¿Hillary se va o se queda? |
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A medida que Obama alcanza y sobrepasa a Hillary en el número de “superdelegados”, parece que ésta ha perdido su última “tabla de salvación”.
En esta singular contienda por la nominación de candidato a la presidencia por el Partido Demócrata, la voluntad inquebrantable de Hillary a pesar de sus repetidas derrotas fue elogiada durante algún tiempo hasta por los críticos. Sin embargo, a medida que la salida victoriosa ha llegado a ser cada vez más una “misión imposible”, la persistencia de Hillary parece cambiar de naturaleza.
Un medio de comunicación norteamericano ha puesto un enorme titular: “Hillary, ¡tú estás acabada!” También hay personas que reprocharon a Hillary diciendo que al no querer darse por vencida, sólo mostró su terquedad y miedo a la derrota; desde luego, a ojos de sus partidarios, su “terquedad” se ha convertido en un espíritu firme y tenaz lleno de solemnidad y tristeza.
En los círculos alpinistas hay un dicho: En ciertas circunstancias, desistir de escalar necesita más valor que continuar la escalada. Hillary se encuentra actualmente en una situación algo similar. Para la Hillary de ahora, persistir es incluso más fácil siempre que su tenacidad y valor puedan resistir a la prueba; al contrario, desistir es mucho más difícil: ¿Debe retirarse o no? ¿Qué oportunidad escoge para retirarse? ¿En qué forma se retirará? ¿Hasta qué punto se retirará? Reflexionar sobre estos problemas no sólo necesita simplemente un valor para darse por vencida, sino una sabiduría política más alta.
Lo que más debe pensar ahora Hillary quizás no sea deber irse o no, sino cómo irse más decente y gallarda. Ella necesitará sólo dar un paso hacia atrás para poder, al contrario, obtener un espacio más amplio para desarrollar su talento y hacer realidad su ambición.
Con respecto a esto, el ex vicepresidente norteamericano Al Gore es, sin duda alguna, un ejemplo excelente. (Pueblo en Línea) 12/05/2008
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