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El 4 de agosto, la Agencia de Informaciones Deportivas de Alemania destituyó a su reportero deportivo Dieter Hennig, lo que llamó agención general de los medios de comunicación alemanes, la gran mayoría de los cuales consideran que la causa de la destitución de Dieter Hennig es que desde hace largo tiempo es “obviamente pro-China”.
¿Es cierto que Dieter Hennig es “obviamente pro-China”? Su ex empleador y patrón de la Agencia de Informaciones Deportivas de Alemania, Kramer, ya dio en realidad una respuesta clara. Kramer dijo que su agencia ha venido dedicándose a “informaciones limpias” y que “la agencia tiene que mantener en sus informaciones una distancia con Beijien, no podrá limitarse a un ángulo puramente deportivo, ni podrá caerse en una trampa de ovaciones”; lo que dice entre líneas es que las informaciones de Dieter Hennig sobre China no son “limpias”, pues no incluye en ellas condimentos extraños a los deportes; en otras palabras, al cubrir las actividades deportivas de China, Dieter Hennig no debe ser muy “limpio” en ciertas ocasiones, sino que debe ser un poco “sucio”. Esto es obviamente un criterio doble en la cobertura periodística.
En realidad, ya a comienzos del incidente de destitución de Dieter Hennig, algunos medios de comunicación pusieron en tela de juicio la libertad de prensa en boca de la Agencia de Informaciones Deportivas de Alemania y el punto de vista esencial de ellos es que si hay plena libertad de prensa, aún cuando las informaciones de Dieter Hennig sean “obviamente pro-China”, no será nada importante y, aún más, las informaciones de Dieter Hennig son bien fundamentadas, “limpias y puras”.
Sabemos que nunca ha habido libertad absoluta en el mundo y que la supuesta libertad de prensa no puede librarse del carácter relativo; a ojos de ciertos medios de comunicación occidentales, la relatividad de la libertad de prensa se manifiesta destacadamente en su cobertura del mundo oriental, sobre todo, del dragón gigante de China en rápido surgimiento, bajo lentes de color. Ellos aplican su principio de relatividad de la libertad de prensa sobre China, no por las enormes diferencias en los fondos culturales oriental y occidental, sino, en gran medid, porque gracias a los 30 años de reforma y apertura, la China de hoy ha dejado hace tiempo de ser la de ayer, de modo que el mundo occidental, acostumbrado en más de un siglo a mirar desde lo alto al oriente, comienza a sentirse incómodo y no acostumbrado, pues ellos no pueden aceptar que un gran país emergente esté en el mismo plano que ellos y desempeñe un papel mayor en la arena internacional.
Precisamente debido a este fuerte y latente sentido de superioridad, algunos medios de comunicación occidentales han pasado a engañarse a sí mismos y engañar a los demás. Por un lado, ellos no quieren aceptar el hecho consumado creyendo que si lo aceptaran, se sentirían humillados; por el otro, ellos no tienen buena gana de permitir que sus pueblos conozcan este hecho creyendo que cuando la gente del pueblo vea la China real, Alemania dejará de ser Alemania y la civilización occidental dejará de ser civilización occidental y, en fin de cuentas, su mentalidad de desconfianza en sí mismos causada por su excesiva autoconfianza está causándoles trastornos.
La autoconfianza y desconfianza del mundo occidental en sí mismo representada por algunos medios de comunicación occidentales se manifiesta en muchos aspectos, el más representativo de los cuales es que el surgimiento de China amenaza la superioridad de valores existente desde hace centenares de años; en la estructura global construida por los países occidentales, ninguno de éstos quiere ver de buena gana el brusco surgimiento de otro tipo de valores y sus éxitos que llaman atención del mundo; los grandes éxitos logrados por China en la Olimpiada de Beijing gracias a su sistema nacional constituyen un vivo ejemplo. Algunos medios de comunicación occidentales no quieren que la gente del pueblo de sus propios países conozca la China real precisamente porque ellos consideran el elemento chino compatible y heterogéneo y su nuevo modelo de desarrollo nacional como grandes calamidades y, entonces, tratan en vano de dar a la gran fuerza de los valores chinos con la puerta en las narices; sin embargo, esto revela precisamente el miedo que sienten en su fuero interno. (Pueblo en Línea) 29/08/2008
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