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Recientemente el ocupadísimo Dalai Lama está difundiendo munerosas mentiras. He aquí algunas de tantas mentiras de Dalai.
“No tengo ni siquiera intenciones de provocar contradicciones entre la nacionalidad tibetana y la Han”. Es el mismo Dalai quien dijo el 10 de marzo en su “declaración”: “los tibetanos están convirtiéndose en una nimoría étnica insignificante, y … están siendo asimilados por la grande nacionalidad”. Dijo el 25 de marzo a la revista Newsweek de EEUU que ha encontrado a “tibetanos adinerados, ricos en lo económico y con buenas viviendas”, pero, ellos “sienten cierta discriminación indescriptible por parte de los Han.”
“Desde las manifestaciones de protesta celebradas el 10 de marzo de este año, el gobierno chino me ha acusado de haber provocado estos acontecimientos”. Entonces, ¿porqué los incidentes ocurrieron “desde el 10 de marzo”? Es este Dalai dio la respuesta cuando dijo en varias ocasiones desde el 10 de marzo: “Expreso mi admiración por la sinceridad, valor y decisión expuestos por el pueblo tibetano en el interior de China”, “Siento profundo orgullo y admiración por este espíritu indomable y valor”. Antes de hacer estas declaraciones, Dalai Lama se emtrevistó con los representantes de la Asociación de la Juventud Tibetana y otras organizaciones para insinuarles las directivas que no quería decirles abiertamente. Tras la reunión, la mencionada asociación hizo pública una declaración el 10 de marzo en que expresa su decisión de “no detenerse ante ningún sacrificio para la restauración de la independencia del Tibet”. En realidad, lo que Dalai “admira” no es sino el perpetrar las golpizas, destrozos, sequeo e incendio en Lhasa, el asesinato de una decena de inocentes quemados, acuchillados o asfixiados, y el ataque contra los policías. En el mismo día del incidente de Lhasa, Dalai dijo: “Siempre respeto la voluntad y deseo de de los tibetanos en todo caso y no le instará a cesar”. Ante las condenas del mundo contra las atrocidades de sus seguidores, Dalai, consciente de habérsele escapado la lengua, dijo el 18 de marzo que si “la situación continúa agravándose”, él iba a “dimitir”, y al mismo tiempo declaró estar dispuesto a “orar por los muertos en las “pacíficas manifestaciones de protesta”.
“Desde el principio he abogado por dar a China la oportunidad de organizar las olimpiadas, y persisto ahora en esta posición”. Sin embargo, en su viaje a Europa en 2007, Dalai declaró en varias ocasiones: “El 2008 es un año clave, y los Juegos Olímpicos quizá serán la última oportunidad para los tibetanos”. También instó a los países pertinentes a relacionar el “problema del Tibet” con las olimpiadas de Beijing y pidió a sus seguidores a celebrar manifestaciones durante los Juegos Olímpicos de Beijing y “hacer una propaganda de las peticiones de los tibetanos”.
Ya no hay necesidad de hacer comentarios y sería suficiente una comparación de sus declaraciones en contradicciones para conocer su verdadera fisonomía de mentiroso.
Para encubrir su conciencia culpable, Dalai dijo para justificarse: “Como monje que observa estrictamente la doctrina budista, aseguro que mi deseo es sincero y mi intención es seria”. Su “solemne juramento” no es sino mentiras. Como es sabido de todos, el no mentir es uno de los cuatro fundamentales preceptos budistas, y ¿Cabe preguntar cómo Dalai observa estos preceptos budistas? ¿Es todavía monje budista? Dalai ha mentido una vez más al autodenominarse como “monje budista”. (Pueblo en Línea) 01/04/2008
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