Actualizado a las 2008:08:04.13:25

Comentario: organizar unos buenos Juegos es algo más que patriotismo

Cuando Kim Collins consiguió su asombrosa victoria en los 100 metros lisos en los Campeonatos Mundiales de Atletismo, el 25 de agosto de 2003, mucha gente no sabía lo que significaba la abreviación SCN de su país.

Collins, originario de la isla caribeña de San Cristóbal y Nieves, afirmó que su victoria era “la cosa más grande” desde que su pequeño país –con una población de menos de 40.000 personas– obtuvo su independencia en 1983.

“No tienes que venir de una gran nación, de un país rico o de una familia adinerada”, dijo. Probablemente el mundo entero estaba buscando San Kitts y Nevis en el mapa cuando se supo lo que había conseguido.

Dejar en buen lugar a la patria es aparentemente un estímulo importante para todos los atletas, en los Campeonatos Mundiales o en las Olimpiadas, y el espíritu deportivo se ha revelado como una parte esencial de su identidad nacional.

Como dijo el primer ministro australiano Kevin Rudd, “cuando el mundo mira a Australia, gran parte de la imagen que se forman de nuestro país depende de lo que nuestros deportistas han logrado en el campo del deporte, incluyendo los deportes olímpicos, durante ese siglo”.

Cuando el héroe tanzano del maratón John Stephen Akhwari arrastró su pierna herida hasta la meta para acabar en último lugar, con 4 horas y 30 minutos, en el maratón de los Juegos de México de 1968, recibió un caluroso aplauso y una gran ovación.

“Mi país no me envió a Ciudad de México a comenzar la carrera; me enviaron para acabarla”, dijo Akhwari, entoces con 30 años.

A pesar de terminar último, Akhwari se convirtió en una de las figuras más memorables de la historia de las Olimpiadas, y fue proclamado héroe nacional de su país en 1983.

El orgullo nacional está arraigado en cada atleta y en cada prueba. A lo largo de estos años el mundo ha sido testigo de cómo los fans japoneses rugían apoyando a su equipo nacional de volleyball, o de cómo los italianos lloraban la derrota de su equipo de fútbol en suelo patrio.

Sin embargo, lo que más nos impresionó fue ver a los jóvenes norteamericanos ondeando banderitas con barras y estrellas y animando a su equipo hasta el final en Dallas durante el Mundial de 1994.

Cuando se les preguntó porqué estaban animando si el equipo de EE.UU. no competía ese día, respondieron que estaban “vitoreando a su país”.


ACOGIENDO AL MUNDO

La llama olímpica encendió al parecer el amor de los chinos por su patria, y una multitud tomó las calles tras los intentos más allá de las fronteras de estorbar e incluso sabotear el relevo de la antorcha olímpica a comienzos de este año.

Combatiendo de un modo elocuente los prejuicios y las acusaciones injustas, los chinos han expresado abiertamente su amor por la patria, salvaguardando el orgullo nacional.

Mientras tanto, Beijing, como sede de los inminentes Juegos Olímpicos, ha seguido estrictamente las normas internacionales a la hora de prepararse para la gran celebración deportiva, realizando un fuerzo suplementario para crear el mejor ambiente posible durante los Juegos.

China ha promovido en los últimos siete años la educación olímpica entre sus 400 millones de jóvenes, con el objetivo de mejorar la conciencia ciudadana acerca de los Juegos y salvar las diferencias entre Oriente y Occidente.

Las Olimpiadas han impulsado una campaña de aprendizaje del inglés en toda la ciudad de Beijing, en la que los empleados de las tiendas, los taxistas, los policías e incluso los pensionistas han consultado ávidamente los manuales y se han engarzado en conversaciones básicas.

Beijing también ha enviado a los Juegos el mayor equipo de voluntarios, incluidos estudiantes, oficinistas, pensionistas y gentes de todas las extracciones.

El público chino, en particular, ha demostrado un inmenso enusiasmo, y se ha involucrado fuertemente en la preparación de los Juegos, ahora que su sueño centenario de acoger unas Olimpiadas se ha hecho por fin realidad.

Si su disposición para acoger al mundo, junto a su amor por la patria, son interpretados como “nacionalismo frenético”, tememos que semejante juicio se base en una mentalidad de miras muy estrechas.

¿Se acuerdan de la inauguración de los Juegos de Invierno de 2002 en Salt Lake City? Se exhibió una harapienta bandera norteamericana recogida entre las ruinas humeantes del World Trade Center, y el presidente George W. Bush declaró inaugurados los Juegos en nombre de una “nación orgullosa, resuelta y agradecida”.

Ése era el mensaje de los EE.UU. al mundo: los norteamericanos amaban a su país, ensombrecido todavía por la tragedia del 11 de septiembre, y el mundo debería permanecer unido para promover los ideales comunes y la esperanza de paz.


TOMÁNDOSE LOS JUEGOS CON CALMA

Durante los años previos a la inauguración de los Juegos, Beijing ha estado tratando de frenar el comportamiento entusiasta y las expectativas doradas de los ciudadanos ante uno de los mayores acontecimientos internacionales.

“Los aficionados chinos deberían aprender a respetar a los atletas y espectadores extranjeros”, afirmó Deng Yaping, ex-campeona mundial de tenis de mesa y actualmente implicada en la organización de los Juegos de Beijing.

“Resulta comprensible que los fans locales adoren a nuestros atletas y esperen que los equipos chinos ganen, pero como anfitriones debemos tener cuidado con los sentimientos nacionales y tratar de ser amables con todos los atletas”, añadió.

Después de todo, para organizar unos Juegos exitosos hace falta algo más que patriotismo. Es importante mostrar el debido respeto hacia todos los atletas que están honrando el espíritu olímpico, ya sean estrellas rutilantes como Phelps o atletas perseverantes tipo Akhwari.

Así que los chinos, como anfitriones olímpicos, deberían optar por una actitud relajada y mostrar su cortesía hacia todo el mundo. Tales cualidades, combinadas con la justa dosis de patriotismo, nos dejarán un legado aún más importante que el oro. (Pueblo en Línea)

04/08/2008

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