Actualizado a las 2008:04:16.13:46

¿Qué es lo que significa el "problema del Tíbet"?

En fechas recientes, la camarilla del Dalai clama en repetidas ocasiones por ejercer presión sobre China en torno al "problema del Tíbet". Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Reprersentantes, y otros norteamericanos arman un gran alboroto sobre el mismo. La Cámara de Representantes y el Senado norteamericanos, y el Partlamento europeo han llegado incluso a adoptar una "resolución sobre el problema del Tibet". Parece que este problema está cada vez más en la línea de la moda.

Cabe preguntarse: ¿qué es lo que significa al fin y al cabo el "problema del Tíbet"?

En primer lugar, es necesario preguntar a la señora Pelosi. Según se sabe, a sus ojos, el "problema del Tíbet" tiene su origen en la "represión que ejerce el Gobierno chino en Tíbet. Manifestó con grandes inquietudes que si no se interviene en este problema, se perderá autoridad moral para pronunciarse en el problema de derechos humanos. Desde luego, no está demás ver el "llamamiento" y la "declaración" de la camarilla del Dalai. El "problema del Tíbet" que plantea incluye la "falta de libertad de creencia religiosa" y la "desigualdad nacional", tal como afirma.

Entonces, el "problema del Tíbet" es el "problema de derechos humanos"? Primero, veamos los actos de violencia criminal del 14 de marzo. Frente a las agresiones, destrucciones, pillajes e incendios intencionales, ¿quién se encargará de proteger a las masas inocentes si el Gobierno se permanece con los brazos cruzados? Si la actuación del Gobierno según las leyes frente a los delitos es una violación de "derechos humanos", la señora Pelosi debe hacerse la pregunta: Hace 16 años tuvo lugar ante sus ojos la gran rebelión en Los Angeles, y el Gobierno norteamericano movilizó grandes contingentes de fuerzas militares y policíacas para detener a más de 10.000 personas, y ¿qué significa esta medida?

En cuanto a la camarilla del Dalai, no debemos olvidar que hasta la primera mitad del siglo XX, Tíbet aún permaneción en una sociedad feudal de siervos, una sociedad teocrática más teneborsa que la Europa medieval. Los dueños de siervos, tanto cléricos como laicos, que constituían menos del 5% de la población local controlaban la libertad corporal de los siervos, que constituían más del 95% de la población. Aplicaban los castigos más crueles como cortar manos, mutilar piernas, arrancar ojos y extirpar lenguas. No estaba asegurada ni la misma subsistencia de los siervos. Es la liberación pacífica y la reforma democrática en Tibet lo que convierten a los siervos de antaño en ciudadanos que gozan de dignidad y de derechos humanos. La población tibetana ha pasado de 1.140.900 de personas en 1951 a más de 2.800.000. Los sistemas de educación obligatoria, de asistencia médica para los campesinos y pastores y de la garantía de la mínima subsistencia cubren toda la región. Ante semejantes hechos históricos y reales, ¿qué derecho tiene la camarilla del Dalai, ex gobiernantes de la sociedad de siervos, para hablar lujosamente del "problema de derechos humanos en Tíbet"?

El "problema del Tíbet" tampoco es "problema de la religión". Si no existiera la "libertad de creencias religiosas" en Tíbet, ¿cómo puede explicarse que en los monasterios grandes y pequeños en los diversos lugares de Tíbet los fieles de diversas edades rinden culto todos los años a Buda quemando inciensos? ¿Cómo explicarse que decenas de miles de habitantes peregrinan a Lhasa para llevar a cabo sus actividades de culto? Y ¿cómo explicarse que los objetos religiosos están por todas partes?

Y el alboroto armado por la camarilla del Dalai sobre la "desigualdad nacional" es aún más absurdo. El Estado asigna cada año decenas de millones de yuanes para desarrollar la medicina tibetana, invierte más de 700 millones en la restauración del Palacio Potala y otros patrimonios culturales, rescata y protege la cultura tradicional del Tíbet. Además, para que la población tibetana esté a la altura del progreso de la civilización moderna, el Estado incrementa una y otra vez sus inversiones y organiza expertos para resolver problemas de manera que el idioma tibetano sea uno de los lenguajes de las diversas etnias de China que esté a la altura de los criterios internacionales y que tenga acceso a la autopista de la informática global.

¿Qué es lo que signfica el "problema del Tíbet"? La respuesta es bien clara en realidad: Bajo la pantalla de "problemas" de diversas clases, la camarilla del Dalai pretende conseguir la "independencia del Tíbet". Esto es claro en su "camino intermedio" que proclama invariablemente. Así como en su negación al actual sisema administrativo del Tíbet, en su pretensión del "Gran Tíbet" que jamás existe en la historia, y en su demanda de que otras etnias salgan del Tíbet y la retirada del Ejército de la "Gran Tíbet".

El "problema del Tíbet" no es en absoluto problemas de derechos humanos, de religión y de nacionalidad. Es un problema que atañe a la soberanía nacional y la integridad territorial, un problema que relaciona con los intereses de núcleo de la nación china. Ningún país en el mundo tolerará el perjuicio de su soberanía, y no hará nada ante la pretención de dividir su territorio. China ha dejado claro desde hace tiempo que la unificación nacional es el principio supremo, y el problema de sobernía no admite discusión alguna. Sea lo que sea la bandera que enarbola, será vana la pretensión de infringir la soberanía china, intervenir en sus asuntos internos bajo el pretexto del "problema del Tíbet". (Pueblo en línea)

16/04/2008

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