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El pasado jueves, la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma (NDRC), el organismo de control económico del país, anunció un aumento desde el 20 de junio en los precios de la gasolina y diesel de 1.000 yuanes (144’9 dólares) por tonelada, y del queroxeno para la aviación en 1.500 yuanes (217’4 dólares) por tonelada. Y desde el 1 de julio el precio de la electricidad también subirá 0’025 yuanes por kilovatio.
La inesperada subida del precio de la energía por la NDRC tiene consecuencias significativas en todos los integrantes del mercado. Aún más importante, sus efectos en la economía a corto plazo difieren sustancialmente de aquéllos a más largo término. La situación actual requiere por tanto un análisis detallado.
El precio de la energía está íntimamente relacionado con los precios de casi todos las materias primas, y por lo tanto constituye un elemento clave para la estabilidad económica. Un aumento en el precio de la energía determinará sin duda un crecimiento del Índice de Precios al Consumo (IPC), y probablemente reforzará las expectativas de inflación.
Sin embargo, el hecho de que el precio de la energía esté sujeto a las leyes del mercado y no a la intervención administrativa contribuye a aliviar la escasez de suministro respecto a la demanda, y mejora la eficacia de las políticas macroeconómicas. Por ello, este aumento de precios será beneficioso contemplado a largo plazo.
Después de que fuera anunciado este aumento del precio de la energía, los departamentos de dedesarrollo de algunos prestigiosos bancos de inversión predijeron un crecimiento del IPC para la segunda mitad de 2008 de hasta 0’4 puntos percentuales, llevando el IPC anual por encima del 7%.
Comparado con el 4’8% de crecimiento del IPC esperado por los responsables políticos para este año, este posible cambio en los indicadores de la inflación intensificará la presión a favor de una planificación política. También aumentará en el mercado la sensación de que la economía se va a ver amenazada por la inflación.
No obstante, todas estas conclusiones negativas resultan válidas sólo a breve término. Un plan de precios para los productos de petróleo refinado determinado por el mercado es la tendencia inevitable a largo plazo. El control de los precios tendrá siempre consecuencias más devastadoras para la estabilidad económica que devolver al mercado la capacidad de fijar los precios de las materias primas.
Según las teorías económicas, una de las piedras angulares es respetar el papel de los precios en el mercado, porque se trata del elemento más sensible y eficaz a la hora de equilibrar demanda y oferta. Su alteración podría favorecer o eliminar la demanda, lo que a su vez mejoraría o perturbaría la estructura del mercado.
Frente a un instrumento natural para equilibrar el mercado, cualquier política de control macroeconómico podría tener problemas a la hora de escoger los medios y decidir hasta qué punto utilizarlos. Y el resultado es, con frecuencia, que la economía evoluciona en dirección opuesta a la de los objetivos de planificación.
En el caso específico del precio de la energía en China, no es posible evitar el aumento de precios en el mercado nacional, aunque debería escogerse con prudencia el momento para efectuarlo.
Cuando la administración impone un techo al precio de los productos de petróleo refinado, uno de sus objetivos es intentar evitar que las industrias consumidoras de energía corten su demanda y reduzcan el suministro de mercancías al consumo; no obstante, cuando ese techo es más bajo de lo razonable, acaba abatiendo la oferta.
Presionados por la carga financiera derivada de los bajos precios, las refinerías petrolíferas detienen su producción o bien limitan su rendimiento. La oferta reducida tiene el mismo efecto en el aumento de la demanda que elevar los precios.
No resulta extraño que los conductores tengan que ir a varias gasolineras para conseguir suficiente suministro, ya que éstas racionan para cada conductor sus limitadas existencias. Algunos de estos conductores incluso dejan su coche por la dificultad de encontrar carburante. No es difícil imaginar los problemas a los que se enfrenta la industria cuando los pequeños consumidores de energía –como los propios automobilistas– sienten la presión de la escasez energética.
Sin embargo, un bajo coste de la energía, gracias al control de los precios, estimula a las industrias de uso intensivo. En cierto sentido, el subsidio administrativo concedido a las refinerías petrolíferas para mantener sus bajos precios se ha convertido en un incentivo para los productores que emplean la energía de modo intensivo.
Después de que el precio de los productos agrícolas redujera su crecimiento, el precio de los productos energéticos en el mercado global se ha convertido en el factor inflacionario más importante en China, debido a la gran dependencia del país de las importaciones de crudo.
El hecho de que las autoridades chinas intenten que sea el mercado el que fije los precios de los productos energéticos tiene también una significación global: los futuros de crudo negociados en la Bolsa Mercantil de Nueva York cayeron más de 4 dólares por barril tras el anuncio del aumento del precio del petróleo en China. Podría ser una pista de los beneficios que puede acarrear a largo plazo para el equilibrio del mercado energético global.
El aumento del precio del petróleo podría causar presiones o problemas inmediatos, pero el respeto a las leyes de la economía de mercado contribuirá sin lugar a dudas a un crecimiento económico firme en el futuro. (Pueblo en Línea)
27/06/2008
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