Actualizado a las 2009:01:14.15:26

El conflicto palestino-israelí pone en prueba a Obama

Los ataques militares de gran magnitud lanzados por Israel contra Gaza ya han durado 18 días y han dejado un saldo de más de 900 muertos y más de 4.100 heridos. El enorme desastre humanitario causado por el conflicto palestino-israelí ha causado altas preocupaciones de la comunidad internacional. Este conflicto será una importante crisis internacional que debe enfrentar necesariamente el presidente electo estadounidense después de hacer posesión de su cargo y probará directamente su capacidad y sabiduría para tratar una crisis internacional.

La oportunidad escogida por Israel para su ofensiva de gran escala contra Gaza ha mostrado sus preocupaciones por la elección de Obama: En primer lugar, Obama no es tan pro-Israel como Bush. Desde su elección como presidente, los israelíes y los judíos estadounidenses han venido preocupándose por una probable inclinación política de Obama hacia los países árabes; en segundo lugar, Israel tiene numerosos recelos sobre la política del nuevo gobierno estadounidense para con el Medio Oriente. La parte israelí cree que a juzgar por las declaraciones públicas de Obama, el nuevo gobierno estadounidense reajustará probablemente su política para con Irán, Siria y Hezbollah y Hamas, y se siente preocupada porque este reajuste sea desfavorable para Israel; en tercer lugar, el reajuste de Obama sobre su política exterior y de seguridad no está en el mismo nivel que los intereses israelíes. Obama ya ha anunciado que retirará las tropas de Irak, que el Medio Oriente dejará de ser el centro del campo de batalla antiterrorista y que EEUU lo trasladará a Afganistán y Pakistán. Esto significa que la atención estadounidense hacia Israel descenderá probablemente.

Detrás de las operaciones militares israelíes están escondidos múltiples motivos: En primer lugar, debilitar a Hamas, cambiar la correlación de fuerza política en Gaza y toda Palestina, apoyar a las fuerzas moderadas encabezadas por Abas y ampliar la influencia de Al-Fatah en Gaza; en segundo lugar, eliminar la sombra dejada por la derrota en su guerra contra Líbano en 2006, mostrar de nuevo el poderío militar y atraer votos por el partido Kadima en las elecciones parlamentarias programadas para el próximo 10 de febrero; en tercer lugar, “aconsejar por fuera militar” a Obama y advertir al nuevo gobierno estadounidense que no se desvíe de la órbita de relaciones especiales estadounidense-israelíes.

La prueba para Obama en el conflicto palestino-israelí será, en realidad, una prueba para la política estadounidense hacia el Medio Oriente, lo que influirá necesariamente en el futuro desarrollo de la situación en el Medio Oriente. Ante todo, el conflicto palestino-israelí es el núcleo del problema del Medio Oriente, de modo que el tratamiento de la crisis palestino-israelí por Obama no sólo mostrará la esencia de su política hacia el Medio Oriente, sino que también constituirá la nueva base de las futuras relaciones estadounidense-israelíes y estadounidense-árabes. Si no se la trata apropiadamente, la futura política estadounidense para con el Medio Oriente será seriamente restringida y el proceso de paz en el Medio Oriente enfrentará una prueba rigurosa; en segundo lugar, el conflicto afectará probablemente a la reparación de las relaciones estadounidenses con los países árabes y con el mundo islámico. Durante su campaña electoral, Obama se comprometió a comunicarse de manera totalmente nueva y activa con el mundo islámico, mejorar las relaciones estadounidenses con éste, y tiene la intención de escoger un país islámico para pronunciar un importante discurso en el plazo de cien días después de asumir la presidencia, dando preludio a esta forma de comunicación totalmente nueva. No obstante, si Obama es considerado en este conflicto como elemento pro-Israel, ello producirá indudablemente fuertes influencias negativas sobre su política; en tercer lugar, el conflicto pondrá probablemente en peligro su reajuste de la política estadounidense hacia Irak y su política antiterrorista. El agravamiento del conflicto palestino-israelí ha dado origen a fuertes conmociones en el Medio Oriente, lo que obligará probablemente a Obama a reconsiderar su política de trasladar el centro antiterrorista hacia Afganistán y Pakistán.

Hasta la fecha, Obama, que asumirá pronto su cargo, se ha negado siempre a comentar las operaciones israelíes; ha dicho simplemente que “un país no tolera la presencia de dos presidentes” en tanto que los medios de comunicación describen con “un silencio ensordecedor” su indiferencia ante el conflicto sangriento palestino-israelí. Una razón pasable del silencio de Obama ante las operaciones militares israelíes es que todavía no ha asumido su cargo, lo que deja a sí mismo un espacio, pero tan pronto como asuma la presidencia, ese conflicto le significará sin duda alguna un “combate inesperado” e difícil de evadir. El conflicto palestino-israelí será la primera importante crisis internacional que encontrará después de posesionar su cargo y pondrá directamente en prueba la sabiduría diplomática de Obama y su capacidad de enfrentar las crisis. (Pueblo en Línea)
14/01/2009

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