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Pocos países del llamado Tercer Mundo han tenido un protagonismo tan decisivo en el mundo contemporáneo como Cuba, que en el último medio siglo ejerció una política exterior a la altura de una potencia.
Antes de 1959, cuando aún no había triunfado la guerrilla que encabezó Fidel Castro, Cuba no tuvo mucha preeminencia internacional y su política exterior era dependiente de la de Washington.
Entonces, entre las figuras internacionalistas más descollantes estaba el abogado Cosme de la Torriente, primer hispanoamericano electo presidente del Tribunal de Justicia de La Haya, a inicios de los años 20 del siglo pasado.
También cuenta el jurista Antonio Sánchez de Bustamante, creador del llamado Código Bustamante, adoptado por varios países americanos y que sentó las bases del Derecho Internacional.
Después del 1 de enero de 1959 cuando se fundó el Ministerio de Relaciones Exteriores, la isla adquirió una proyección internacional inédita para sortear el acoso de Estados Unidos, que desde temprano pasó a ser el principal adversario de Cuba.
El anuncio de lo que vendría fue la organización en 1966, en La Habana, de la Primera Conferencia Tricontinental de Solidaridad con los Pueblos de Asia, Africa y América Latina.
En esa ocasión participaron numerosos líderes políticos y crearon la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, Africa y América Latina (OSPAAAL).
A partir de ahí, el gobierno cubano desarrolló una ofensiva externa que era singular y autónoma, a pesar del alineamiento con el bloque socialista que encabezaba la Unión Soviética.
El entonces ministro de Relaciones Exteriores, Raúl Roa, escribió en octubre de 1968 un artículo en el que afirmaba que la política exterior del país estaba condicionada por la región geográfica en la que se ubica.
Según Roa, conocido como El Canciller de la Dignidad, esa política es "dictada por los principios, las necesidades y las aspiraciones del pueblo cubano, de los movimientos de liberación de América Latina, Africa y Asia, y del movimiento comunista internacional".
La influencia de Cuba sobre el Tercer Mundo creció rápidamente y en septiembre de 1979 llegó a presidir el Movimiento de Países No Alineados, tras la VI Cumbre realizada en La Habana.
Sobre la base de los principios y la solidaridad, el gobierno cubano supo desarrollar y multiplicar sus iniciativas de influencia mundial, mucho más allá del Movimiento No Alineados.
Cuba se involucró en la descolonización de Africa y tuvo una relevante actuación en el fin del apartheid en Sudáfrica, el surgimiento del estado de Namibia y la estabilización de procesos como el de Angola.
Después de su experiencia militar africana, y tras el derrumbe del campo socialista europeo, la isla tuvo que reconsiderar su política exterior que se centró en potenciar la cooperación, la solidaridad y la integración.
Constructores, médicos, médicos, instructores deportivos y artistas, entre otros, conformaron el ejército de colaboradores cubanos que se desplegaron por todo el mundo.
De manera paralela, se impulsó una estrategia que ya se había experimentado, con la concesión de becas de estudios a jóvenes de familias de bajos recursos, que vinieron a estudiar gratuitamente a la isla, en especial medicina.
Los resultados de la política exterior actual de Cuba, superan la abrumadora condena que cada año recibe el bloqueo de Estados Unidos en la Asamblea General de Naciones Unidas o el otorgamiento de un escaño en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.
Millares de profesionales que se formaron en Cuba y regresaron a sus países, se han convertido en defensores de una nación que aunque pobre, ha hecho de la solidaridad su principal divisa en la política exterior. (Xinhua) 15/06/2009
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