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Las voces contra China que excitaron algunos medios de comunicación aprovechando el relevo de la antorcha olímpica, hicieron retornar el anterior alboroto ruinoso de “endemonizar a China”. Parte de las personalidades sensatas occidentales palparon esta agitación. El conocido especialista alemán en cuestión de China Thomas Heberer escribió hace poco en un artículo que las informaciones negativas de algunos medios de comunicación occidentales están “endemonizando a China” de manera histérica y que lo más tristes es que hayan sido descuidados los enormes éxitos logrados por la reforma y apertura de China durante decenios. “The Washington Post” citó, en un artículo, las palabras de Mak Leonard, director ejecutivo de la Comisión de Relaciones exteriores del Consejo Europeo: “Se han hablado siempre de las oportunidades económicas en los 5 años transcurridos. Pero, en los últimos 6 meses, se hablan siempre de la amenaza creada por China en el Sudán y en el Tíbet.”
Durante un tiempo, en las informaciones y comentarios de los medios de comunicación occidentales sobre China se han producido algunos cambios positivos y han aumentado las voces de enfatizar el contacto, la oportunidad y la responsabilidad, mientras parece que ha desaparecido la voz de “endemonizar a China”. Pero, esta vez, algunos medios de comunicación occidentales aprovecharon la oportunidad para hacer especulaciones con el tema de China, lo que nos dejó ver que la “endemonización de China” no se ha alejado en realidad. Cada vez que hay oportunidad, ella saldrá para crear perturbaciones.
La razón por la cual la “endemonización de China” tiene mercado todavía, es que no ha cambiado el “concepto de China” de algunos occidentales. Aunque en China se han producido enormes cambios a raíz de la reforma y apertura, el conocimiento de ellos sobre China sigue igual que antes. Muchas personas no conocen a China ni comprenden el desarrollo pacífico de China. Justamente como dijo Heberer: “Para muchos alemanes, ellos no pueden distinguir las informaciones veraces de las falsas sobre China. Puesto que no conocen a China, no pueden tener un criterio objetivo sobre ella.”
Cuando los occidentales enfrentan el traslado de empresas hacia ultramar y la entrega de oportunidades de trabajo al exterior así como el fenómeno de que el PIB de China deja a ellos muy a la zaga; cuando ellos encuentran artículos “hechos en China” en los establecimientos comerciales, grandes y pequeños; cuando ellos ven a turistas chinos en grupos andando por las calles de París, Londres y Nueva York, algunos de ellos sienten involuntariamente recelo, envidia, temor e incluso odio hacia este gran país que está desarrollándose no conforme al modo occidental.
Este complejo estado de ánimo de tratar a China proviene principalmente del inveterado complejo de superioridad del sistema de valores de los occidentales. Al analizar este estado de ánimo, Fresh, asesor cultural del presidente francés, dijo: “Los occidentales siempre se las dan de maestros, enseñan por doquier... Nunca han sabido cómo tratarse con China; los cambios de China hacen que ellos no puedan ver con claridad el problema.” Durante largo tiempo, el hilo básico de pensamiento de los occidentales es que “Occidente significa lo correcto”. En las expectativas psicológicas de ellos, un país oriental con valores diferentes a los occidentales como China, un país que está desarrollándose no de acuerdo con el establecido modo de desarrollo occidental como China, ¿cómo no produce problemas mundiales?; ¿cómo no constituye un desafío a Occidente? Precisamente debido a este estado de ánimo, es fácil de aceptar aquella demagogia de vincular el problema de Darfur con la Olimpiada de Beijing.
Cambiar el “concepto de China” de los occidentales debe empezar por dos aspectos. Primero. Persistir en el desarrollo pacífico y poner en claro el problema con hechos. En los 30 años de reforma y apertura, China se ha desarrollado apoyándose en sus propios esfuerzos. China no ha creado problemas para el mundo, sino que, al contrario, ha promovido la solución de no pocos problemas en el plano internacional. El desarrollo pacífico de China, para el mundo, no es un “juego de cero y suma”, ni tampoco toma la recesión de Occidente como precio. Al contrario, la prosperidad de China crea una gran oportunidad. En las relaciones entre China y Occidente, hay competición, pero se destacan más la cooperación y ganar-ganar. Segundo. Frente al desarrollo de China, los occidentales deben reajustar el estado de ánimo, adaptarse al desarrollo de China, acostumbrarse a sentarse como iguales a la misma mesa para discutir los problemas y absolver las mejores experiencias del desarrollo de China. Desde luego, estos dos procesos serán prolongados. Para China que ha emprendido el camino de hacerse poderosa, al tratarse con Occidente de estado de ánimo complicado, se necesita mayor confianza en si misma y más paciencia. (Pueblo en Línea)
28/04/2008
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