Actualizado a las 2008:12:10.13:42

La Casa Blanca defiende los únicos puntos brillantes que aún existen en su política diplomática

En el mes entrante Bush se mudará de la Casa Blanca. Ahora está haciendo grandes esfuerzos por destacar en lo posible los pocos puntos brillantes que existen en su diplomacia. De manera que su política hacia Corea, cuastionada por amplios sectores tanto internos como externos, rinda resultados más o menos aceptables en la presente ronda de negociaciones sextapartitas sobre el problema nuclear de Corea.

Durante sus mandatos de 8 años y en las dos guerras, la Administración de Bush carece de buenas notas en su diplomacia. Lo que deja en la historia no son sino cosas como “unilateralismo”, “eje de males”, y “guerra de Irak”.

En el problema de Irán no tiene camino de retroceso; en la Guerra de Irak le es difícil de desmontar del carro bélico; el futuro de la Guerra de Afganistán se halla en las brumas de la incertidumbre y lo impredecible. La guerra cobra envergadura creciente y confusión. Los enimgios son cada vez más numerosos, y el desencanto y la frustración proliferan en el estado de ánimo de sus aliados. Sólo en el problema nuclear de Corea, el Gobierno de Bush mantiene su postura no recurrir a la fuerza, y persiste en negociaciones diplomáticas.

De toda manera gracias a los incansables esfuerzos desplegados por China, la estructura de las negociaciones sextapartitas ha sentado una base sólida para la solución pacífica del problema nuclear de Corea. Y es proceso ha avanzado durante largo tiempo en medio de las visicitudes. Antes de dejar su cargo Bush puede afirmar por lo menos que durante su mandato ha mantenido estabilidad en la Península de Corea.

Con su unilateralismo el presidente Bush y su equipo diplomático han ofendido a sus aliados europeos, y han comenzado a reajustar su estrategia diplomática fortaleciendo la consulta y la comunicación. En la etapa posterior de su mandato su paciencia en el problema nuclear de Corea contrasta agudamente con el gesto retador y agresivo en la etapa inicial de su mandato. Desde luego, el camibo de actitud es un reflejo de la incapacidad de EEUU para ocuparse del Oriente, y una medida sin otra alternativa de cara a la realidad.

Bush y sus diplomáticos de peso no esperan, desde luego, que se les caiga la cara de vergüenza cuando echarán una vista retrospectiva a la diplomacia fructuosa de la Casa Blanca. De ahí se reanudan las negociaciones sextapartitas después de más de seis meses de estancamiento.

¿Qué está pensando y qué aún puede hacer la Administración de Bush en este invierno? Todo el mundo lo tiene claro, también la parte de Corea. Si se considera el avance de las conversiones sextapartitas como un gran regalo, ¿Corea lo ofrecerá al presidente Bush en su trance de descender del pedestal de poder o a Obama en trance de tomar el relevo? No es difícil encontrar una respuesta. En este sentido, el significado de la presente ronda de negociaciones no está en su avance concreto, sino en sus perspectivas de continuación. Tal como lo afirmó Wu Dawei, jefe de la delegación china, el presente encuentro asume una misión importante: ser nexo de unión entre el pasado y el futuro. (Pueblo en línea)
10/12/2008

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