Actualizado a las 2009:04:20.11:20

La confianza y la nueva era de prosperidad en las Américas

Con la promesa de iniciar una nueva etapa en sus relaciones bilaterales, los mandatarios de Estados Unidos y América Latina concluyeron el día 19 la V Cumbre de las Américas, en un ambiente moderadamente optimista, tras un diálogo franco y abierto, que contribuyó a elevar la confianza mutua.

Aunque no hubo unanimidad en todos los temas que se debatieron, los mandatarios sí coincidieron en que se abría un nuevo capítulo en los complejos vínculos de las dos regiones, separadas no sólo por las asimetrías económicas, sino también por las diferentes visiones para alcanzar el desarrollo.

Lo más novedoso de este cónclave fue la postura constructiva del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, quien se esforzó por convencer a sus pares de que desea tener una relación de igual a igual con ellos, lo que contrasta con la actitud de su antecesor, George Bush.

Hace cuatro años, en la cumbre de Mar del Plata, Argentina, Bush sufrió una derrota política al ser rechazada su propuesta de crear un Area de Libre Comercio para las Américas (ALCA), la cual ha quedado definitivamente sepultada en Trinidad y Tobago, donde no fue mencionado ese proyecto.

La frase de Obama en su discurso ante la cumbre: "No vine aquí a debatir el pasado, vine a hablar del futuro", podría inscribirse en la historia si su retórica pasa a convertirse en hechos concretos.

Pese a que la agenda de esta cumbre incluía una temática variada, desde la prosperidad, la gobernabilidad democrática, la seguridad energética y el cambio climático, los temas de la crisis económica global y el bloqueo estadounidense a Cuba concentraron la atención de los jefes de Estado y Gobierno.

La Declaración de Compromiso de Puerto España no recoge propuestas concretas para enfrentar la debacle económica mundial, pero en los debates se adhirieron a los acuerdos de la cumbre del G-20 del pasado 2 de abril en Londres, expresando preocupación porque los organismos internacionales prevén que la economía mundial tendrá en 2009 un crecimiento negativo.

Los mandatarios confirmaron que todos los países ya están sufriendo los efectos de la crisis, no sólo en las caídas de las exportaciones y los precios de las materias primas, sino en el empleo y el ingreso de los sectores vulnerables, lo que llevará a la pobreza a unos seis millones de personas.

En los tres días de la cumbre, el jefe de la Casa Blanca no escuchó a sus interlocutores señalar que esta vez la crisis internacional nació en la región, como recordatorio de los malos manejos económicos de Estados Unidos y la obligación de este país a aportar las soluciones.

En esta oportunidad prevaleció la franqueza y la cordialidad, cuando había grandes expectativas de confrontación, básicamente por la posición de los países que integran el ALBA (Alternativa Bolivariana de las Américas), encabezada por Venezuela, que pedían una respuesta convincente ante la crisis y el término del embargo a Cuba.

Los integrantes de ALBA no firmaron la Declaración final, pero decidieron no cuestionarla, en aras de contribuir al éxito de la cumbre y enviar una señal constructiva a Obama ante su buena voluntad. Su tesis era que un fracaso podría tronchar la idea de Obama de iniciar una nueva era en los lazos entre el norte y el sur de América, cuya historia está llena de desencuentros por la política imperialista de Washington.

Obama optó por "escuchar y aprender", lo contrario de sus antecesores que se acostumbraron a visitar a los países latinoamericanos y caribeños para dar órdenes e imponer políticas alejadas de la realidad de la región, donde Estados Unidos ha ido perdiendo poder e influencia en las últimas décadas.

Resulta de gran interés que el presidente estadounidense aceptara la actual diversidad de regímenes políticos de la región y su pluralidad político-ideológica, incluyendo a Cuba, que fue separada de la Organización de Estados Americanos (OEA) por adoptar el marxismo-leninismo, considerado "incompatible" con el sistema interamericano.

Por ello, el clamor expresado por América Latina y el Caribe para pedir el fin del bloqueo a la isla, que le ha ocasionado no sólo pérdidas económicas, sino daños irreparables a la población, refleja la unidad continental hacia un pequeño país, que está considerado como un símbolo de resistencia ante el imperio.

Al mismo tiempo, la histórica oferta de diálogo con Cuba significó el mayor esfuerzo político de Estados Unidos en esta cumbre, y genera una nueva relación con la región, lo cual fue reciprocado por La Habana, dispuesta a conversar cualquier tema, pero ha exigido que sea de igual a igual, con respeto a su soberanía.

La propuesta de Washington está acompañada de ciertas condiciones que podrían entorpecer las negociaciones y no incluye la idea de levantar el bloqueo a la isla, pero el interés mutuo por cambiar el status actual, nacido en la Guerra Fría, debiera prevalecer y normalizar las relaciones, como han pedido los gobiernos de la región.

Si hay ganadores en esta V Cumbre, fueron Cuba porque se le hace justicia y el gobierno de Estados Unidos por asumir que hay que avanzar hacia el futuro con una nueva política hacia sus vecinos del sur, ya que ambas se necesitan mutuamente.

En esta visita a la región, Obama anunció varios proyectos, como un acuerdo interamericano contra el tráfico de armas que sirve a los cárteles de la droga, un fondo de 100 millones de dólares para favorecer los préstamos a las pequeñas empresas, una iniciativa de 30 millones de dólares para reforzar la seguridad en el Caribe y una asociación para la energía y el clima.

A diferencia de otras cumbres hemisféricas, en Puerto España hubo más llamados a derrotar enemigos comunes, como la pobreza, la inestabilidad financiera y la crisis económica, y menos críticas a Estados Unidos por sus acostumbradas políticas injerencistas.

La cumbre termina con muchas promesas e interrogantes sobre el futuro del hemisferio, en medio de la peor crisis económica desde el siglo pasado, pero esta situación pudiera ser una oportunidad para un "nuevo comienzo", donde tanto Estados Unidos como América Latina y el Caribe tienen que poner de su parte para consolidar la confianza establecida en Trinidad y Tobago.

Ese proceso se ha iniciado, pero se necesita una fuerte voluntad política de ambas partes para construir una nueva y verdadera etapa de prosperidad en las Américas. (Xinhua)
20/04/2009

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