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Pasada la noche jubilosa en el “Nido de Pájaro”, Beijing llegó a un nuevo día, y también puede decirse que China llegó a una nueva época.
Para China, la Olimpiada no es, desde luego, sólo una oportunidad para exhibir su fuerza, sino, en mayor grado, un nuevo hito para la conexión de un gran país emergente con el mundo exterior. A través de esta Olimpiada, el mundo ha conocido más a China y ésta ha conocido más al mundo.
Al organizar una Olimpiada exitosa, China ha cumplido su compromiso ante el mundo. Y después de la Olimpiada, una nación que nunca ha sido tan animada y vigorosa en la historia y el efecto de cuya marca global nunca ha sido tan sonoro, asumirá necesariamente más alta esperanza y demanda de la comunidad internacional. Después de la Olimpiada, China necesita mostrar un progreso más rápido y disponerse a continuar su marcha.
La nueva marcha después de la Olimpiada significa ante todo que China debe hacer mejor sus propias cosas. Llevarse bien con el exterior necesita llevarse bien ante todo dentro del país; mantenerse en armonía con el exterior necesita hacerlo ante todo dentro del país. Un país poderoso debe ser necesariamente un país cuyos ciudadanos son generalmente acomodados. En los últimos 30 años, los cambios en China han sido titánicos y, sin embargo, precisamente debido a la alta velocidad de los cambios, la elevación de la calidad de todo el pueblo y toda la sociedad es inferior aún a la velocidad del desarrollo económico y, para reducir esta distancia, hay que mejorar ulteriormente la estructura social y mantener un sostenible desarrollo económico; a todo esto el gobierno chino da gran importancia y se esfuerza incansablemente por su materialización. Un país poderoso es necesariamente un país de unidad de todo el pueblo; el carácter “和(he)” ofrecido artísticamente por miles de personas en la ceremonia de inauguración de la Olimpiada debe manifestarse en amabilidad, concordia, armonía y entendimiento. Hay razón para que después de la Olimpiada aparezca una oportunidad para un gran entendimiento.
La nueva marcha después de la Olimpiada también exige a China absolver más civilización mundial o tenerla como referencia. Es sabido de todos que el significado de índice producto de los Juegos Olímpicos contemporáneos se vuelve cada vez más poderoso, pues no sólo representa la fuerza dura del país auspiciador, sino que, en mayor medida, exhibe la fuerza blanda del mismo. El compromiso que ha hecho China ante el mundo al postular para la organización de la Olimpiada, incluye no sólo la organización exitosa de un grandioso encuentro deportivo mundial, sino también para con la civilización universal y los valores culturales. Todo el mundo espera esto y debe tener confianza en China. La historia contemporánea demuestra que el papel promotor desempeñado por la organización de una Olimpiada para un país emergente es general y en todos los aspectos, de modo que después de la Olimpiada, China se volverá más abierta. Precisamente como predice Jacques Rogge, presidente del Comité Olímpico Internacional: La Olimpiada traerá necesariamente camios positivos a China.
Tenemos toda la razón para creer que después de la Olimpiada, China entrará en una nueva órbita de desarrollo, lo que no sólo es una esperanza del mundo exterior, sino también una aspiración del propio pueblo chino. Promover ulteriormente el desarrollo civilizado de la patria a través de la Olimpiada es un sueño común de los chinos en todo el mundo, y requiere los esfuerzos mancomunados de todos ellos. En fin de cuentas, China es del pueblo chino y cada persona tiene su responsabilidad por condensar la fuerza nacional y elevar la imagen del país.
Den por favor un voto de confianza en la China del futuro y la China sonriente. (Pueblo en Línea) 26/08/2008
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