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El año 2007, a escasas semanas de concluir, ha sido un año bastante activo para los gobiernos latinoamericanos de izquierdas y moderados, inmersos en la búsqueda de nuevas vías, más independientes, en el escenario político y económico global. La movilización antiestadounidense, una diplomacia dinámica y la promoción de la integración regional les han permitido elevar aún más su influencia en el panorama político mundial.
Tradicionalmente, América Latina se ha considerado el "patio trasero" de EEUU. Esa desconsideración ha permitido el desarrollo del nacionalismo en varios países de la región, afirmándose en clara hostilidad al poderoso vecino del norte y explorando modelos de desarrollo no dependiente de EEUU. En 2007, el aumento de los gobiernos de izquierdas y moderados ha dejado tras de si una fiebre antiestadounidense más esparcida por toda Latinoamérica.
El 24 de octubre pasado, el presidente norteamericano, George W. Bush, anunció el fortalecimiento de la llamada "transición democrática" en Cuba. Por su parte, el canciller cubano, Felipe Pérez Roque, respondió inmediatamente que Cuba está dispuesta a afrontar una "una guerra de 100 años", de la cual saldría victoriosa, si Estados Unidos concreta sus amenazas de invadir la nación caribeña.
Asimismo, el presidente venezolano, Hugo Chávez, siempre ha expresado una firme oposición contra Estados Unidos. Por un lado, el petróleo se ha convertido en su arma principal; por otro, califica a EEUU de "estado terrorista". Y después de la declaración del Departamento de Estado norteamericano sobre la Ley Habilitante venezolana, en enero de 2007, Chávez advirtió a las autoridades estadounidenses que no intervinieran en los asuntos internos del país andino.
Asimismo, Ecuador y Bolivia se incorporaron este año a la alianza antiestadounidense regional Cuba-Venezuela, una vez que Daniel Ortega y Evo Morales asumieron las presidencias respectivas. Todo ello conforma una clara tendencia de izquierdas en América Latina, que ha generado preocupación en Washington.
Esa realidad ha inclinado al gobierno estadounidense a adoptar una actitud más práctica en relación a Latinoamérica, ajustando algunas de sus políticas. Una de las señales más evidentes de ese giro fue la visita oficial del presidente George W. Bush a cinco países latinoamericanos en marzo pasado, incluyendo Brasil, Uruguay, Colombia, Guatemala y México. Pero las manifestaciones de protesta le acompañaron desde el inicio hasta el final de la gira.
Asimismo, en 2007, Irán, otro país del frente anti-EEUU, también ha fortalecido sus contactos con América Latina. Además de visitas a Bolivia y Venezuela, el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, sostuvo conversaciones con los presidentes de Nicaragua y Ecuador en septiembre pasado.
En 2007, los países latinoamericanos también subrayaron la importancia de la cooperación entre sí. Han aumentado los esfuerzos por promover la integración regional en materia política, económica y en energía, a fin de buscar solución conjunta de los problemas regionales alentando la coordinación interna. Mientras tanto, las organizaciones propiamente regionales desempeñan un papel cada día más importante, y han promovido una serie de proyectos destinados al fomento de la integración. El día 9 de diciembre, se ha fundado el Banco del Sur, que tiene como meta principal la independencia financiera latinoamericana, marcando otro paso importantísimo en el proceso de integración regional.
Los analistas creen que a pesar de los sentimientos antiestadounidenses, los gobiernos de izquierdas y moderados de América Latina necesitan cooperar con EEUU a fin de proteger los intereses de sus respectivos Estados. Asimismo, debido a las particularidades de los diferentes niveles de desarrollo de cada país, la integración regional todavía tiene ante sí un largo camino por recorrer. (CRI) 12/12/2007
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