Europa debe ser consciente de la línea roja de la diplomacia china |
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El presidente francés Nicolas Sarkozy ha aprovechado el problema del Tibet para desafiar a China, lo que ha despertado enérgico descontento del pueblo chino. Debido a que Sarkozy se reunió obstinadamente con el Dalai Lama, la parte china se vió obligada a postergar la cumbre China-Europa.
La justa acción diplomática que ha tomado China para salvaguardar su dignidad nacional ha dado origen a un alboroto de Europa, especialmente una “sorpresa” de un grupo de personalidades francesas que han acusado a China de hacer una reacción “dura” e incluso “hegemónica”.
Sarkozy da verguenza a Napoleón
Parece que Sarkozy y compañía han olvidado su propia historia al provocar a China. Cuando los EE.UU. intentaba impedir a Francia bajo la dirección de De Gaulle a investigar y fabricar armas nucleares para debilitar el derecho de autodecisión de la defensa francesa, el entonces líder francés afirmó que los EE.UU. deseaba hacer de Francia un infante de los aliados, y tomó la decisión de la retirada de su país de la OTAN como la respuesta a los EE.UU. La entonces Francia era el país occidental que sufría la más grave humillación por parte de la hegemonía, razón por la que este país del campo occidental comprendía de la mejor manera el sentimiento del pueblo chino de salvaguardar la independencia nacional y no someterse a la presión occidental. En 1964, cuando China estaba a punto de ser un país nuclear en medio del alboroto de oposición occidental, De Gaulle llevó la delantera para romper el bloqueo diplomático occidental contra China y establecer las relaciones diplomáticas con ella.
El actual líder francés parece haber olvidado esa historia. En momentos en que todavía existe la presión de EE.UU. sobre Francia, Sarkozy ha comenzado a provocar los intereses nacionales esenciales de China y a armar junto con algunos medios europeos un alboroto irrazonable contra la justa repercusión china. Esto ha demostrado que la actual Francia y Europa aún se encuentran con su sueño asiático de los siglos XVIII y XIX..
Los políticos históricos franceses con éxitos tales como Napleón y De Gaulle abrigaban modestía y respeto hacia China. Sin embargo, los que se estiman infalibles ante China no son maduros en lo político, y Sarkozy es uno de ellos. Su reunión con el Dalai Lama ha demostrado que no solo no conoce a China sino tampoco conoce a Francia. Al desafiar a China, ha pasado por alto los intereses franceses de largo alcance, y no es consciente de ellos.
Napoleón era consciente de que Europa se retiraría de Asia tarde o temprano y que el resurgimiento de Asia ayudaba a Francia a aliviar la presión proveniente de Gran Bretaña. Napoleón vendió el estado de Louisiana a EE.UU. para crear a un adversario marítimo capaz de infligir una derrota a Gran Bretaña. Por su parte, De Gaulle desatendió la prohibición occidental para estrechar la mano a China con el fin de aliviar la presión estadounidense sobre Francia. Los dos líderes franceses eran conscientes de que el resurgimiento de China promovía el multilateralismo del mundo, que favorecía a Francia.
El poderío estratégico occidental está en decadencia integral
La conducta de Sarkozy ha reflejado la decadencia integral del poderío estratégico occidental ya que la cualidad política de los líderes occidentales y su capacidad integral de gestionar los asuntos globales han bajado. La capacidad de gestionar los asuntos mundiales constituye un aspecto importante del poderío estratégico de un estado, que incluye la cultura estratégica, la facultad estratégica de pensar y la gestión estratégica. Actualmente la política estatal occidental ha comenzado a declinar como un juego de niños desde que George W. Bush asumió al poder. Los líderes elegidos mediante los comicios cuentan con una capacidad de actuación por encima de su competencia real. Esto muestra que bajo el rótulo de la “democracia” la cultura estratégica occidental va perdiendo el concepto sobre la crisis estatal en cierto grado. El incidente 11-S ha despertado este concepto más o menos, pero el grupo de cerebros compuesto en su mayoría por letrados ingenuos y carentes de experiencias prácticas está acostumbrado a dar instrucciones arbitrarias e inpracticables y su pensamiento estratégico no es sino una teoría infundada.
China ha hecho lo que debe en respuesta a la acción antichina de Sarkozy, en vez de dar una reacción “dura” como han comentado intencionadamente algunas personas. La unificación nacional es un problema de principios y la línea de fondo político que ningún país con dignidad permite tocar.
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