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El ambiente festivo carnavalero visitó el Palacio Quemado (de gobierno) y se convirtió en una gran celebración de la diversidad del nuevo estado plurinacional en Bolivia.
La fiesta de carnaval unió al oriente con el occidente, indígenas, clase media, campesinos, clase media y ciudadanía en general en la plaza Murillo.
El acto carnavalero lo encabezó el presidente de Bolivia, Evo Morales, junto al vicepresidente Alvaro García Linera y ministros de estado, y dio paso a los cuatro días de carnaval que se celebra en el país.
Este sábado, Morales Ayma resaltó con su presencia la tradicional entrada Folklórica de Oruro, Patrimonio Intangible de la Humanidad, donde más 10.000 danzarines muestran su gala.
Al son de las mejores bandas del Carnaval de Oruro, el kilómetro cero de la sede de gobierno, tembló al ritmo de los "chukutas (personaje paceño del carnaval de antaño), de las polleras y ropas multicolores de collas,chapacos, cochalas y cambas.
Fue el punto donde bolivianos de diferentes estratos sociales con diferencias ideológicas y políticas se reecontraron en una fiesta nacional.
Volvieron del pasado "Los Olvidados", para imponer a su paso personajes revividos del siglo XIX; mujeres con sombrillas y vestidos de gala,caballeros con ternos apretos y calzados brillantes.
Rostros morenos, mestizos, blancos, avejentados, todos se vieron envueltos por la magia cultural carnavalera.
El presidente Evo Morales dejó de lado la rutina protocolar para convertirse en el anfitrión de la fiesta carnavalera; junto al vicepresidente, Álvaro García Linera, sus ministros, viceministros y directores, comenzó el ritual carnavalero.
Colocó uno a uno y una a una, la serpentina multicolor de más de dos metros alrededor del cuello de sus colaboradores, y ellos, cual si fuese la bendición, agachaban la cabeza y esperaban emocionados el abrazo.
Continuó con diplomáticos, cooperantes internacionales y amigos presentes.
Al presidente también le tocó lo suyo; abultadas serpentinas colgaban de su cuello en reciprocidad al gesto, y sin más preámbulo inició el baile carnavalero.
Tomó de las manos a una joven cholita y comenzó a bailar. Minutos más tarde, el vicepresidente también acompañó la danza con una juguetona tarijeña.
El canciller Choquehuanca, hombre muy serio, se distensionó y se dejó llevar por el ritmo andino.
Previo al ritual, danzas de todo el país dejaron sus huellas en plaza Murillo; la diablada impresionó a propios y extraños.
Los afrobolivianos se impusieron tanto que hasta los diplomáticos intentaban imitar sus pasos. Ahora son nación.
El alma de niño despertó en muchas autoridades, como sucedió con el portavoz Iván Canelas, quien comenzó a rociar espuma a cuanta autoridad se le acercaba.
El presidente siguió el juego hasta sorprender a periodistas y camarógrafos que no perdían detalle de lo que sucedía.
La fiesta folklórica y cultural que se vivió en puertas de Palacio de Gobierno fue tan significativa porque mientras seguía el festejo, la mesa ofrecida a la Pachamama (madre tierra) con elementos para la salud, la vida,la prosperidad, la unidad, la paz y el trabajo, se consumía de a poco sobre el fuego entre los inciensos que invadieron la atmósfera carnavalera de viernes. (Xinhua) 23/02/2009
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