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El presidente destituido de Honduras Zelaya llamó el 14 en Guatemala al pueblo hondureño a derrocar al Gobierno Provisional afirmando que es el derecho conferido al pueblo por la Constitución hondureña. Sin embargo, como el Gobierno Provisional ha adoptado una táctica que combina el rigor con la mano suave, así como existe una presión de EEUU y de otros países, el espacio de maniobra de Zelaya está disminuyéndose, y sus posbilidades de retorno al país se han agotado por completo.
El Gobierno Provisional aplica la táctica que combina el rigor con la mano suave.
Desde Nicaragua, Zelaya lanzó el 13 un “ultimátum” al Gobierno Provional exigiendo que este Gobierno, fundado después del golpe de Estado, asegure su retorno al país para asumir lo más pronto posible su función. En caso contrario, se retirará del diólogo de mediación para adoptar “otras medidas”. Pero la Unión Cívica Democrática de Honduras contestó en sus comentarios que el “ultimátum” de Zelaya no representa una amenaza sustancial para el Gobierno Provisional.
Desde que fuera expulsado por las fuerzas armadas el 28 de junio, Zelaya recorre distintos países americanos para recabar apoyos de diversos sectores. Pero lo que ha conseguido no es más que la solidaridad de la opinión internacional y el apoyo de un sector popular en el interior del país. Ha encontrado la oposición del Parlamento, Tribunal Supremo, Fiscalía Suprema, fuerzas militares y el Partido gobernante al que está afiliado.
El Gobierno Provisional dirigido por Micheletti ha adoptado una táctica de respuesta que combina mano suave en el exterior y actitud dura en el interior. En su propaganda para el exterior, el Gobierno Provisional declara su legitimidad, envía delegaciones al exterior para entrar en contactos con las organizaciones internacionales manifestando su disposición al diálogo. Excepto de manifestar su acuerdo para adelantar las elecciones generales, el Gobierno Provisional asume una actitud positiva sobre la “posbilidad de amnestía especial para Zelaya si vuelve al país para someterse al juicio”, actitud que supone plena cooperación. En su política interior, el Gobierno Provisional manifiesta su “mano dura”. Desde el 28 de junio hasta el 12 de julio mantiene un toque de queda durante hasta medio mes. Destituye a funcionarios importantes del Gobierno de Zelaya. Detiene a seguidores de peso político de Zelaya. Y dispersa con fuerzas militar y policíaca a las manifestaciones realizadas por los partidarios de Zelaya.
Gracias a esta doble táctica, la opinión internacional comienza a dividirse. Jorge Castañeda, ex canciller de México, manifestó el 14 ante los medios que es correcto que los diversos países, incluido México, condenan el golpe de Estdo de Hondura, pero en la presente etapa deben reflexionar las causas y los efectos del mismo, analizando los errores de las dos partes. Con anterioridad, Canadá y algunos otros países, además de condenar el golpe de Estado, señalaron que Zelaya no puede desmarcarse de la responsabilidad por forzar el referéndum para revisar la Constitución. En el interior, como resultado de la mano dura del Gobierno Provisional y el anhelo ardiente de las masas para restaurar el orden público, los medios señalan que la magnitud de las manifestaciones se ha reducido de decenas de miles de participantes al comienzo del Golpe de Estado a unos centenares. Bajo la presión de los familiares de estudiantes y de las instituciones educativas, una parte de profesores, que suspenden su labor desde el Golpe de Estado, han regresado a sus puestos de trabajo. (Pueblo en línea) 16/07/2009
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