El gobierno chino anunció pocos días atrás que los gastos presupuestarios de China para la defensa nacional en 2006 suman 283.800 millones de yuanes, equivalentes a aproximadamente 35.100 millones de dólares, lo que supone un incremento de 14,7% sobre el año pasado.
Hace mucho tiempo que el aumento de los gastos militares y el proceso de la modernización militar de China son foco de atención de los estrategas estadounidenses. El “Informe sobre la evaluación de la defensa de cuatro años” recién lanzado por la Secretaría de Defensa de EE.UU. realiza grandes alharacas acerca de la teoría de “amenaza militar china”, alegando que China, “como un gran país emergente que se encuentra en una encrucijada estratégica”, “tiene el mayor potencial para una competencia militar con EE.UU.”. El informe dice el disparate de que “la velocidad y magnitud de la construcción de las fuerzas armadas chinas han puesto en peligro el equilibrio militar regional”.
De hecho, la inmensa diferencia entre China y EE.UU. en lo que se refiere a las asignaciones para los gastos militares, la cantidad y las prestaciones de las armas y equipos, el número de países en que tienen acantonadas sus tropas y el número de estas últimas en ultramar, así como la tecnología militar de las fuerzas armadas, muestra con toda claridad que China no es capaz de amenazar a EE.UU. Y, por lo que respecto a la estrategia y política, China no tiene intención estratégica de amenazar a ningún otro país con el empleo de la fuerza. Esto se debe a que, por las características de la cultura estratégica, China se adhiere a la idea de “paz y diferencia” y de que “no hagamos al prójimo lo que no quisiéramos que nos hicieran a nosotros mismos” y subraya la moralidad de la acción militar. En la realidad actual, China persiste en seguir el camino de desarrollo pacífico y aplica la política de defensa nacional de carácter defensivo. En los últimos años, a medida que China lleva a cabo empeñadamente la política exterior de “vecindad armoniosa, estable y próspera” en relación con las regiones circundantes, es considerada por un número creciente de países vecinos como una fuerza constructiva y una oportunidad de desarrollo económico. China, bajo ningún concepto, no “amenaza el equilibrio y la estabilidad de la región de Asia y Pacífico” como lo describen algunas personas de EE.UU. y Japón.
Los que arman gran alboroto sobre la “amenaza militar china” no entienden los hechos reales de este país. Tal y como señaló el 6 de marzo el capitán general Liao Xilong del Ejército Popular de Liberación, los gastos de China para la defensa nacional son bajos frente a los de los principales países del mundo tanto en lo tocante a la cantidad absoluta y la suma per cápita correspondiente a los militares como en lo que atañe al porcentaje que representan en el producto interior bruto. La cuantía aumentada de los gastos para la defensa nacional se designará fundamentalmente a los siguientes tres aspectos: El uno es el sustento de los soldados. Otro es el fomento de la informatización de las fuerzas armadas. Y el tercero es el incremento de asignaciones para la formación de personal militar de nuevo tipo.
El apropiado incremento por China de los gastos militares tiene por objeto resolver el problema urgente de los bajos salaros de los oficiales y soldados del ejército, a fin de atraer y mantener un personal militar calificado, y también tiene por objeto acelerar la modernización de las fuerzas armadas, a fin de cumplir con eficacia la misión histórica del ejército chino en el nuevo período del nuevo siglo y salvaguardar la soberanía y los intereses de la nación. En el mundo de hoy, la paz no se consigue con el favor o compasión ajenos, sino mediante el papel disuasivo de la fuerza militar para contener o postergar el estallido de la guerra. China aboga por desarrollar los intereses estatales racionales y legítimos, y este desarrollo necesita un fuerte apoyo estratégico de parte de una poderosa fuerza militar. (Pueblo en Línea)
09/03/2006