Actualizado a las 2008:05:19.13:26

¿Qué más podemos hacer?

“¿Qué más podemos hacer?” Esta frase es la que oímos a cada rato desde el terremoto extremadamente fuerte de Wenchuan.

En los siete días de gran rescate de vidas y de socorro de emergencia, muchos compatriotas han pasado así los días y noches después del terremoto: Cada vez que está libre, encienden el televisor, se conectan con la Red o leen periódicos, prestando atención a cada imagen enviada desde la primera línea, preocupándose por las indomables vidas debajo de los escombros y sintiéndose ansiosos por cada segundo y cada minuto que transcurre; y, conmovidos, dan vítores a los militares, los bomberos, el personal médico y los voluntarios que luchan en las primeras líneas, y gritan en voz alta dándoles ánimo; a los esfuerzos de las entidades, las comunidades y las escuelas por reunir donaciones, les ofrecen apoyo activo; y, siempre que lo permite la salud, acuden en primer tiempo a donar sangre, de manera que los bancos de sangre de muchas grandes ciudades se encuentran saturados y se ven obligados a hacer que los voluntarios dejen sus datos personales en espera de avisos.

Estos son nuestros queridos compatriotas, quienes nos hacen sentir qué significan “millones de personas como un solo hombre” frente a un grave desastre natural.

Los que pueden ir al frente en socorro de los habitantes de las zonas damnificadas constituyen sólo una minoría. En la primera fase tras el terremoto, lo más importante en las zonas damnificadas es rescatar vidas haciendo carrera con cada segundo y cada minuto; lo que se ve allí son carreteras obstruidas y montones de escombros, frente a los cuales la gente separada por una distancia de miles de kilómetros se siente terriblemente incapaz. Mientras las vidas están forcejeándose y gemiendo, lo que nosotros podemos hacer desde la lejanía parece ser sólo brindarles un poco de apoyo espiritual. “¡Tenemos que hacer algo!” En no pocas universidades, los estudiantes se congregan espontáneamente y encienden velas para bendecir a los compatriotas en la lejanía. Tras hacer donaciones, ayudar a compañeros a comunicarse con sus familiares y otras actividades, ellos se sienten ansiosos y, al mismo tiempo, incapaces.

La gente tiene vehementes ganas de acudir a las zonas damnificadas para salvar personalmente vidas debajo de los escombros. Después de una actividad de donación en Shanghai, varios empresarios rodearon al organizador de la actividad para preguntarle: “Además de donar dinero, materiales y sangre, ¿qué más podemos hacer?”

Aunque las zonas damnificadas necesitan urgentemente mano de obra, nos damos cuenta de que la “táctica de ‘mar humano’” no es apropiada para la actual lucha contra el terremoto, la cual requiere profesionales expertos en el rescate, sea para estudiar cómo salvar vidas removiendo los escombros con el fin de evitar nuevas lesiones, sea para tratar oportunamente a los heridos, haciendo todo lo posible para una vida sana y feliz en el futuro, sea para desinfectar contra la epidemia y evaluar el grado de daño de las represas, carreteras y edificios… En todos y cada uno de los eslabones de salvar vidas está impreso el término “capacidad profesional”.

El gobierno central reaccionó con rapidez y la unión de voluntades de toda la nación hizo una muralla inexpugnable: frente al enorme desastre, el pueblo chino ha resistido a la prueba preliminar y ha exhibido ante el mundo entero la voluntad de hierro y el espíritu de ayuda mutua de la nación china.

Siete días han pasado. Nosotros entendemos profundamente que éste es sólo el comienzo de la lucha contra el desastre y enfrentaremos pruebas aún más grandes en el futuro. Cuando ya han pasado las 72 horas del tiempo de oro para el rescate de vidas, nos esperan diversos problemas por resolver en el futuro, entre ellos, cómo ayudar a los sobrevivientes a librarse de la sombra psicológica dejada por el desastre, cómo limpiar los escombros y reconstruir en donde se ven por todas partes escenas de devastación, cómo trasladar a la gente de las tiendas de campaña a casas cómodas, y cómo aprovecharse de la oportunidad de reconstrucción para hacer más seguras y hermosas las casas.

“¿Qué más podemos hacer?” Lo que podemos hacer son muchas y muchas cosas. Podemos, por ejemplo, ir como voluntarios meses o uno o dos años después a las zonas damnificadas para hacer, con nuestra sinceridad y capacidad profesional, modestos aportes a los compatriotas de las zonas damnificadas en la reconstrucción. Siempre que queramos hacer contribuciones a las zonas damnificadas, nunca será tarde.

Nuestra sangre caliente frente al desastre no se agitará sólo en este instante crítico. Hallándonos en la retaguardia de la lucha contra el desastre, tenemos mucho tiempo para reflexionar. El fuerte terremoto no quedará pronto en el olvido. En momentos en que brindamos nuestro apoyo espiritual a la población de las zonas damnificadas, que hagamos concienzudamente lo que estamos haciendo, de manera que en el futuro podamos hacer más y más… (Pueblo en Línea)
19/05/2008

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