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El mercado financiero de Argentina experimentó el día 8 un “viernes negro”, pues tanto el mercado bursátil como el crediticio cayeron en grandes márgenes y el índice de riesgo nacional llegó al más alto nivel de los últimos tres años.
El día 8, el índice Melba en la Bolsa de Buenos Aires cayó en un 2,16% y cerró en 1.776,66 puntos, el nivel más bajo desde octubre de 2006. Al mismo tiempo, los bonos en peso argentino fueron vendidos en gran cantidad y los precios de los principales bonos cayeron de 3,7% a 6%. El índice de riesgo nacional calculado por el banco JP Morgan se elevó en 43 puntos para llegar a 727 puntos, el nivel más alto desde la reestructuración de deudas de Argentina en 2005.
Las estadísticas muestran que en lo que va del año, el índice Melba y los precios de los bonos soberanos cayeron ambos en unos 20%, en tanto que el ínidce de riesgo nacional se elevó en 70%.
La violenta sacudida del mercado financiero condujo a preocupaciones del gobierno argentino. El Ministerio de Economía dijo el mismo día en una declaración que la macroeconomía sigue manteniendo su tendencia de crecimiento sano, que el gobierno sigue manteniendo el superávit del comercio exterior y superávit fiscal y que aunque el ritmo de crecimiento económico en julio se redujo en algo, podría haber alcanzado a unos 6%. Con respecto al problema de las deudas, el gobierno argentino subrayó que la proporción de las deudas en el producto bruto interno del país es más o menos el nivel de Brasil y otros países y que este año el gobierno no se propone continuar emitiendo bonos y el volumen de bonos para el próximo año no excederá de lo esperado en el mercado.
Sin embargo, a criterio de Alberto Ramos, analista de la corporación Goldman Sachs, la violenta sacudida del mercado financiero argentino en el último período es resultado de la superposición de numerosos factores desfavorables, y las preocupaciones de los inversionistas no son superfluas.
A juzgar por los datos económicos del primer semestre de este año, la economía argentina mantuvo la tendencia de alto crecimiento y alta inflación, la hacienda pública y el comercio exterior mantuvieron superávits, por lo que el gobierno aún es capaz de controlar los precios de bienes públicos a través de subsidios fiscales y evitar el empeoramiento de la inflación. Pero en las últimas semanas, las grandes caídas de los precios de crudo en el mercado internacional promovieron la brusca caída de los precios de otras mercancías principales, de modo que los precios de soya y maíz bajaron continuamente, lo que ha afectado gravemente a la exportación de productos agrícolas de Argentina.
La exportación de productos agrícolas representa más de la mitad de los ingresos de exportación de Argentina. Si los precios de los productos agrícolas en el mercado internacional siguen deslizándose cuesta abajo, es muy probable que las exportaciones argentinas pasen del actual superávit a déficit. En junio pasado, el comercio exterior de Argentina registró un pequeño superávit; si no fuera por las grandes alzas de los precios de los productos agrícolas en el mercado internacional en comparación con el mismo lapso del año pasado, habría sido muy posible la aparición de déficit raramente visto en los últimos años.
Cuando el superávit del comercio exterior de Argentina se convierta en déficit, la situación financiera gubernamental se volverá tensa, el peso enfrentará la presión de una continua devaluación y la capacidad gubernamental de intervenir en la tasa de cambio se reducirá en gran medida.
Ahora no se sabe a ciencia cierta si el “mercado bull” para las mercancías en grande termina aquí o recuperará su tendencia de ascenso tras un reajuste técnico, pero las últimas caídas ya han dejado a los inversionistas y economistas plenamente conscientes del riesgo económico que enfrenta Argentina.
A criterio del economista Cristian Ríos, la economía argentina enfrenta actualmente un riesgo de múltiple efecto dominó. Existe tanto el efecto dominó causado por la conmoción del mercado financiero internacional como el efecto dominó provocado por el empeoramiento del comercio exterior debido al factor precio de las principales mercancías. Si se muestra simultáneamente el efecto dominó en diversos terrenos, será difícil que la economía resista a las múltiples presiones pesadas, de modo que aumentará grandemente el peligro de una conmoción financiera en gran escala.
Lo más preocupante para los inversionistas es que actualmente hace cada vez más alto el costo para que Argentina recaude fondo en el mercado internacional. En el próximo año, para pagar capital e interés de las deudas vencidas, el gobierno argentino se verá obligado a aumentar el volumen de su financiamiento en el mercado internacional. No obstante, si los inversionistas pierden confianza en los bonos emitidos por el gobierno argentino conduciendo a una crisis crediticia en este país sudamericano, será horrible imaginar las consecuencias.
Al mismo tiempo, economistas locales critican el actual modelo de crecimiento económico de Argentina; sostienen que la política de dar excesivos subsidios no sólo aumenta la presión financiera para el gobierno, sino que conduce al torcimiento de los precios de numerosos productos violando la ley fundamental de la economía de mercado, lo que constituye el quid de numerosos problemas económicos de Argentina.
Sin embargo, la presidenta argentina, Cristina Fernández, subrayó en repetidas ocasiones en sus últimas declaraciones que no cambiará la política económica fundamental del gobierno. Los economistas están preocupados porque si el gobierno no reajusta por propia iniciativa su política y se ve obligado a hacerlo cuando no pueda seguir esa política, aumentará el riesgo de una recesión económica y crisis financiera. (Pueblo en Línea)
11/08/2008
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