Liu Yulan, obrera que vive en el distrito de Haidian, Beijing, salió de casa muy temprano en la mañana del 11 de agosto. Llevando en sus brazos un ramo de crisantemo blanco, llegó al Museo Nacional tras dos transbordos de autobús.
A la edad de 17 años, fue una trabajadora en el Cuerpo de Producción y Construcción del nordeste, donde permaneció 11 años. Gracias a la buena política trazada por Deng Xiaoping, pudo volver a casa de sus padres, ancianos ya. "Este afecto hondo suyo nunca lo olvidaré. Hoy he venido precisamente a saludarle..."
El alumno de diez años Yu Jingwei, de la escuela primaria Wenhe, ciudad de Yangzhou, provincia de Jiangsu, había venido a Beijing con su madre en un viaje turístico. Al término de visitar la exposición "Deng Xiaoping, la gran figura del siglo", madre e hijo fueron a la salida de la sala de exhibiciones para comprar unos libros acerca de Deng Xiaoping. La madre dijo: "Mi hijo es todavía un niño, pero debemos darle a conocer a nuestro gran personaje y nuestra nación".
En los dos primeros días de la exposición, concurrieron a ella numerosos visitantes, los cuales, de diferente edad y de distintas experiencias en su vida, abrigaban el mismo deseo de saludar a Deng Xiaoping.
Cada uno de los objetos exhibidos, de gran valor histórico, registra los profundos sentimientos entre el líder y el pueblo. Durante los años de guerra en las montañas Taihang, Deng Xiaoping dijo: "El pueblo es la madre del todo, es la fuente de todas las fuerzas de la lucha contra el enemigo". En septiembre de 1978, poco después de que volviera a la vida política, declaró con firmeza: "Somos demasiado pobres, estamos demasiado atrasados. A decir verdad, estamos en deuda con el pueblo. Ahora debemos desarrollar las fuerzas productivas para mejorar las condiciones de vida de la pueblo". Guardaba cuidadosamente la mochila con bordados hechos a mano por mujeres de minoría étnica cuando llevaba la dirección gubernamental del suroeste del país; mantenía desde hace muchos años en el antepecho de la ventana de su oficina los corales obsequiados por combatientes de guarnición de las islas Xisha...
Muchos visitantes se detenían ante la miniatura del famoso "sendero de Deng Xiaoping". Durante su destierro en la provincia de Jiangxi en octubre de 1969, el matrimonio Deng iba todos los días a trabajar al taller de reparación de tractores del distrito de Xinjian. Los obreros abrieron por cuenta propia una puerta en el muro trasero del patio de su alojamiento para facilitar su acceso al taller. Desde entonces apareció poco a poco una pequeña senda por el paso de la pareja de ancianos. Por el sendero extraordinario Deng Xiaoping caminó penosamente tres años, y durante este período de tiempo reflexionó a fondo.
En una vitrina quedaba un banderín triangular, que recordaba cómo había flameado entre los manifestantes de la capital en apoyo del tercer retorno de Deng Xiaoping a la dirección política.
El cuadro jubilado Xu Yiyou del Ministerio de Educación, de 72 años de edad, dijo conmovido: "¿Por qué Deng Xiaoping, con su vida legendaria de tres vicisitudes tremendas, pudo terminar cambiando el destino de centenares de millones de seres del pueblo chino? Porque fue abnegado, siempre tuvo en la mente al pueblo y estuvo lleno de fuerza en cualquier momento".
Zhang Baozhong, guardia y secretario de Deng Xiaoping durante más de 40 años, también vino a ver su antiguo dirigente. Le impresionó mucho una foto en la sala de exhibiciones. En la foto, que tenía como fondo el paso Huanggang de Shenzhen, Deng Xiaoping estaba mirando afectuoso hacia delante, hacia la tierra de Hong Kong.
"El venerable anciano estuvo allí en cinco ocasiones, y en cada una de ellas siempre miraba de tal manara. Su mayor deseo fue recorrer a Hong Kong tras su retorno al seno de la patria", dijo Zhang Baozhong ante la foto. Recordó el proceso de las negociaciones chino-británicas de 1984. Deng Xiaoping hablaba con tanta firmeza y con tanta elocuencia que la "dama de hierro" no pudo menos que callarse. Fue realmente representante de la voluntad de los 1.200 millones de chinos, de sus intereses..."
"Las experiencias corroboran que la construcción con puertas cerradas no conducirá al éxito, el desarrollo de China es inseparable del mundo".
Estas palabras sencillas emocionaron a dos funcionarios veteranos del Ministerio de Relaciones Exteriores. Shan Yi y Sun Zhiqin, quienes empezaron a trabajar en el Ministerio hace más de 40 años y estuvieron en muchos otros países, expresaron que un auténtico patriota debe estar al corriente de la marcha de la época y tener un punto de vista mundial. La contribución más grande de Deng Xiaoping consiste en que, con su perspicacia, superó múltiples obstáculos y persistió inconmovible en la reforma y apertura y, al mismo tiempo, jamás se olvidó de las peculiaridades chinas. "Hoy día hemos dejado de ser país de bajos ingresos, pero aún estamos muy rezagados en comparación con los países desarrollados. Es sumamente importante acelerar el desarrollo a la vez de tomar nuestro propio camino".
El brío y el patriotismo de la gran figura no sólo impresionan profundamente al pueblo chino. Un estudiante francés en China llevó en alto su cámara de vídeo entre la muchedumbre. Dijo que durante su estancia de cinco años en este país tenía nueva experiencia cada día que pasaba. "A mí me gusta Deng Xiaoping. Después de ver la exposición, bendigo más a China".
12/08/2004