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El 13 de noviembre de este año se cumple el sexto aniversario de la caída del régimen talibán en Afganistán. En los últimos seis años, a pesar de que las fuerzas de la coalición internacional liderada por las tropas norteamericanas, no han cesado de golpear a los grupos talibanes, diversos indicios auguran un probable regreso de su protagonismo.
Los datos demuestran que la coalición internacional tiene ahora en Afganistán un contingente de 50 mil soldados, número que triplica el de hace cuatro años. Sin embargo, la seguridad de este país asiático no ha mejorado. El enviado especial del secretario general de la ONU para asuntos de Afganistán, Tom Koenigs, indicó en el informe presentado el 15 de octubre al Consejo de Seguridad de la ONU que este año los incidentes violentos y atentados en Afganistán han aumentado un 30% en comparación con el mismo periodo del año pasado. El último atentado sucedió el día 11, cuando elementos armados no identificados dieron muerte a seis jefes de tribu. Anteriormente, el día 6, un atentado suicida en la provincia norteña de Baglan quitó la vida a 6 parlamentarios y 59 niños, causando decenas de heridos. Ha sido el atentado más grave desde la caída del régimen talibán en el año 2001.
El número cada vez mayor de muertos y heridos y la falta de avances en el proceso de reconstrucción han provocado divergencias entre los diversos países involucrados, incluso algunos de ellos han expresado, en diversos grados, su cansancio, y Francia y Alemania ya no quieren mandar más tropas a Afganistán, particularmente a la región del sur del país.
A su vez, aumenta también el descontento de diversos sectores hacia las tropas norteamericanas por las muertes y daños que causan sus operaciones militares entre los civiles. Una estadística demuestra que, en este año, por lo menos 1.200 civiles han perdido la vida en Afganistán. Según informaciones de la prensa, oficiales de defensa de Gran Bretaña y la OTAN consideran que son los ataques aéreos desatados por las fuerzas aéreas estadounidenses las que causan la muerte y lesiones de los civiles afganos. Oficiales británicos han dicho que esta táctica norteamericana ha provocado la mayor parte de fallecidos y heridos entre los civiles. Las tropas internacionales de apoyo de la OTAN también sostienen esta idea, y si las fuerzas armadas estadounidenses no contienen sus acciones, seguirán empeorando las relaciones entre las tropas occidentales y la población afgana. El canciller italiano ha criticado esta gran cantidad de muertos y heridos entre los civiles, calificándola de moralmente inaceptable. Es una catástrofe política, dijo. El presidente afgano, Hamid Karzai, también ha exteriorizado su enérgico descontento hacia las tropas occidentales por los muertos y heridos que han causado entre gente inocente. Los analistas creen que a pesar de las continuas operaciones militares de las fuerzas de coalición que han atacado fuertemente a los elementos armados afganos, la gran cantidad de muertos y heridos entre los civiles ha despertado el resentimiento entre la ciudadanía y las fuerzas de la coalición, provocando, de esta manera, un efecto contrario.
En opinión de los analistas, la presencia militar de los últimos seis años no ha eliminado la presencia e influencia de los talibanes, y, al revés, sus fuerzas han aumentado cada vez más, lo que viene a demostrar que el problema de Afganistán no se resuelve sólo con el uso de la fuerza, debiendo emprenderse la reconstrucción de este país.
Afganistán es la mayor fuente de opio del mundo. Un informe dado a conocer en agosto pasado por la ONU calcula que la producción de opio en Afganistán en el año 2007 aumentará un 34% en comparación con el año anterior, representando de esta manera casi el 93% de la producción mundial. Como los talibanes están asentados en el sur del país, donde precisamente abunda el opio, el tráfico de drogas ofrece para ellos un remanente continuo de fondos para sus actividades. Razón por la cual, hay que emprender un doble ataque, contra el tráfico de drogas y contra los talibanes. Pero lo más importante es encontrar un modo más apropiado que proporcione dignidad a la vida de los habitantes locales, incluidos aquellos que viven del cultivo del opio, para que pueda mejorar radicalmente la situación de Afganistán. ( CRI) 13/11/2007
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