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El primer ministro japonés, Yasuo Fukuda, declaró su dimisión en una rueda de prensa celebrada el lunes, lo que parecía un poco sorprendente para muchas personas. Según afirman los medios locales, la caída de popularidad y las múltiples dificultades de ejercer la autoridad le han obligado a abandonar el cargo como jefe del gobierno.
Como admitió el propio líder japonés, su gabinete ha tropiezado con una situación muy desfavorable desde que asumió el poder. Ya en julio de 2007, el Partido Liberal Demócrata (PLD) sufrió una grave derrota en las elecciones del Senado, perdiendo la mayoría de los escaños del partido gobernante en la Cámara Alta del Parlamento. Como consecuencia de ello, el entonces primer ministro Shinzo Abe se vió obligado a dimitir en septiembre pasado. Su sucesor Fukuda tampoco logró cambiar la situación cuando el Partido Demócrata, el mayor de oposición, rechazó la propuesta del nuevo jefe del gobierno de ejercer el poder conjuntamente, y comenzó a colaborar con otros partidos fuera del poder para librar una lucha general contra el partido gobernante. Esto condujo a paralizar la mayoría de las iniciativas del gobierno, tales como el proyecto de prórroga de las medidas especiales antiterroristas y el de la nominación de candidatos a la presidencia del Banco del Japón.
El descontento de las masas populares con la política debido a los incidentes sorpresibvos tal como la colisión de un destructor de misiles japonés con un barco pesquero, los problemas de bienestar social como el registro de la pensión de jubilación, y los problemas económicos como la tasa impositiva provicional de gasolina y el alza de los precios de petróleo y alimentos, ha agravado la caída de la popularidad del gabinete de Fukuda, que ha bajado del 50 % a principios de su gobierno a menos del 20 % en mayo de 2007, y desde entonces ha venido rondando los veinte puntos porcentuales. Ni la organización de la Cumbre de Líderes de G8 en julio ni el moldeamiento de la mayor parte de su gobierno en agosto ha ayudado a Fukuda a mejorar la popularidad.
Sin el apoyo mayoritario de las masas populares, el gobierno de Fukuda no podía resistir la presión de la oposición en el parlamento y hacía preocupantes sus perspectivas en las próximas elecciones de la Cámara Alta del Parlamento. Algunos funcionarios del partido gobernante afirmaron que el gobierno de Fukuda no podría ganar las elecciones. En consideración de las próximas elecciones, el Komeito, aliado del PLD, no intentaba recurrir a la mayoría de dos terceras partes de la coalición para aprobar de manera forzada la ley de las medidas especiales antiterroristas en el Parlamento, ni provocar contradicciones con el PLD en su convocatoria. Anteriormente, Fukuda había declarado continuar el suministro de fuel por parte de la Armada japonesa en el Oceano Indico. Esto dependía de la aprobación de la mencionada ley. El PLD tiene que contar con la colaboración del Komeito para controlar la mayoría de dos terceras partes en el Senado. Fukuda abandonó finalmente su deseo de continuar el ejercicio del poder debido a que la mayor oposición, el Partido Demócrata, está firmemente decidido a reemplar el PLD para asumir el poder.
Fukuda dijo que optaba por la dimisión ya que todavía quedaba un periodo de tiempo para la convocatoria del parlamento y no dejar vacío político alguno. Anteriormente, el entonces premier japonés declaró convocar el parlamento provisional el 12 de septiembre. Antes de la fecha, quedará suficiente tiempo para la elección del nuevo líder del PLD y los tramites de la toma del poder por parte del nuevo premier. El que la transmisión del poder se realice en el intervalo de las sesiones parlamentarias evitaría los problemas que la dimisión podría causar. Fukuda creía además que con el remoldeamiento de la mayor parte de su gobierno en agosto y la presentación de las propuestas económicas el 29 de agosto había sentado una base para la futura labor gubernamental, lo que constituye otra causa de su dimisión.
Los medios japoneses no se han mostrado optimistas sobre las perspectivas de la situación política tras la dimisión de Fukuda, ya que no se puede cambiar la ventaja mayoritaria de la oposición en el Senado. El nuevo gabinete se enfrentará a una situación difícil similar a la de su antecesor. La dimisión de Fukuda, la segunda siguiente a la de Shinzo Abe, aumentará el descontento popular con el PLD. La oposición ha calificado la súbita dimisión de Fukuda de ser “irresponsable”, y por su parte, algunos miembros del mismo PLD también creen que la dimisión es incomprensible y constituye un golpe contundente para el PLD. (Pueblo en Línea) 02/09/2008
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