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El presidente estadounidense, George W. Bush, inició el miércoles una gira por Oriente Medio que le llevará a Israel, Cisjordania, Kuwait, Bahrein, los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Egipto. Cabe destacar que está será la primera visita de Bush a Israel y Cisjordania desde la asunción de su cargo. Los analistas señalan que el objetivo principal de esta gira, que concluirá el día 16, es impulsar las negociaciones de paz palestino-israelíes y seguir presionando a Teherán sobre el contencioso problema nuclear.
Tras años de estancamiento, las negociaciones de paz palestino-israelíes se reanudaron cuando en noviembre pasado más de cincuenta representantes de países y organizaciones internacionales se reunieron en la ciudad estadounidense de Annapolis para celebrar una cumbre. No obstante, con posterioridad a esta reunión de alto nivel, Tel Aviv introdujo nuevos requisitos para el relanzamiento de las negociaciones, como el de que antes de firmar un acuerdo paz, Palestina deberá eliminar todas las organizaciones terroristas. Por otra parte, Israel no deja de ampliar sus actividades en sus asentamientos establecidos en los territorios palestinos ocupados, erigiendo así un nuevo obstáculo al diálogo entre ambas partes. Además, la escisión del poder palestino entre las franjas de Cisjordania y Gaza se ha convertido en un serio impedimento para el avance de la paz regional.
Todo ello obliga al presidente estadounidense a modificar la postura que ha mantenido hasta ahora, con miras a consolidar los resultados de la cumbre de Annapolis e ir más allá. A este respecto resulta significativo el que Bush criticara por primera vez la ampliación de los asentamientos israelíes, la calificara de traba a las conversaciones de paz en Oriente Medio y pidiera a Tel Aviv que, tal como estipulan los acuerdos alcanzados, desmantele sus asentamientos ilegales. El presidente estadounidense añadió que aprovechará esta gira para instar a ambas partes a cumplir sus respectivos compromisos.
Según los medios de comunicación estadounidenses, en este su último año de mandato, Bush desea revitalizar las conversaciones palestino-israelíes con fin de mejorar su historial en política exterior y dejar en la historia una estela política positiva. Pero los analistas de Washington albergan dudas sobre los resultados de los esfuerzos de su presidente, puesto que las complicaciones surgidas hacen imposible resolver el conflicto palestino-israelí en un año.
Otro de los principales objetivos de la gira de Bush por Oriente Medio será obtener el beneplácito y el apoyo de los países árabes a la postura estadounidense ante el contencioso nuclear iraní.
La publicación a finales del 2007 de un informe elaborado por los servicios de inteligencia estadounidenses en el que se afirma que Teherán suspendió su programa nuclear años atrás ha colocado al gabinete de Bush en una situación embarazosa y ha reducido en gran medida las probabilidades de que Washington lance una ataque militar contra la República Islámica.
Sin embargo, la publicación de dicho informe no se ha traducido en ningún cambio en la política de Bush con respecto a Irán. En efecto, EE.UU. sigue considerando que este país es la mayor amenaza en Oriente Medio, insiste en sancionarlo y no descarta la posibilidad de lanzar una operación militar contra él. Resulta evidente que una política como esta no es viable sin el apoyo de los países de la región. Por lo tanto, durante la gira que acaba de emprender, el presidente estadounidense no dudará en expresar a Kuwait, Bahrein, los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Egipto su preocupación por el contencioso nuclear iraní, les pedirá su respaldo e intentará aislar aún más a Teherán.
Por su parte, los países árabes, conscientes de la agitación regional que provocarían, no son partidarios de emprender acciones militares contra Irán, menos aun después de la publicación del susodicho informe de los servicios de inteligencia estadounidenses. No cabe duda, pues, que en este asunto Bush topará con mayores dificultades. (CRI) 08/01/2008
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