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Actualizado a las 2011:12:07.09:42

Artículo de fin de año: 2011, año de grandes desafíos en Chile

Por Omar Mendoza

El gobierno de Sebastián Piñera cierra el 2011 con un país con crecimiento en torno al 6 por ciento y un bajo nivel de desempleo, pero con baja popularidad, en medio del mayor conflicto social que ha estremecido a Chile este año.

Si bien el exitoso rescate de los 33 mineros, atrapados en una mina a 700 metros de profundidad, catapultó al mandatario hasta llegar al 63 por ciento de popularidad, las últimas encuestas lo muestran con una adhesión menor al 30 por ciento, habiendo ganado la elección presidencial con un 53 por ciento hace 23 meses.

Piñera fue el primer mandatario de la derecha electo democráticamente en más de cinco décadas, aunque este sector gobernó junto al régimen militar que derrocó al presidente Salvador Allende en 1973.

Tras la recuperación de la democracia en 1990, Chile ha vivido una transición, que se ha desarrollado con estabilidad y en situación económica favorable, pero la sociedad sigue dividida aún y en la memoria permanece la negra época del régimen militar por sus crímenes y desapariciones de personas.

Con sus promesas durante la campaña electoral, Piñera creó muchas expectativas entre la población, que ahora muestra su descontento a través de los sondeos de opinión.

Su llegada a La Moneda cambió el eje del sistema político surgido ese año y consolidado por los cuatro partidos de la Concertación, pero no tiene mayoría en el congreso, lo que le obliga a entenderse con la oposición para dar gobernabilidad al país.

"Una nueva forma de gobernar" fue el lema escogido por el mandatario para distinguir la gestión de su administración de los cuatro gobiernos consecutivos de la ahora opositora Concertación, argumentando que estaría marcada por la eficiencia en el manejo del Estado y la solución de los problemas de la gente.

Prácticamente, ello significó que todos los ministros y viceministros provenían del sector privado, de donde procedía Piñera, considerado uno de los hombres más ricos del país. Además, paralamentarios y los líderes de los dos partidos de derecha que lo apoyan: Renovación Nacional y Unión Demócrata Independiente, están estrechamente vinculados al poder económico.

Sin embargo, el nuevo modelo de gobernar fracasó y el presidente debió hacer tres cambios de ministros en menos de año y medio, terminando por incorporar a cuatro senadores de su alianza para fortalecer las decisiones políticas en su equipo de gobierno.

El comienzo de su adminitración fue difícil por los daños causados por el gran terremoto y maremoto del 27 de febrero de 2010; un grave accidente de tránsito, con decenas de muertos; y un incendio con la pérdida de 81 reos en una cárcel santiaguina. También hace poco una nueva tragedia aérea enlutó a Chile.

La reconstrucción tras el sismo, el quinto mayor de la historia, avanzó rápido en las obras públicas, como puertos, aeropuertos, carreteras, escuelas y hospitales, pero no ha ido al mismo ritmo en la construcción de las 220.000 viviendas destruidas, lo cual ha generado descontento entre los miles de damnificados.

Después vinieron las protestas ciudadanas contra el mega proyecto hidroeléctrico HidroAysén en la Patagonia chilena, rechazado fuertemente por las organizaciones ambientalistas, y contra el alza del precio del gas en la austral ciudad de Punta Arenas, que estuvo liderada por su alcalde.

En el primer caso, el gobierno ha dado su asentimiento para su construcción, argumentando la necesidad de aumentar la matriz eléctrica y exigiendo el cumplimiento de normas ambientales, pero, ante la exigencia de los magallánicos, debió ceder y no subir el gas y también cambiar al ministro de Energía.

Pero lo que más hizo caer la popularidad del mandatario han sido las protestas, promovidas desde el mes de abril pasado por el movimiento estudiantil y el magisterio, exigiendo una reforma a la educación y que ha contado con el respaldo del 80 por ciento de la población.

Estas demandas fueron retenidas durante los gobiernos de la Concertación por su política social, el prestigio de sus presidentes y el apoyo de los partidos y sus parlamentarios, que defendían al gobierno, pero Piñera no ha contado con total apoyo de legisladores y dirigentes de los partidos de derecha.

Han sido las manifestaciones más masivas desde los años 90, donde ha participado la clase media, y, según los analistas, no sólo han sido para rechazar el lucro en la educación, su baja calidad y por ampliar la enseñanza pública, sino también contra el modelo económico neoliberal establecido en los años de dictadura militar.

Ese modelo, regulado por la constitución de 1980, incluyó un sistema electoral que favorece a las dos grandes coaliciones políticas del país: la Concertación y la derechista Alianza por Chile, redujo el papel del Estado y privilegió al sector privado, aumentando la desigualdad social en el país.

En los últimos veinte años, el país ha crecido y se ha disminuido la pobreza a un 13 por ciento, pero se ha mantenido una ancha brecha entre ricos y pobres y las protestas representan una demanda por una mejor distribución del ingreso y también por una reforma al sistema político para hacerlo más democrático.

Por eso, aumenta el consenso en Chile para hacer reformas políticas y llevar a cabo un reajuste tributario para distribuir de manera más equitativa el ingreso nacional, pero las fuerzas derechistas no parecen estar dispuestas a ceder si se afectan sus intereses económicos.

La clase política chilena se ha anquilosado y, mediante "la política de acuerdos" entre las dos principales coaliciones, lejos de ganar prestigio, está siendo cuestionada y ampliamente rechazada por la población, como lo muestran todas las encuestas.

El gobierno ha tenido menos problemas porque la economía ha marchado bien, ha creado más de 400.000 puestos de trabajo y elevado la productividad del trabajo. Para el 2012 se pronostica un crecimiento en torno al 5 por ciento, pero esto depende de la evolución de las economías de Estados Unidos y Europa.

En materia social, logró una extensión del período oficial del post natal hasta seis meses en apoyo a las madres trabajadoras; eliminó la cotización del 7 por ciento en salud de los jubilados; creó una ley para proteger a los consumidores; y entregó el bono en efectivo "bodas de oro".

Sin embargo, no se perciben significativos avances en la reducción de los hechos delictuales en el país, que han aumentado en el último año y medio.

En la política exterior, donde existe consenso entre las fuerzas políticas, el gobierno de Piñera ha seguido la tradicional postura de los gobiernos anteriores de estrecha alianza con Estados Unidos; apertura comercial hacia el Asia Pacífico, en especial con China, su primer socio comercial; y una activa diplomacia en organismos multilaterales.

Sin embargo, con sus vecinos Perú y Bolivia, además de diferencias ideológicas, existe un deterioro en las relaciones por el reclamo marítimo peruano en el Tribunal de La Haya, y la decisión boliviana de llevar a tribunales internacionales su demanda por una salida al Pacífico.

La alianza de los partidos de derecha aspira a conseguir otro gobierno en las elecciones del 2013, pero si en los próximos meses Piñera y su gobierno no remontan en las encuestas, sería muy difícil que pueda repetir el triunfo de 2010.(Xinhua)
07/12/2011

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