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La explotación en la Amazonia brasileña se ha recrudecido a partir de la segunda mitad de la década anterior, con un crecimiento casi triplicado en comparación con otras áreas, según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).
Mientras en todo Brasil las áreas destinadas a la agricultura aumentaron 83,5 por ciento de 1996 a 2006, en la Amazonia ese crecimiento fue de 275,6 por ciento, de acuerdo con los resultados preliminares del Censo Agropecuario 2006 del IBGE difundidos en esta semana.
Las áreas destinadas a pasturas para la ganadería en Brasil tuvieron una reducción de 3 por ciento, sin embargo en la Amazonia aumentaron 33,8 por ciento.
En términos de superficie, eso significa que la agricultura aumentó 12 millones de hectáreas de tierras nuevas en la región amazónica, mientras que la ganadería tuvo un agregado de 8,2 millones de hectáreas.
Los procesos productivos están interrelacionados en el área más salvaje de Brasil. El primer avance sobre la selva es hecho por los madereros, que retiran las maderas más nobles y de mayor demanda en el mercado.
Detrás de ellos vienen los "desmatadores", que queman lo que queda de selva y expulsan con violencia a los ocupantes para preparar los pastos.
Enseguida entran en escena los ganaderos con sus rebaños de ganado zebú o mestizo.
Con el tiempo, ellos darán lugar a los agricultores que, en la mayoría de los casos, empiezan con la plantación de soya y otras oleaginosas, como ocurre incluso en Roraima, estado en el norte brasleño con excepcional riqueza natural.
En los últimos 10 años se han incorporado 20,2 millones de hectáreas nuevas a las actividades agropecuarias.
Hasta hace unos meses, el gobierno de Brasil estaba convencido de sus avances en la batalla contra la deforestación y las quemas, responsables por 75 por ciento de las emisiones de carbono a la atmósfera hechas por Brasil.
Los datos del Instituto Nacional de Investigación Espacial (INPE, por sus siglas en portugués) demostraron que las superficies deforestadas descendieron de 27.400 kilómetros cuadrados en el periodo 2003-2004, a 11.000 hasta julio de este año.
Sin embargo esto era apenas una ilusión: las quemas y la incorporación de tierras nuevas a la economía regional sólo tuvieron una pausa, debido a que los productores rurales tenían poco dinero para financiar la expansión.
Una vez que las condiciones climáticas mejoraron y que la producción agrícola se recuperó, la tendencia de reducción de casi 60 por ciento se invirtió y se transformó en un crecimiento de 10 por ciento en sólo cuatro meses.
La destrucción de la Amazonia repercute en el resto del país.
En la región sur de Brasil, el crecimiento de las áreas agrícolas fue de sólo 48,8 por ciento, el menor del país y casi la mitad del índice nacional, debido a que la ocupación de tierras se completo hace tiempo y el proceso de sustitución de la ganadería por la agricultura es más rentable, según el estudio del IBGE.
La transmisión hereditaria de las propiedades también motiva que la tercera generación de agricultores de soya o arroz vendan sus tierras, con el fin de seguir explotando pequeños minifundios.
Con el dinero de la venta parten hacia la Amazonia, donde compran superficies mucho mayores para reiniciar el ciclo.
Eso explica que la mayor parte de la colonización de la Amazonia en las últimas décadas haya sido hecha por "gaúchos", en su mayoría de los estados sureños de Paraná y Santa Catarina.
En Roraima, junto a la frontera con Venezuela y Guyana, es posible encontrar un "Centro de Tradiciones Gaúchas" (CTG) que ejemplifica hasta donde llega la penetración de esos "modernos conquistadores del oeste".
A diferencia del inmigrante clásico, esa gente llega con algún dinero para comprar tierras e instalarse, además del conocimiento de los cultivos nacionales de mayor aceptación en el mercado internacional: soya y maíz, que ahora tienen una demanda extra con la producción de biocombustibles.(CRI) 25/12/2007
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