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El señor Cafferty se hizo famoso de la noche a la mañana.
Si se hace ahora una encuesta entre los internautas chinos, el animador de CNN de Estados Unidos Jack Cafferty será seguramente el más repudiable para las masas populares.
Cafferty, con el micrófono en la mano, insultó a todo el pueblo chino. Cuando se realizaba el relevo de la antorcha olímpica en San Francisco, Cafferty, siendo animador de CNN, llegó al extremo de decir que “los productos chinos son basura” y calumniar diciendo que “en los últimos 50 años los chinos han sido en lo fundamental una banda de chusmas y hampones”.
Más de 60 años después de terminada la Segunda Guerra Mundial, en un programa televisivo de un medio de comunicación de carácter mundial, aparece un tipo que difamó tan desembozadamente contra una nación y propagó abiertamente el racismo, lo que estremeció e indignó a la gente.
Las palabras de Cafferty han ido mucho más allá del terreno de la libertad de prensa y de palabra; ellas fueron no sólo un insulto al pueblo chino, sino también un desafío al conocimiento intuitivo de la humanidad y a la verdad generalmente admitida, una blasfemia contra los valores comunes de la sociedad humana.
Las maldiciones de Cafferty no han sido casuales. Tras el Incidente del 14 de Marzo en Lhasa, ciertos medios de comunicación occidentales han dedicado grandes espacios a informaciones tergiversadoras de la verdad, ataques, calumnias e incluso rumores falsos. A ojos de ellos, la violencia delincuencial de golpear, destruir, saquear e incendiar se ha convertido en “protestas pacíficas” en busca de derechos humanos; el evidente y legítimo tratamiento de la violencia delincuencial se ha convertido en violación de los “derechos humanos”. En el curso del relevo de la antorcha olímpica, unos cuantos elementos pro “independencia del Tíbet” han sido repetidamente presentados por cámaras de medios de comunicación occidentales en tanto que la vigorosa voz “¡Animo China!” de las amplias masas de residentes y descendientes chinos ha sido deleberadamente omitida. Precisamente como dijo un descendiente chino en Francia, ciertos medios de comunicación occidentales “sólo quieren los hechos premeditados por sí mismos, en lugar de la verdad”. Ciertos medios de comunicación occidentales que siempre hacen alarde de su “objetividad e imparcialida” han padecido en un instante de “perder optativamente la vista”. En el problema del Tíbet, ciertos medios de comunicación occidentales han recurrido a sorprendentes formas para hacer que las informaciones se inclinen a un lado , lo que ha revelado su descriminación y hostilidad detrás de la “objetividad e imparcialidad”. Cafferty no es sino un tipo más directo, más rudo y más desenfrenado.
La conducta de valerse de los medios de comunicación para tergiversar los hechos, orientar erróneamente a las masas y endemonizar a China fue calificada de “terrorismo informativo” por el observador político ruso Dmitri Koshelev. A ojos de éste, “el arma más favorita para la potencia que está perdiendo su liderazgo mundial es la informática”. Pues ellos saben que en una época informatizada, el conocimiento del mundo por parte del público depende en gran medida de la difusión de las informaciones y que al predominar en ésta, uno predominará en la actitud y punto de vista del público sobre los asuntos. En este sentido, tomar informaciones falsas como arma es un juego no menos ni en una pizca que el terrorismo en grado de suciedad e inmoralidad, porque lo que se utiliza en ambos casos es la gente sin conocer la verdad y lo que se daña es la paz y armonía mundial.
Por lo tanto, cuando los Cafferty tergiversan el “problema del Tíbet” convirtiéndolo en un problema de “derechos humanos”, calumnian contra los productos hechos en China como “basura” y difaman al pueblo chino calificándolo de “chusma y hampón”, ellos ya convierten las informaciones de prensa en una violencia idiomática y hegemonía idiomática. Podemos imaginarnos qué consecuencias malas pueden producir esta sorprendente violencia idiomática y estas informaciones erróneas seleccionadas por ellos.
El ex presidente norteamericano Abraham Lincoln tiene un dicho conocido: “Uno puede engañar siempre a cierta gente, puede engañar casualmente a todos, pero es imposible que engañe siempre a todos.” Sean las informaciones engañosas de los Cafferty, sea su violencia idiomática, tal vez pueden levantar ciertas olas en período corto, pero las mentiras no pueden convertirse en verdad incluso cuando se repitan mil veces. Frente a los hechos y la verdad y con el despertar del público, el “terrorismo informativo” perderá definitivamente su mercado. (Pueblo en Línea)
17/04/2008
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