesta europea es la creación de supervisiones colegiadas para todas las empresas transnacionales importantes; más mecanismos de control de riesgo sobre las instituciones financieras; un código de conducta contra riesgos excesivos.
Europa defende también la ampliación del Foro de Estabilidad Financiera (FSF), entidad formada por agencias reguladoras, bancos centrales y autoridades financieras del G-7, grupo de los países más desarrollados.
Por su parte, los países en desarrollo, en especial los miembros del grupo BRIC (Brasil, Rusia, India y China), reclaman una reforma del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial guiada por una representación más igualitaria y un mayor balance entre países desarrollados y no desarrollados.
Ellos coinciden en la necesidad de establecer reglas más sólidas para impedir los abusos que fueron cometidos, más regulación y mayor transparencia, con la creación de organismos internacionales para regular las actividades financieras, lo que ahora sólo ocurre a nivel nacional.
Por otra parte, los países en desarrollo subrayan la necesidad de contrabalance a las pérdidas por la caída de los precios de las materias primas que sufren países que dependen de las exportaciones de esos productos.
Los emergentes quieren también retomar la Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y prevenir el proteccionismo frente a la actual turbulencia internacional.
Un punto especialmente polémico y sobre el que las discusiones aún no consiguieron avanzar es el papel que debería jugar el dólar en la nueva estructura financiera mundial.
Elevado por el sistema de Bretton Woods como moneda de reserva internacional, el dólar ha perdido fuerza desde el fin de su convertibilidad al oro en 1971, pero continúa siendo la moneda de referencia más importante.
Con la crisis financiera en los Estados Unidos y su alto endeudamiento público, la moneda estadounidense parece dejar de cumplir las condiciones para continuar como moneda fuerte y asegurar un sistema financiero internacional estable. (Xinhua) 10/11/2008
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