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La presidenta electa de Argentina Cristina Fernández de Kirchner juró oficialmente el día 10 su cargo en el Parlamento, convirtiéndose en la primera mujer que ocupa la presidencia en la historia del país. Sin embargo, un número de problemas en los campos económico, social y diplomático se perfilan uno tras otro pasando a ser temas difíciles de eludir después de su ascención al poder.
Después de asumir el poder en 2003, el ex presidente Kirchner llevó a cabo en gran medida un reajuste de la política económica. Fortaleció la vigilancia sobre el mercado monetario y la administración de impuestos. Adoptó una política financiera de expansión moderada. Al tiempo de asegurar el sano desarrollo de la finanza pública, impulsó el crecimiento económico a pasos seguros. En los cuatro años del mandato de Kirchner, Argentina mantuvo un crecimiento económico a ritmo del 8% anual, con una disminución de más de 50% de la población pobre y de la tasa de desempleo. Pero también han salido al flote progresivamente un número de problemas de desarrollo económico y social del país.
Después de varios años de alto crecimiento, el desarrollo de la economía argentina experimenta ahora una desaceleración, con una inflación acentuada. Se prevé que la inflación real de Argentina en el presente año llegará a más del 10%, y los precios subirán posiblemente aún más en el año entrante. El Gobierno de Cristina espera superar este problema mediante el "pacto social", o sea, a través de un acuerdo tripartito entre el Gobierno, las empresas y los trabajadores. Con ello restringirá la subida de salarios de los empleados y obreros de las empresas, evitando el cíclo vicioso entre la subida de salarios y el alza de precios. Sin embargo, si el nuevo Gobierno no puede controlar en corto plazo el drástrico alza de los precios, es posible que llegará a experimentar un ruptura del "pacto social".
En el mercado internacional, los precios de los productos agrícolas primarios suben continuamente en los últimos años, y los ingresos argentinos en concepto de exportaciones se incrementan sostenidamente, lo que ha creado un favorable ambiente exterior para la economía nacional del país. Pero, si la economía norteamericana se desliza cuesta abajo a causa de la crisis hipotecaria, provocando caídas de precios de productos primarios a escala global, la economía argentina se verá afectada ineludiblemente.
Por otro lado, muchas políticas de favores financieros y bienestar social de Argentina se llevan adelante con los subsidios del Gobierno, y si éste sufre una disminución de sus ingresos financieros, le será difícil mantener sus políticas de bienestar social.
Además, la seguridad ciudadana de Argentina se deteriora cada vez más. Según las estadísticas del ministerio de Justicia, la incidencia de crímenes en el interior del país en 2006 es el doble de 1994. El pueblo espera ardientemente que el nuevo Gobierno adopte medidas eficaces para contener la alta incidencia de criminalidad. Y además las masas también esperan que el Gobierno de Cristina confiera mayor importancia a los problemas en las esferas de educación y de salud pública.
En lo diplomático, el problema que urge solución por parte del Gobierno de Cristina es la disputa con su vecino Uruguay sobre la construcción de una fábrica papelera. Es por este problema que el Gobierno uruguayo cerró durante un tiempo todos los caminos en la frontera entre los dos países, y las relaciones entre los dos países se tornaban tensas. Además, se ha levantado de nuevo la tormenta sobre la soberanía de Malvinas (las islas bautizadas como Falkland por Gran Bretaña), y el Gobierno de Cristina tiene la urgencia para encontrarle una política adecuada. (Pueblo en línea) 12/12/2007
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