Actualizado a las 2008:06:19.14:27

La gente tiene que aceptar vivir sin bolsas de plástico

Desde el 1 de junio los pequeños comerciantes no pueden ofrecer gratis bolsas de plástico a sus clientes, y la producción y distribución de bolsas de plástico ultrafinas también está prohibida.

Destinada a reducir el uso de bolsas de plástico, así como la polución causada por ellas, la prohibición ha sido recibida positivamente por el público, los medios académicos y la comunidad global.

Algunos informes de los medios sugieren que el empleo de bolsas de plástico se ha reducido significativamente tras la prohibición, y algunos han aplaudido la satisfactoria aplicación de la medida.

Según esta nueva ley, los clientes tienen que pagar por las bolsas de plástico. En términos económicos, ello equivale a una imposición de tasas por su uso, aunque el dinero se lo quedan los comerciantes.

Como ya se ha mencionado, muchos podrían dejar de utilizar bolsas de plástico por el coste extra que supone su uso en los supermercados o centros comerciales, porque siempre las habían conseguido gratis.

Sin embargo, el pequeño sobrecoste podría no ser suficiente para cambiar los hábitos de la gente. Es posible que los consumidores acaben aceptando pagar por las bolsas de plástico, y su número seguiría en los mismos niveles de antes. Después de todo, no tienen una alternativa tan conveniente y barata como las bolsas de plástico.

Hay que reconocer que las bolsas de plástico suponen una amenaza para el medio ambiente: tardan cientos de años en degradarse, y las partículas de éstas y otros productos hechos de plástico contaminan las aguas, la tierra y el aire en todo el planeta.

No obstante, la popularidad de la bolsa de plástico en todo el mundo entre los consumidores, en el mercado y en los negocios es una cuestión de décadas. Las bolsas de plástico son fáciles de limpiar y llevar, son resistentes al agua y, lo más importante, baratas.

Comparadas con el plástico, las bolsas hechas de otros materiales –incluidos el papel o la tela– no presentan las mismas ventajas, y podrían también provocar problemas medioambientales. El papel se hace con los árboles; la industria del papel y la textil producen gran cantidad de aguas residuales que podrían contaminar los ríos y mares.

Más aún, las bolsas de papel y tela no son fáciles de llevar. La utilidad es un importante elemento a la hora de cambiar las preferencias del consumidor, razón por la que los supermercados han reemplazado en gran medida a los pequeños comercios tradicionales.

Resulta difícil imaginar a los clientes saliendo de los supermercados o de las pequeñas tiendas con las manos llenas de comestibles, ni es realista esperar que la gente lleve encima su bolsa de papel o tela cada vez que sale de compras. Más áun, las bolsas de tela necesitan lavarse de vez en cuando, mientras las de papel no pueden ser usadas para llevar objetos pesados.

Según parece, la prohibición estatal contra las bolsas de plástico va más allá de intentar reducir su número, ya que en realidad promueve la conservación de los recursos, el estilo de vida natural y la protección del medio ambiente.

Es cierto que todos deseamos vivir en un entorno saludable. No obstante, también es necesario enfatizar que el desarrollo económico, el bienestar social y la protección medioambiental están entrelazados de una manera compleja.

La mayor parte de nuestra producción y consumo, como la fabricación de papel y automóbiles, tiene influencia en el medio ambiente.

La mayoría de la gente condena en términos éticos a los que contaminan, pero éstos no producen para destruir el medio ambiente sino para satisfacer la demanda de los consumidores. En cierto sentido, el entorno es un factor indispensable para el desarrollo económico.

Los consumidores deberían también darse cuenta –cuando exigen a las industrias que produzcan ciertos bienes necesarios– de que la contaminación resulta inevitable, aunque la escala varía.

Un prestigioso economista afirmó que la tolerancia a la suciedad es una condición previa para enriquecerse. Es verdad. Cuando la economía alcanza un nivel de desarrollo relativamente alto, la gente se hace menos tolerante hacia los problemas medioambientales y están más dispuestos a pagar los costes para proteger el entorno.

Este proceso es lo que llamamos “contamina primero y ocúpate después”. Ciertamente, no resulta económico, pero las diversas experiencias de desarrollo económico en todo el mundo demuestran que es difícil, si no imposible, evitarlo.

La protección del medio está estrechamente relacionada con el desarrollo económico, y no podría ir por delante de este último.

Actualmente un buen número de países desarrollados ha impuesto restricciones a la producción y distribución de bolsas de plástico, pero pocos de ellos soportan las duras condiciones establecidas en China. ¿No se preocupan por el riesgo medioambiental que suponen las bolsas de plástico? No han prohibido las bolsas de plástico como hemos hecho aquí, porque han descubierto que las alternativas podrían resultar aún más costosas.

Se sabe que los consumidores chinos utilizan 3.000 millones de bolsas de plástico cada año, que necesitan 13.000 toneladas de crudo para su producción. Si este petróleo no se usara para la creación de bolsas de plástico, ¿en qué se emplearía? ¿Como combustible para automóbiles? ¿Resulta este cambio menos amenazador para el medio ambiente, o más aceptable en términos éticos? Mientras se utilice para satisfacer los intereses de los consumidores o el bienestar social, ese petróleo no se habrá malgastado.

Tratándose de una ley de ámbito nacional, la prohibición del uso de las bolsas de plástico debería aplicarse tanto en las metrópolis como en los pequeños pueblos. Sin embargo, la supervisión de su completo cumplimiento podría resultar dificultosa. Si los que incumplen la norma en las ciudades son penalizados y los que lo hacen en áreas remotas no lo son, ello socavaría la autoridad de la ley.

Reducir el uso de bolsas de plástico es, por supuesto, un paso favorable en la conservación del medio ambiente, pero debería llevarse a cabo con medidas adecuadas. Habría sido más útil para los consumidores que la prohibición se hubiera decretado después de haber facilitado alternativas a las bolsas de plástico y mejorado sustancialmente su reciclaje.

Hace aproximadamente dos décadas, se propuso que no se emplearan los palillos desechables para proteger los bosques, y fueron creadas diversas normas y regulaciones para apoyar la medida; no obstante, los palillos desechables se siguen encontrando en todas partes aún hoy en día. Esperemos a ver si la prohibición de las bolsas de plástico tiene mejor suerte.

El autor es director adjunto del Centro para los Estudios Financieros de la Universidad de Aeronáutica y Astronáutica de Beijing. (Pueblo en Línea)

19/06/2008

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